jueves, 15 de octubre de 2020

Las insalvables contradicciones históricas

(Rescatando a Sullana)

Los sullaneros vivimos aturdidos y zarandeados por personajes que dicen conocer la historia al dedillo, y no hay forma de sacarles la vuelta o voltearles el pastel. Cada uno de ellos se escuda en cartelones enormes, señalando: “No acercarse los mediocres, somos los únicos que hemos bebido Historia”. Enorme es su desfachatez, y reducidas sus capacidades deductivas. La historia de la conquista está muy manoseada. Para peor, no hay contrastes y, por ello mismo, las cosas están contadas a medias. Unos dirán: ¿Y la Hermenéutica? Pero, ¿de qué nos sirve la Hermenéutica si el devenir histórico está roto y la conciencia histórica dividida? Y esto se evidencia en la ligereza con que se estudia e interpreta la conquista. Así, constatamos que muchos historiadores sacan pecho y brillo, pavoneándose por sus lecturas de las crónicas de la conquista, en su mayoría escritas con mala intención, distorsionando y opacando miserablemente la etnia Tallán -resalto el término etnia y no indígena o in dio, por respeto a los antepasados-, precisamente por carecer de escritura. Desventajas o hándicap histórico. Suertudos los conquistadores.

Podría extenderme, páginas sobre páginas, tratando de descubrir el camino que nos conduzca a crear mesas de concertación, empujando sutilmente hacia ellas a los historiadores reacios y desconfiados para que, en un arranque espontáneo de sinceramiento, lleguen a una especie de armisticio y nos den, de una vez por todas, la satisfacción de verlos unidos en una corriente cívica y de mea culpa histórica, nunca antes vista y -de relancina- soltarnos unas palabritas o escritos de alivio, que no les cuesta nada. La historia de Sullana no comenzó ayer ni anteayer, ni la semana pasada ni en el milenio, sino que rebasa el tiempo. Tan cierto es esto, que ya estamos concientizados para levantarnos en masa contra quienes traten de detener, deliberadamente, su crecimiento armonioso y natural. Digo natural porque el tergiversar el pasado es un grave pecado, es como hipotecar el futuro, a espaldas de un pueblo inocente. La inteligencia, muchas veces, es utilizada como herramienta de maldades. Cuidémonos de eso.

¿Cómo podríamos catalogar o calificar a ese personaje que busca desbocadamente asegurarse que una calle del pueblo lleve el nombre de un conquistador que -afirma- que fue el primer alcalde de Tangarará? Qué generoso el voluntarioso hombre para regalar calles que no son suyas. Sin embargo, ese ataque de generosidad súbita, ¿por qué no la encamina para que una de ellas lleve el nombre Lupú -de la etnia Tallán-, que fue alcalde cuando en Sullana se declaró la independencia? ¿Acaso porque era Tallán no se merece honores y aplausos? Recalquemos con orgullo: así lo dispuso la Providencia, que Sullana fuese una reducción indígena y, aunque esta gracia divina les carcoma a los piuranos -no a todos, porque en ese pueblo tengo muy buenos amigos, inteligentes y generosos- y, otro tanto, a los historiadores, esto nos permitió criarnos en libertad y desarrollarnos sin ataduras. Los atavismos, a veces, son un peligroso lastre para el desarrollo. Por eso, no me cansaré de repetir hasta que mi voz se apague: ¡Gracias Dios mío, tu magnificencia ha permitido que Sullana sea una ciudad inclusiva, digna, abierta y eterna!

 Sospecho que, por ese lado, viene las avalanchas y aprovechamientos: al ver a Sullana abierta y sincera, nuestros vecinos piuranos, al vernos debiluchos -según su percepción-, se aprovechan para endilgarnos sumas de sumas de historietas, cada una más tirada de los pelos que la otra. No tardarán, de eso estoy seguro, en jugar con las latitudes y afirmar que Tangarará no estuvo en el rio Chira sino en el rio Piura. Pero lo que ya linda con las alucinaciones extremas es aquella en que uno de estos personajes insinúa que Sullana debiera separarle una calle, y no una calle común o un insignificante callejón, sino una amplia avenida de punta a punta. Mi pregunta va, entonces: este personaje, ¿por qué no se lo pidió, siendo piurano, a los piuranos? ¿O es que no tiene los suficientes merecimientos para pedirlo; o es que, al tenerlos, no lo hace por timidez; o, ¿es que los piuranos mal intencionados le dan la espalda? ¡Qué dilema para este hombre que, de tanto andar peregrinando y tocando puertas sordas, lo puedan tomar como un pedigüeño! Esperemos que las peticiones de este señor no tengan eco y sus correlatos, que deben abundar en nuestro pueblo, no se empecinen y nos obliguen a cargar despiadadamente sus gracias y benevolencias. ¡Señores, Sullana es de todos y de nadie en particular! ¡Tengamos sumo cuidado de aquellos correlatos que andan en la búsqueda de glorias falsas¡

No crean que soy un hombre reacio a la Historia ni que ando peleándome con los historiado- res, ni que estamos a cuerdas separadas, ni -mucho menos- en posición de pelea. No y ¡no! Lo que buscó es la sobriedad que deben de tener al momento de analizar la conquista, en cuanto a lo que nosotros nos toca como región, en la que, por primera vez, chocó el mundo occidental de larga data -con escritura- y un mundo totalmente desconocido, no registrado en un Atlas de esa época, sin escritura. Es bueno recordar que, desgraciadamente, por estos lugares, al menos en la nación Tallanca, no había nada escrito. Pero no por eso era una sociedad incomunicada o salvaje: tenía sus propios mecanismos de equilibrio y códigos de conducta. O sea que no es una afrenta ni insulto reconocer que antes de la conquista, acá, en el Perú, no había escritura. Fantaseemos, es un buen ejercicio fantasear: si acá, en el continente americano, hubiese habido una biblioteca como la de Alejandría, en la que se hubiesen reunido -antes de la conquista- tomos o volúmenes escritos de historias de las civilizaciones antiguas, los cronistas, tan veleidosos y distorsionadores de las verdades, no hubiesen tenido cabida. Entonces, quizá, la historia tendría otro sentido. Finalmente, sobre esto no voy a transigir ni retroceder un milímetro. Seguiré en mi trece: terco y firme como un tronco, defendiendo los fueros de una verdad histórica. Unidos busquemos la grandeza de Sullana.  

Eduardo Borrero Vargas. Derechos reservados.

Escrito publicado en la edición Nº 59, febrero 2012, en la revista El Tallán Informa

VOLVER A ÍNDICE

¡La Capullana del Chira todo lo sabe!

Una mujer llamada 
“Capullana del Chira”

Podría iniciar este artículo a modo de fábula o cuento, donde la imaginación libre transite por los escenarios de una imaginación rayana a los extremismos fantásticos. Algo así como convivir en una supuesta obra teatral en la que, a cada uno de los personajes, sin motivo aparente, se le dota de una piedra invisible para tirarla a mansalva a los demás, con el solo ánimo de destruir o de callar al que está enfrente. En este tipo de obra nada es entendible: toda en ella es un absurdo en el que ni siquiera importa el final, ya que carece de argumento y los actores no tienen un papel determinado. Todo es válido en ella. La verdad se convierte en infierno; y la mentira, en paraíso.

El solo hecho de crear para el hombre es de por sí un acto de sacrificio, muchos por crear han muerto en las hogueras. Esto lo vivimos en carne propia y lo palpamos a diario con el monumento a La Capullana. Tarde o temprano caerán sobre ella dantescas sombras sin rostro de élites autollamadas intelectuales. O saldrán, iracundas, en hileras y con velas mortecinas, a morderla ferozmente, como si en cada mordiscón se aliviaran al descargar sus frustraciones. O, tal vez en un descuido, saldrán con sus picos y lampas a destruirla con el pretexto que son los únicos defensores de la estética y que ellos, poseedores del arte, la levantarían a su imagen y semejanza. Gracias a Dios que la mayoría de los sullaneros no razonamos de esa forma. Somos seres privilegiados, equilibrados y creativos. Felizmente, las diferencias saltan a la vista.

Cuando se inauguró La Torre Eiffel, el año 1,889, un grupúsculo de intelectuales salió a protestar por esa monstruosidad de fierro. A La pobre torre casi se la traen abajo, y - por un pelo - el desdichado Eiffel casi termina con sus huesos en la cárcel. Ahora, la torre goza de buena salud, es el símbolo de la grandeza de Francia, y el transgresor Eiffel quedó registrado en la historia como un gran revolucionario de la construcción metálica y estética. ¿En qué terminaron los detractores? Suponemos que, por sus intransigencias, avergonzados y sin ánimos de seguir en el juego de la vida.

Sullana también ha sido testigo de grandes metidas de pata. El 17 de noviembre del año 1,926, el alcalde de entonces, Jacinto Vargas Ladines -mi abuelo materno- invitó al señor Enrique López Albújar a participar en el homenaje que el Concejo Provincial de Sullana le ofreciera a don Miguel Checa y Checa, en el que se le declaraba como benefactor del pueblo de Sullana. En ese día histórico, el señor López Albújar dio lectura a su discurso, en cuya parte final dice: “y cuando, al correr de los tiempos, los evocadores de nuestra historia regional vean surgir por el histórico valle de Tangarará, primero el séquito de nuestros caciques indolentes y a nuestras hombrunas Capullanas; después, el épico desfile del conquistador audaz…” (Pag. 19 revista NORTE Número 3 de octubre 1957- José Vicente Rázuri, don LATA). Metidas de patas y de las grandotas. Imaginémonos a La Capullana hombruna, tal como la vislumbra el señor López Albújar. La lluvia de críticas no se hubiese hecho esperar, reclamarían desesperados: oiga, un momentito, ¿nuestra Capullana no era hermosa? Y ahora que es hermosa, pareciera que tanta belleza les incomodara: ¿no le parece que es demasiado sensual? ¿Cómo entender al género humano?

Lo que no entienden, y creo que nunca lo entenderán, sobre todo aquellos que la quisieron encasillar en el pasado -atornillada en una huaca rodeada de frisos ajenos, como si La Capullana del Chira fuera un ente alejado de los quehaceres de su comunidad-, es que el mensaje que se ha querido dar con ese bello monumento es la imagen de una mujer libre, armoniosamente integrada a su entorno: manejadora de su destino, asertiva en sus decisiones, con actitud de mando y mente positiva, lo que es posible en las mujeres nacidas en el norte. Ya es tiempo que desterremos para siempre las representaciones pasivas y llorosas de esa mujer luchadora con atuendos negros, como si vivieran un luto infinito. Por favor, que lo detractores asolapados, con piedras invisibles a la mano, salgan a la luz, den la cara por su propia salud; de lo contrario, terminarán germinando odio, y el que germina odio se atraganta hasta asfixiarse. Vivir en medio de estas tormentas es envejecer el espíritu; y el espíritu, por su esencia, debe ser jovial y abierto a la renovación. No seamos rumiantes regurgitando la eternidad del odio sin sentido.

Ruego encarecidamente dejar tranquila a la bella Capullana del Chira, dejémosle su espacio vital para que se desarrolle. Asumamos que ella es ajena a las habladurías. Por lo tanto, démosle la oportunidad de vivir nuevamente en lo que antes fue su universo. De muy lejos la hemos rescatado, de la noche del tiempo, afirmaría. Ha mis oídos han llegado rumores extraños de gente veraz. Dicen que la Capullana, a las doce de la noche de todos los jueves de todas las semanas, baja de su pedestal con su perro viringo. La han visto caminando por la loma de Mambré, bajando al río a reunirse con sus mayores, a cantar canciones enternecedoras, a reír, a cuchichear y a bailar en corro cuando la luna está llena. Otros aseguran que ella ya sabe quiénes la quieren destruir. Entonces, quedan avisadas aquellas personas que fungen de aves de mal agüero, vaticinadoras de cataclismos monumentales: La Capullana del Chira es más que un simple monumento. Es una alegoría a la pujanza, inteligencia y libertad de la mujer que supo llevar sobre sus hombres los destinos de una comunidad.

Aquel que se le ocurra ponerle una mano encima a La Capullana del Chira recibirá el desprecio y se hundirá en el abismo de la historia hasta borrarse de la faz de la tierra. No olvidemos que las mujeres norteñas tienen sus formas y detalles para castigar a los que las ofenden.

¡La Capullana del Chira todo lo sabe!

Eduardo Borrero Vargas. Derechos reservados.

Escrito publicado en la edición Nº 57, enero 2012, en la revista El Tallán Informa

VOLVER A ÍNDICE

La Peruvian y las trece peañas del fogonero Smith

 Eran las doce del día lunes doce de abril del año 1899. El comisario de Sullana, Capitán Eulogio Peche Pereche, se dirigía a la fonda El Parlamento Dorado que estaba a cuadra y media del puesto de la gendarmería. Cruzó la plaza de armas y ganó la bocacalle de los Tres Suspiros. Desde ese punto, solo cincuentaicuatro zancadas lo separaban de su objetivo. Avanzó a pasos firmes, aprendidos en la escuela de gendarmería. Aún le resonaban en las orejas los gritos destemplados del instructor: ¡a un buen oficial se le reconoce de lejos por su porte marcial! Métodos infalibles, para engrosar el ego y ganarse el respeto de los ciudadanos. Sin esta actitud, ¿cómo diablos manejar a la comunidad? Con estos pensamientos alcanzó la puerta de la fonda y al fondo divisó la mesa donde diariamente a las 12:30 pm de cada día, satisfacía sus hambrunas. Cerró los ojos, y en una fracción de segundo vio reflejado el rostro de su mujer tal como la había visto un día antes del desgraciado accidente en que perdiera la vida, destrozada por las ruedas chirrionas de un tranvía alocado por la calle de La Encarnación en Lima, cuando él estaba destacado en el cuartel de Monserrate cerca a la estación del ferrocarril. Veinte años habían pasado desde esa fecha infausta. Ahora con cuarentaicinco años, se veía en un espejo adosado a la pared, algo incómodo, como si él mismo se hubiera descubierto en una actitud sospechosa. Una voz del fondo de la cocina lo sacó de su ensimismamiento:

-  Buenas tardes, Capitán Eulogio. ¿Desea servirse? El almuerzo está listo.

- No, aún no, mozo Treviño. Esperaré unos minutos al alcalde. Tenemos temas importantes que tratar. Por lo pronto, ¿podría servirme una soda helada? - le encargó amigablemente el Capitán.

El mozo Treviño ya debe frisar los veinticinco años. Cuando yo llegué a Sullana él era un joven inexperto de no más de catorce años. Restando y sumando - calculó sin apresuramientos – ya han pasado once años. Once años sin respiro en este lugar, sofocado por el calor y los zancudos, pero no tan malo ni tan bueno que se diga. No había necesitado casarse, no porque le hayan faltado partidos sino por el pavor a enviudar nuevamente. Muchas veces la soledad lo empujaba a buscar resuellos aliviadores; y María Remedios, era una de ellas. Vivía en la calle de Las Cadenas aunque últimamente no la visitaba porque se le había puesto quisquillosa con eso del matrimonio. A menudo con sus amigotes, enrumbaba por las afueras del pueblo a explorar en los salones de la Sedana o de las Mariquitas, experimentadas querendonas de la calle Del Ferrocarril que con licor, bailes y pianola alegraban sus espíritus alicaídos. Su vida no era tan rutinaria. Los delitos urbanos y rurales, como él los había clasificado, lo despercudían de vez en cuando de su apatía diaria. Eso le permitió vivir holgado ya que la cantidad de ahijados, comadres y compadres, que él iba sumando sin limitaciones en sus visitas al interior de la provincia, lo abastecía de animales gordos, frutas frescas, granos, vestimentas, polainas y monturas que lucía gallardamente en las fiestas patrias. Carcelén, su ayudante, se esmeraba en abrillantarlas todas las tardes. Instintivamente bloqueó su mente y vio al alcalde Jacinto Vargas acercándose rápidamente:    

- Buenas tardes, señor alcalde - se apoyó sobre la mesa y con un ademán cortés le señaló la silla - Tome asiento.

- Gracias. Disculpe el retraso. Los deberes de la alcaldía son primero. ¿Cómo van las labores policiales?

- Al momento, con altibajos. Figúrese que mis oidores andan entre las sorderas y las somnolencias. No sé qué les pasa. En fin, las comadritas y los ahijados suplen esas deficiencias. Oiga, Vargas, ¿por qué la gente deja todo para los días lunes? 

- ¡Vaya pregunta insólita! Verá usted, a eso se le llama dejadez humana.  

- ¿Y qué es lo que propone, amigo Vargas?

- Bueno, a la ciudadanía hay que persuadirla de que todos los días de la semana son lunes. Y eso se logra con programas educativos o con letreros colocados en lugares estratégicos. Quizá no alcancemos la gloria, pero bastaría que una parte de la población tome conciencia que la eficiencia reditúa; y eso, ya sería un triunfo.

- Ayudemos, amigo Vargas, sin involucrarnos. Tomemos esa dirección. Las imposiciones son peligrosas. Para mi parecer, los días lunes los creó el diablo.

Miró el reloj y el puntero implacable marcaba la 1:30 de la tarde, había transcurrido una hora desde que comenzaron a almorzar. Cerró una vez más los ojos y recordó el día viernes 12 de febrero pasado en el que le habían alertado, en el salón de la Sedana, sobre la misteriosa desaparición del fogonero de los trenes de la Peruvian Corporation. Hijo del mecánico Smith, súbdito de la corona inglesa, con una moza de Viviate. En trece pedazos lo descuartizaron, murmuraba la gente, pero el Capitán Peche Pereche no se tragaba esa habladuría ya que al momento no le habían mostrado un solo trozo del occiso. Lo paradójico de esta situación es que mientras la Peruvian Corporatión reportaba un desaparecido, la imaginación desbordante de los lugareños lo daba por muerto e insinuaban olores fétidos de carne humana en trece lugares del pueblo. Situación complicada, ya que en la justicia prima lo del cuerpo del delito. Y sin cuerpo presente, ¿a quién acusar? - analizaba mentalmente el Capitán Eulogio. Se sentía arrinconado porque hasta los reportes, que leía puntualmente a la siete de la mañana de cada día en su arreglado y limpio despacho, los trece gendarmes enviados a dar fe de estos hechos afirmaban que los olores no eran de carne humana sino de flores olorosas provenientes del jardín del señor Saavedra que tenía en el Alto de la Paloma, a cargo del jardinero español don Rosendo Peña, especialista en flores exóticas.   

- Capitán Eulogio, pueda ser que los lunes sean creación del diablo. Acepto… ¡Oiga! ¿Algo tiene? Lo percibo lejano.

- Disculpe, amigo Vargas, es que los asuntos sin resolver a uno lo mantienen distante y con la mente atiborrada de ideas descabelladas. Coincidimos con lo del diablo. Los lunes son fatales. Las cosas caerán por su propio peso.

Las cosas caen… ¿Cómo no se me ocurrió antes? - le puso énfasis a esta reflexión. Y regresó a mirar las manecillas del reloj, había pasado apenas un minuto. Miren pues – recapacitó - un minuto robado a Vargas y he transitado un universo. La mente humana no tiene límite de tiempo. Pero en la vida real, ¿Qué explicación medianamente razonable se les podría dar a los vecinos? Si cuando inspeccionamos los sitios denunciados, ya sea el gendarme de la calle de La Media Luna, como el de los enviados a la calle Real, la calle Del Comercio, la calle de Los Curas, la calle de Las Cadenas, la calle del Desagüe, La calle del Ferrocarril, la calle de Los Aguateros, del Alto de la paloma, de la Pampa de la gallina, de La loma de Mambré y de La Bocatoma dónde abrevan los burros y las cabras, reiteran: acentuado olor a flores.   

Antigua calle del Ferrocarril, hoy Av. José de Lama
- La perfección no existe, amigo Vargas

Quién sorprendido dejó de lado el vaso de agua y lo miró directamente a los ojos tratando de descubrir el porqué de esa respuesta salida de contexto, pero sin ánimos de crear una atmósfera densa entre ellos, atinó, no sin antes toser, a contestarle vagamente:

- Si en verdad, la perfección absoluta no existe.

- El crimen perfecto tampoco – replicó el Capitán.

- Se refiere a la misteriosa desaparición del fogonero Smith.

- Sí. Imagínese, los vecinos denunciando olores fétidos y los gendarmes reportando lo contrario. 

- ¿Y qué hay de los últimos rumores? Dicen que los miércoles y viernes, a las doce de la noche en punto, la tornamesa del patio de maniobras de la estación del tren gime trece veces, desgarrando el silencio de la noche, como si sus tripas de acero las lacerara el demonio. ¿Cuál es el manifiesto de los agentes, Capitán?

- Trece mugidos de toros bravos provenientes del corralón de la estación. ¿Cómo conciliar estas contradicciones? He revisado las crónicas policiales y no hay un solo caso que medianamente se acerque a lo que estamos viviendo. Si reporto a las jefaturas estas incongruencias, ¿cuál sería su lectura? ¡Estoy en un callejón sin salida! ¡Qué bochorno! ¿Existen los milagros, amigo Vargas?

Esta vez presintió que el reloj y sus manecillas le jugaban una mala pasada. Dudoso volteó a mirarlo y el maldito aparato permanecía estático. De pronto todo se le hizo confuso y sintió que una mano invisible lo tenía sujeto a la silla. El tiempo se había detenido. Perdió de vista al alcalde Vargas. Vio su cabeza flotando en el centro de la fonda y sus piernas tratando de escapar por la puerta, en dirección a la calle. Se había disgregado. Pasado un rato, otra mano lo sujetó del hombro y unas voces conocidas le despertaron de esa pesadilla. Ante la invasión de su espacio mental trató de recomponerse y enfrentó la realidad de la que él en un momento de debilidad había tratado de huir. Eran el diputado Cesar Antonio Leigh y don César Morales dueño de la fonda, juntándose a la mesa. Quienes después de saludar amablemente al alcalde y al Capitán, les manifestaron su preocupación sobre el crimen aún no resuelto.

- Justamente estamos en esas cavilaciones. No hay crimen perfecto. Pronto veremos el desenlace. Hay puntos que no concuerdan. Es como si el difunto se burlara de nosotros. Hay una especie de histeria colectiva. Me acaba de avisar mi auxiliar Bardellini que a los vecinos de La Calle Del Desagüe no los dejan dormir trece fantasmas que arrastran cadenas a las doce de la noche. Esta noticia es fresca y les aseguro que los trece gendarmes nombrados, para constatar esta incidencia, reportarán: falsa alarma. ¡Qué incongruencias, diputado Leigh!           

- Y a todo esto, ¿qué dice la familia del fogonero?

- Diputado Leigh, de qué familia habla si no la tiene.

- Pero, el amigo Morales, afirma lo contrario. - añadió el diputado Leigh.

- Sí, Capitán Eulogio, lo oí de la boca de mi comadre Encarnación. El inglés Smith dejó un hijo, antes de embarcarse en Paita rumbo a Valparaíso. Amigo Vargas, ¿por qué no lo averiguan en el pueblo de Viviate?

- La alcaldía nada tiene que ver en esto. Más bien, el Capitán nos puede confirmar si lo ha hecho o no. Además, amigo Morales y diputado Leigh, seamos sensatos, no podemos inmiscuirnos en las labores policiales.

- Trece veces, ida y vuelta, he enviado a la estación del pueblo de Viviate a trece agentes, uno por día para evitar acomodos en los informes. Trece agentes reportando, durante trece días, lo mismo: Madre niega hijo, afirma que no sabe lo que es parir. El gobernador corrobora que mujer perdió la razón por las trece purgaciones y las trece dosis de San Pedro a que la sometió el brujo llamado “mano santa”. Brujo no fue hallado para completar las pesquisas de ley. Trece, trece, trece y trece. Amigos, ¿no se dan cuenta que detrás de ese número fatídico hay una conjura?  

El alcalde Vargas, el diputado Leigh y don Cesar Morales se miraron entre sí. Carraspearon las gargantas fuertemente tratando de advertirle con ese sonido disonante su disconformidad a lo oído. ¿Qué nexo podría haber entre las conjuras y los muertos? El diputado Leigh se les adelantó:

- ¿Estamos jugando a los acertijos?

- Por supuesto, amigos. Alguien ha contratado un brujo. Y ese alguien tiene que ver con este juego – insistió el Capitán.

- El trece es el número de la muerte - añadió el alcalde Vargas.

- Y si el trece es el número de la muerte la solución habrá que buscarla en el cementerio – retrucó burlón el señor Morales.

¿Por qué no me han de creer, si las evidencias saltan a la vista? - reflexionó para sí el Capitán. Se reacomodó en el respaldar de la silla y saltó a su memoria la figura del administrador de la estación: alto, de rostro hierático, vestido de impecable lino blanco, escarpines y sombrero de fieltro oscuro, caminando solemnemente con su bastón de puño de plata por la calle Del Comercio en dirección al Banco del Perú y Londres. Durante años lo había visto a las 11.00 de la mañana, de lunes a sábado, en esos ajetreos. La asiduidad desmedida ya no es una cualidad, sino un defecto. Como buen sabueso, el Capitán Peche Pereche, había olfateado que debajo de esa cobertura algo olía mal. Siguió razonando - cada vez más centrado en los pequeños detalles - y de sopetón soltó lo que en ese preciso instante se le cruzó en la mente como un rayo de inteligencia:

- Y a todo esto, ¿alguna vez hemos conocido o visto a ese tan afamado fogonero Smith?

La pregunta a boca de jarro tomó desprevenido al alcalde Vargas, al diputado Leigh y al señor Morales. Los tres se miraron y no atinaron a dar una respuesta inmediata. Habían enmudecido ante tamaña verdad. Jamás lo habían conocido. Y como si hubiesen leído los pensamientos del Capitán saltaron como impulsados por un resorte.

- O sea que usted, Capitán, insinúa que no es más que un personaje ficticio creado por una mente torva. Entonces, a que nos enfrentamos, ¿a una mente desquiciada o a un desgraciado estafador? - sostuvo el señor Morales.

- Todo apunta al administrador, amigos. Lo he seguido disimuladamente en su peregrinar diario a la agencia del Banco del Perú y Londres.

- ¡Desfalco! Ya entiendo el llanto de la Peruvian pidiendo al gobierno le otorgue subsidios vitalicios, pretextando, que la operación de la empresa no es viable. Algún vivo les adulteró las planillas de ingresos y egresos - arguyó el alcalde Vargas.

- Hay argumentos de sobra para poner en orden a la Peruvian y que ellos asuman las consecuencias. Eso lo veremos en Lima. Pero acá, en el pueblo, ¿qué haremos mientras tanto? Para la población hay un muerto de por medio – acentuó el diputado Leigh.

Eran 5:45 de la tarde. De golpe sintieron un viento que casi los barrió de la mesa. Detrás del viento inusual apareció un desgreñado voceador de diarios anunciando: ¡La Voz del Chira! ¡Administrador de la Peruvian fuga a la Oceanía! ¡Trece marranos alados vuelan por la pampa de La Gallina!

- ¡Que Dios nos agarre confesados! - exclamó asombrado el señor Morales.

- ¡Carrington, el administrador está detrás de esto! - se sumó el alcalde Vargas.

- ¡No, es la Peruvian ocultando sus deficiencias! - acentuó el diputado Leigh.

- Sí y no. El administrador fugado es el gran incordiador…

Y otra vez el mismo voceador de diarios los interrumpió: ¡La voz del Chira! ¡Última edición extraordinaria! ¡Milagro! ¡Aparecen trece peañas en el camino a Querecotillo en memoria del fogonero Smith!                   

Cruzaron sus miradas, no hubo entre ellos más que una sola certeza, el administrador inglés les había ganado la partida. Los cuatro tendrían que cargar con ese muerto nunca muerto; mientras que el fogonero Smith quedaría grabado en el imaginario popular. De pronto sintieron la necesidad imperiosa de fijarse en el reloj, marcaba las 6.30 de la tarde, mientras a lo lejos la campana de la Iglesia tañía trece veces… 

Eduardo Borrero Vargas. DERECHOS RESERVADOS.-     

Nota.- Mi reconocimiento a Miguel Arturo Seminario Ojeda por su inmenso aporte a Sullana al redescubrir nombre de calles, lugares y rincones enriquecen nuestra identidad que sin estos datos no hubiese podido recrear algo que pudo haber sucedido en nuestro pueblo.

(Narración publicada en la revista El Tallán, edición Nº 50 - Sullana - Agosto del 2011)

miércoles, 14 de octubre de 2020

Carta abierta a los jóvenes escritores

Miembros del círculo literario "Pensamiento profano".
De Izq. a Der.: Fernando Adrianzén, Humberto Reyes,
Alan Pintado y Julio Salvador

                          Por: Eduardo Borrero Vargas

Me sorprendió la visita que me hizo, el jueves 24 de febrero en Sullana, Fernando Adrianzen Gonzáles. Integrante conspicuo del círculo literario “Pensamiento Profano”, círculo embrionario que agrupa a jóvenes poetas y narradores con una propuesta literaria atrevida y desafiante que dará que hablar antes que el gallo cante tres veces. Voluntad tienen y les sobran agallas para resistir los embates de muchos críticos que andan sueltos poniendo parámetros. Vivencias frescas permitirán que los jóvenes irrumpan en los lugares donde el quehacer literario a veces es amarrado por quienes no desean entender que esta ebullición es parte del desarrollo cultural de los pueblos. Aquellos que sostienen tercamente la tesis de la literatura regional en Piura, respóndales con la universalidad. La narrativa no está dirigida a una región, sino que debe estructurarse para ser leída en cualquier parte del mundo.

Por supuesto que esto me alegra sobremanera, pues estoy seguro que las aguas no se estancan, sino que buscan naturalmente sus cauces de salida. Eso es lo rescatable en estos jóvenes que avanzan derrumbando, palabra en ristre, dominios cerrados por los que ya se creen inamovibles asumiendo equivocadamente que son dueños eternos del parnaso. Trabajen en estéticas experimentales y arriesgadas, sin perder esa mezcla de técnicas donde se amalgaman la razón, la emoción y la fantasía. Háganlo con convicción y certeza, que los frutos de su esfuerzo se harán sentir, como la gota del agua horada la piedra. El oficio de escritor es solitario; enfrentarse, a solas, a una hoja en blanco, a veces empuja al llanto o al espanto. Pero la luz, de repente, viene en auxilio y nuestra capacidad de fabular da movimiento mágico a nuestras manos y ellas arrancan el verso o la prosa con palabras hilvanadas con hilos rítmicos; acuérdense que verso o prosa sin ritmo son como partituras condenadas al silencio. Entonces, el romper la inercia se hace primordial al enfrentarse consigo mismo. En pocas palabras, el escribir es llenar hojas vacías, en medio de una orfandad total en la que sólo se oye el pulsar del corazón.  

En la entrevista, que le hiciera Humberto Reyes Cayotopa a mi hermano Víctor Borrero Vargas, en antología literaria Cazadores Nocturnos en el año 2009, en la pregunta final sobre el boon de nuevas generaciones, él contesta: “Este nacimiento es una nueva corriente literaria en Piura. Hay jóvenes escritores, que se han propuesto esta tarea; es una cuestión generacional, lo que pasa es que la nueva generación irrumpe como un acto de sanación, haciendo que la generación anterior tiene que ser sometido a una profilaxis”. (Pag. 44) En esta apreciación coincidimos con mi hermano Víctor, el cual nos adelantó, no sin antes dejarles a las nuevas generaciones derroteros y señales positivas para su desenvolvimiento en estas tareas arduas y muchas veces incomprendidas.

Escribir es una Odisea, trampas hay de inicio a fin. Ustedes, jóvenes escritores, luchen como hizo Odiseo. El truco está en no dejarse atrapar en la tierra de los lotófagos, sitio donde se anestesiarán y sus neuronas dormirán un sueño plano. No cejen ni den un pie atrás, pues les aguardan miles de páginas por escribir. Sigan en la brega hasta lograr el espacio vital que tanto buscan. Vivir no es fácil, a nadie le han regalado nada, todo cuesta, y en el universo que ustedes giran hay personas que, en lugar de ofrecer ayuda, medran. Y esto lo hacen por sobrevivir y sobrevivir, de esa manera es un canto a la mediocridad. Cuidémonos de ser en un espejo de lo que ahora acontece. Nadie tiene el derecho de detener el desarrollo intelectual de los jóvenes.

Fernando Adrianzén Gonzáles, no sabes cuánto aprecio haber tenido un diálogo profundo, lleno de inquietudes y descubrimientos, donde los pocos minutos que estuvimos se convirtieron por arte de magia en horas, siglos o como si el tiempo se hubiera detenido en un ángulo del espacio. Esta reunión, no lo tomes como una indiscreción, me llevó a una reflexión: ¿por qué no dar a conocer este diálogo? Y, así, convertirlo en un mensaje alentador dirigido a los jóvenes para que sigan por el camino que han escogido.

Para finalizar, Fernando, gracias por abrirme las puertas a ese mundo maravilloso y sin fronteras de los jóvenes.

Ahora más que nunca me siento útil…

(Anotación publicada en la revista El Tallán, edición Nº 44 - Sullana - Abril del 2011)

VOLVER A ÍNDICE

En Sullana presentan libros de Eduardo Vargas Borrero

 “Alma del Norte”, “Bosques Secos I” y “Bosques Secos II”, un testimonio del valor de la literatura

Con una nutrida concurrencia, no lejana al centenar de personas, se presentaron los libros Alma del Norte, Bosques Secos I y Bosques Secos II, del escritor Eduardo Borrero Vargas, el viernes 18 de febrero del 2011.

La casona de Víctor Borrero Vargas, su hermano y compañero de travesía en el mundo de las letras, sirvió de escenario para esta jornada cultural que congregó no sólo a los familiares y amigos de dichos escritores, sino a poetas, narradores, pintores, intelectuales, periodistas y docentes, como un testimonio de fervor por el quehacer artístico y el sentido de la fraternidad.

Fungiendo como maestra de ceremonias la distinguida dama Carmen Cruz Delgado -directora del Museo de la Cultura de Sullana- la presentación de Alma del Norte estuvo a cargo de la poeta Carmen Arrese, mientras que el escritor Máximo Coronado -Premio Nacional de Educación HORACIO 2008- se ocupó de Bosques Secos I. Por su parte, el poeta Jorge Castillo Fan -fundador del mítico grupo Ángeles del Abismo- disertó en torno a Bosques Secos II, libro que, además, ha prologado.

En este acto, el profesor Hugo Ojeda participó con interpretación de piezas musicales, mientras que la poeta Bertha Núñez con un poema dedicado a Víctor Borrero Vargas.

En su intervención, el escritor Eduardo Borrero Vargas destacó las virtudes de los presentadores, así como la presencia y vigencia de la obra de su hermano Víctor. Además, ilustró generosamente acerca de los motivos y contenidos de los libros presentados.

Inevitable se tornó el desborde de las emociones en este reencuentro con una familia que representa un valioso aporte para las letras de nuestra tierra. Así, Rosita de Borrero agradeció -visiblemente emocionada- a la concurrencia, subrayando su mayor disposición para que su domicilio se constituya en el punto de convergencia de los amantes y cultores del Arte, luego que Jorge Castillo Fan otorgara alcances sobre la creación de la Biblioteca Víctor Borrero Vargas, en el marco del Centenario de la provincia de Sullana.

(Publicado en la revista “El Tallán” Año V - Nº 42 - Sullana, febrero del 2011)

VOLVER A ÍNDICE


viernes, 14 de agosto de 2020

Lo real de la irrealidad

 

Chivo maromero
- Cuántas veces hemos escuchado al escritor -intervino el Negro- que no hay un deslinde claro entre lo real y lo irreal. El pensamiento mágico, de nosotros los escritores, nace precisamente de esta línea invisible. Si bien estamos sujetos o amarrados -cual burros a sus estacas- al medio en que vivimos, tenemos la posibilidad de escaparnos hacia la irrealidad. Y esa irrealidad, aunque nos parezca una incongruencia, alimenta la imaginación que es la riqueza creadora del ser humano. Por los años cuarenta -contaba el escritor-  en plena Segunda Guerra Mundial, en el pueblo de Querecotillo sucedió un hecho que grafica exactamente lo planteado: “dicen que a este pueblo terroso llegó un circo cuyo actor principal era un chivo entrenado para sentarse, pararse, saltar la soga, bailar tonderos, revolcarse, saltar una vara de alto, balancearse en la cuerda floja y despedirse levantando sus patitas. Un lugareño conocido como “el sueña sustos”, conversando con otros paisanos en la plaza de Armas, les detalló con lujos su sueño: ayer he soñado que al pobre chivo le han echado ojo, se lo comerán hasta chuparle los tuétanos y el más bruto -que es el que cometerá el “chivicidio”- se tragará la cabeza para aprovechar la inteligencia de este inocente animal. Esto sucederá, a lo máximo, en dos días. Y sucedió que lo soñado se convirtió en un hecho real. Y aquí no acabó este hecho inaudito. Los pueblos de los alrededores enardecidos ante este acto de bajeza humana, sin que nadie los convocara, marcharon furibundos a tirarle piedras a ese soñador, vaticinador de anormalidades no bíblicas, ya que en la Biblia sólo se trata de ofrendas de corderos degollados, mas no de chivos cirqueros despanzurrados. Gracias al cura del pueblo, el “sueña sustos” huyó antes que la horda lo masacrara. Pero el pueblo quedó manchado para siempre con el horrible sobrenombre de “querecotillanos comen chivo maromero”. Esta marca de fuego no logran borrarla hasta ahora ni con aleluyas, ni misas olvidatorias, ni monumentos al victimado chivo maromero”. La realidad de la irrealidad muchas veces termina en verdaderas tragedias, en tragicomedias, cuentos fantásticos o grandes obras novelísticas. En esa cuerda invisible vamos y regresamos, balanceándonos aturdidos, entre lo real e irreal. Y todo esto ocurre increíblemente aquí en la cabeza, cráneo, tutuma, mente o como se les ocurra llamarla…       

- Sí Negro, te hemos escuchado perfectamente. La primera vez en que el escritor se desbocó con esa perorata tirada de los pelos -afirmó Carlos- fue en la cantina del “Bello Antonio”, en el verano del año mil novecientos sesenta y seis, celebrando el cumpleaños del amigo “japonés saco prestado”, quien vomitó encima de la mesa y César -que no aguanta pulgas- lo arrastró al meadero y, enseguida, lo embarcamos en un taxi pagadero a destino. Y el “Bello Antonio”, impecable y diligente, con escoba en mano, en un ¡triz! ¡traz! aseó el local con aserrín fresco y kreso, desinfectante poderoso ocultador de olores de orines y de vómitos  de borrachos incontinentes. Y seguimos garganteando como si fueran los últimos tragos de la vida, discutiendo acaloradamente con el escritor sobre lo real de las irrealidades y de nuestros problemas existenciales. ¿Y cómo podíamos comprender al provinciano, si en esos momentos Camus y Sartre nos tenían agarrados de los huevos?

- Qué manera miserable de perder el tiempo -dijo César- ¿Acaso una mujer o un hombre nacidos en el campo tienen crisis existenciales que los empujen a quitarse la vida de un balazo, como los europeos que andan en búsqueda de guerras para ganarle un kilómetro cuadrado al vecino? Esperando, pacientemente que un sujeto desconocido, detrás de una mira telescópica, le despachen al otro lado, liberándoles del yugo de su alma cobarde, de ese espantoso segundo que dura siglos a la hora de jalar el gatillo… ¡ufff! qué alivio: fue por mano ajena, valiente forma de morir…Por eso recalco que el principal problema del pobre de estas latitudes es la comida del día siguiente y no el de andar buscando pistoletazos. Para esto debe arar la tierra, sembrar semillas fecundas y cruzar los dedos para que los aguaceros milagrosos hagan su trabajo. Y eso, aunque sea contradictorio, les da vida y las mañanas impredecibles se tornan esperanzas.

 - Es lo que estaba de moda en la universidad, ¿se acuerdan? -sostuvo Carlos- ¡Vale la aclaración de César! ¿A qué campesino en la selva, sierra y costa se le ocurriría cuestionar su existencia, si para ellos el vivir es una cosa natural? Y la naturaleza, que se pierde en la noche de la creación de la tierra, se debe respetar. Esa es la concepción de la fuerza telúrica engendrada desde sus mismas raíces.

 - En pocas palabras -intervino el Negro- lo que el escritor trataba de decirnos es que el hombre que vive apegado a la tierra es esencialmente telúrico; su ayer, su hoy y su mañana están inmersos en esas profundidades. Para sobrevivir ellos comprenden que su existencia está unida a la tierra, su alma está adherida a la piedra y sus raíces llegan al mismo confín de la corteza terrestre. Desean vivir porque las leyes heredades de sus padres se deben obedecer del mismo modo que ellos obedecieron a sus mayores, y sus mayores a sus antecesores. Es la cadena natural que los une a su pasado. La vida es una ruleta, ¡miren señoras y señores, apuesten que la rueda gira y gira, ya no hay vuelta atrás, ya no pueden escapar da sus designios: ganarán o perderán! Nosotros caímos como idiotas en estas filosofías de individuos que nos vendieron sebo de culebra, nacidos en sociedades tan antiguas, llenas de vicios, frustraciones y logias arcanas deformantes. Estas gentes crearon esas corrientes confusas no sólo con el deseo de desbarrancarnos por el error sino también para entretenernos -a la mala- con el bendito existencialismo, apoyados por las izquierdas para embrutecernos con su “Ser y la nada,” al punto de darle más valor a la muerte que a la vida. ¿De qué vale que hayas nacido si la muerte y la “nada” la tienes a la vuelta de la esquina?

 - Y nos arrinconaron en la tierra, en el lodo, en los truenos, relámpagos, rayos, en la lluvia, en el viento y en la negrura de la noche - gesticulaba César. Y esa es la vergüenza de ese colorado intelectual de apellido balcanizado, quien me despreció cuando fui a preguntarle por los escritores del interior del país y me contestó qué no los leía porque eran una sarta de escritores plagados de errores. Cómo quisiera que ahora relea la porquería de sus poesías que escribía en su universidad y ojalá se ponga más colorado de lo que es. Detestan a los telúricos por una sencilla razón: por envidia. ¿Con qué cara pueden reclamar estos caballerangos los derechos telúricos de los provincianos, si nacen en edificios y enrejadas construcciones que los distancian del agua, del suelo, del aire y del fuego? Eso les lacera el ego, el no tener ese don natural que tienen los que huelen tierra seca o húmeda al nacer. Que ven y sienten en sus cuerpos a los ventarrones diabólicos convertirse en remolinos arrancadores de techos y árboles. O que los árboles añejos caminen de noche y conversen entre ellos. O que las luciérnagas guíen viajeros nocturnos perdidos por intrincados caminos. O los gritos desesperados de lechuzas anunciando la muerte de algún escogido para que encomiende su espíritu a todos los santos. O el ruido seco y solapado del reptar de las culebras que salen de sus cuevas amparadas por la oscuridad a buscar comida o aparearse. O a las quejumbrosas noches, alborotadas y agitadas, preguntándose: ¿por qué temen a las noches, si las noches son parte de la creación?

 - César, actualmente el “yo” de ese colorado contumaz y retorcido debe ser del tamaño de la catedral, pero no nos debe embargar las penas -siguió Carlos- y mucho menos nos desanimemos por estas minucias. Las ventajas de nuestras querencias a la tierra nos dan, con creces, lo que a ellos les falta: vivir en el justo medio de la vida y de la muerte, que por momentos -entre cánticos y aleluyas salidos de la profundidad de la tierra- nos hacen sentir inmortales. En cambio, ellos, esos ególatras supinos -como el colorado- son sordos, ciegos, embrutecidos minotauros galopando en ciudades pintadas de blanco, con calles intrincadas parecidas a los laberintos de Creta -sin salvación- porque no tendrán un Teseo a la medida que logre guiarles a la puerta de escape: morirán atropellados, amontonados unos sobre otros, asfixiados por la hediondez de sus propias carnes.

- El piso nos quedó grande. Pagamos caro nuestra candidez. Jugamos limpio. ¡Qué cojudos hemos sido, amén! - cortó el negro.

- No, Negro, amén es un aceptar. Y nosotros, si bien ya somos sesentones, tenemos la suficiente entereza para seguir luchando. Tú nos inyectaste ese convencimiento y a la hora de la hora, ¿nos quieres dejar a la deriva? ¡Qué desfachatez! - le recriminó Carlitos.

 - Renuente, hombre, renuente. Selvático obtuso -respondió hecho un energúmeno el Negro- Terminé con el amén, no en el sentido que tú le has dado, sino para acabar con las divagaciones y estudiar la forma que el escritor se deje llevar para su bien antes que la mazorca que nos une se quede sin granos, y eso sí que es el final. Si bien los lustros o las décadas se nos han escabullido por la delantera, por la trasera o por los flancos, uno lucha hasta el último resuello. Y ese noble principio no ha desaparecido de mi cabeza, ¡so pedazo de jumento! Seguiremos y no doblaremos las rodillas ante la nueva arremetida de la intelectualidad limeña. A estas alturas se han fortalecido con nuevas técnicas de escritura urbana, llenas de aeropuertos y personajes entremezclados -que tan prestos están en la China y la Cochinchina- amoríos europeos, hoteles de lujo y autoexiliados en Europa para escribir libres de influencias a pura memoria o a pura copia de atestados policiales de las zonas “rojas” o de emergencia, teniendo como compinches a sus “negros” que les hacen llegar sus materiales oportunamente a sus lujosos escritorios comprados en las ventas de segundilla de Madrid o Barcelona, para con ellos tentar generosos premios de las editoriales Zafaguaras o Plenetoides u otras muy dadas a gratificar a escritores de dudoso origen. ¿Qué escritor ganador de estos premios realmente ha muerto de a pocos o ha sentido que la vida se la va por la sangre a borbotones, por heridas de balas o de tajos de cuchillos filudos a mitad de pecho, tanto de grupos alzados como de las fuerzas del orden? La demencia vivida en el Perú no ha tenido límites. Los esquemas se quebraron porque este país está mal apuntalado; pero, ¿por qué la ansiedad de esos escritores de querer apropiarse de algo que ellos no han sufrido en carne propia? La respuesta es simple: al no tener pasado ni vivencias propias, en el manejo de las letras son campeones olímpicos, no tienen pierde en la esgrima de la lengua. Hay comentarios que retumban en nuestros oídos: varios de ellos se están camuflando sin descaro alguno. Unos, lucen demacrados y harapientos en las comunidades alto andinas; otros, han tirado al tacho sus zapatos de cabritilla italiana y los han sustituidos por ojotas marca Good Year; otros, andan apurados sacándose las muelas para imitar la patente desmueladera de los que no tienen que masticar, ni siquiera charqui mojado; otros, se pintarrajean el hocico con violeta de genciana para imitar ese color azul verdoso de los chacchadores de hojas de coca. La mañosería para ellos es un arte, son agilitos en sus mudas. No hay duda que la profesión de meter ojo, entresacar, robar frases claves, copiar y añadir capítulos a sus escritos la tienen bien afianzada. Recuerden cómo sacaron ventaja o se reacomodaron los intelectuales limeños en las crisis y en los cambios traumáticos que sufrió el Perú y el mundo. Les sobra olfato a estos tragadores de libros. Para mantenerse a flote en estos menesteres literarios se necesita un grueso mascarón. De este modo, estas vedetes de las letras trotan ligeros y muy orondos por el mundo con lo bolsillos repletos de historias, cuentos y novelas falsas, robadas o plagiadas, tituladas y anilladas para presentarlas en cualquier concurso del orbe. Se burlan de los escritores provincianos por lerdos, ya que ellos -aseguran- les llevan una punta de cinco a diez años entretejiendo manteles literarios a ojos cerrados: los erráticos provincianitos son una lacra, nunca comprenderán que somos nosotros los que enhebramos los hilos. 

- Ellos podrán ufanarse - intervino César- y reír a lo grande. En el fondo, es la envidia lo que les carcome el cerebro, pues los temas literarios se les están agotando.

 - No nos confundamos - replicó Carlos-  con las palabras superficiales de César, que esta gente tiene más vida que los gatos. Recordemos que las riendas las tienen soldadas a los huesos, no dejarán de manejar lo que para ellos es el ego exacerbado.

Eduardo Borrero Vargas

Lima, viernes 07 de enero 2011

Derechos reservados

VOLVER A ÍNDICE

El envés de Sullana (Leyenda tallán 1)

Aunque se desconoce al tallán que la narró y, además, el año o el siglo, es de creer que sucedió así porque sigue grabado en la memoria de los descendientes que aún atraviesan por esos arenales abrasadores…

Se cuenta en las sagradas leyendas tallanes que un día - que no se puede determinar porque en esos albores no había días ni semanas como los conocemos ahora, sino simplemente siglos que pasaban de largo encajándose naturalmente en la continuidad del quehacer humano- los tallanes convocaron a todos los animales de la comarca. A las aves les encomendaron buscar una lomada cerca a un río caudaloso, a la que debían demarcar defecando sobre ella. En ese preciso lugar, ellos levantarían más tarde sus moradas. Al resto de los animales les encomendaron que -una vez asentados en ese lugar- ocuparan bosques, valles, holladas, quebradas, cuchillas, cerrerías, ojos de agua, y se multiplicaran por los alrededores donde encontrarían sana y abundante comida. Así, pues, prosigue la leyenda: “seremos confrontados con gente del otro lado del mundo. De nuestra chicha de maíz alborotadora beberán los dos pueblos, nos mestizaremos pero prevalecerán nuestras costumbres. Y nuestras voces serán cantarinas y pausadas con precisos e inocentes ¡guas!, y los ojos siempre mirarán al envés porque de ese lado converge nuestra naturaleza”.   

He aquí que se cumplió la profecía pronunciada por ese tallán: después de muchos deslindes de “toponimólogos”, se concluyó que esa lomada llamada Sullana debería llamarse Sullana. Grata noticia porque nos dio derechos y una identidad muy peculiar ajena a otros pueblos: la de ver más allá del envés. Ciertamente -para dejarlo bien sentado- al nacer Sullana, el gentilicio “envés Sullanero” se hizo parte de nuestras herencias. Entonces, los sullaneros, gracias al envés, vemos las cosas de una forma distinta o particular. Esta peculiaridad nos encamina a ser fabuladores, cuenteros, noveleros, historiadores, chamanes, imagineros, moneros, poetas, músicos, cantores, pintores, compositores, maromeros; y, también, sujetos presas de temores, fantasmas y aparecidos. Vivimos atravesados por un río generoso, repleto de iras y de árboles, de arbustos y flores insondables. No hagamos coraje si nos llaman burros, caballos, mulos u otras expresiones alusivas a los animales: eso somos, animales, pero inteligentes y creativos. Ese es nuestro mundo lindando con la locura, pero libres como una cometa soltada al viento.

No nos molestemos si nos envidian por esa imaginación creadora, por esa inteligencia artística para trastocar la realidad desde la irrealidad. Es que nuestra naturaleza de “envés Sullanero” nos empuja a lugares que no están sujetos al tiempo, a la rigidez de la realidad, a la memoria traicionera. 

Y a estos sullaneros, se preguntará mucha gente ajena a nuestro universo… ¿de dónde diablos les viene el envés? Sencillamente, podemos responderles que vayan a la “nariz del diablo” un viernes santo de un año bisiesto a las doce de la noche en punto, ni un minuto más ni un minuto menos. Se arrodillen y peguen la oreja izquierda al suelo, y oirán a los ancianos tallanes cantando el envés de sus leyendas desde el trasfondo del universo

Eduardo Borrero Vargas

Lima, viernes 07 de enero 2011

Derechos reservados

VOLVER A ÍNDICE


domingo, 9 de agosto de 2020

Dilemas culinarios

Los nacidos en las soleadas tierras del norte somos muy dados a ocultar o suavizar las expresiones de nuestro hablar cotidiano. En verdad, yo no sé si lo hacemos por tontos o por pura vergüenza. El hecho es que -si las cosas siguen así- estas terminologías, tarde o temprano, desplazarán a los modismos y a los giros idiomáticos regionales que tanto nos caracteriza. Las cosas hay que decirlas directamente, si es que no tomamos conciencia de esta realidad, nuestro acerbo, ingenio y hablar tan peculiar se perderán irremediablemente.

Este fenómeno también sucede en el campo culinario, tan de moda y de afanes globalizadores. En él usamos frecuentemente este doble discurso. Uno, en las fondas populares o en las chicherías con su distintiva bandera blanca. El otro, usado en los restaurantes emergentes a un paso de insertarse -o ya insertados- en el circuito de la difusión de la comida peruana del norte. Llámesele aventura culinaria o ruta gastronómica Tallán.

Imaginemos que a un paisano sullanero se le antoje comer un buen plato de “mero pasado por agua caliente”. Y uno de los tantos parroquianos, que lo rodean le aconseje, con buenas intenciones, ir a tal huarique (5 tenedores y 1 estrella Michelin, siempre es bueno dejar suelta la imaginación) renombrado de la capital. En su inocencia, el provinciano irá muy orondo al lugar sugerido. Con toda naturalidad llamará al mozo disponible, le pedirá el plato del antojo y le recalcará, porque los norteños somos repetitivos: ¡Oiga, señor mozo, y no se olvide de la “zarza arrecha”! Entonces, las miradas de los demás comensales se volcarán a su mesa y sentirá todo el asombro –y hasta el desprecio y la vergüenza ajena- del mundo. Desconcertado, llamará al mozo y le preguntará con notoria preocupación: ¿he dicho algo impropio? El mozo le responderá educadamente: Señor, no pida “zarza arrecha” sino “zarza de cebolla”. En su tremenda confusión insistirá. Y el mozo le dará la clave casi susurrando: porque la palabra “arrecha” es juguetona. Este ejemplo, un poco tirado de los pelos, les esclarecerá un poco, el por qué de los norteños al andar ocultando o suavizando expresiones típicas de su tierra.

Efectivamente, en el norte, la palabra mencionada tiene varias acepciones: juguetón, brioso, excitante, valiente, colérico, frustrante, entre otras. Por tanto, ¿cuál es el temor de los norteños de emplear sus propios modismos para pedir un plato regional? Sencillamente por adefesieros, volantusos o tontos supinos. Porque acá, en un restaurante o cebichería limeña, a nadie le molestaría saber que nuestra famosa “zarza arrecha” o “cebolla arrecha” es uno de los acompañantes preferidos para el pescado, menestras y otros platillos deliciosos. Es zarza fuerte sí, pero no deja de ser un excelente complemento. Además de ser un buen digestivo y depurativo, estimula el apetito. La preparación es simple: se toma una cabeza de cebolla roja y se desflema con limón y sal. Los pormenores de la preparación la pueden conseguir sin mucho esfuerzo en el norte.

Lo que reclamo es que debemos de tener el valor para rescatar este plato de la ignominia a que lo han sometido. Hagamos que este plato no sea un plato (“ciudadano”, podría ser, tómenlo como una ocurrencia) de segunda clase, aunque esto último muchos lo tomen como una apología a la exageración.  

Cuando quiero sacudirme de alguna depresión, ya que los norteños somos dados a estos decaimientos o soponcios intempestivos, voy a una Trattoría italiana y pido -con voz de varón entrenado- un “fettuccini a la putanesca”. En verdad os digo, es para compensarme -por lo bajo- de mi defecto al andar pidiendo las cosas a media lengua: ocultando o suavizando lo que torpemente creemos que son palabras indebidas. Así que, de aquí en adelante, cuando me encuentre cara a cara con expertos en alta cocina, no lo pensaré dos veces y cumpliré con lo ofrecido líneas arriba. Y sin preámbulos, en un arranque de audacia y temeridad, les preguntaré de frente, mirándolos a los ojos:

- Oigan, señores “cordon bleu”, ¿y la “zarza arrecha”?-

 No les podría vaticinar cual sería la respuesta de los grandes expertos cocineros, pero tengan la confianza que no será con tenedores y cucharones en ristre, sino con aplausos como premio a la puesta en valor de platos estigmatizados.

Eduardo Borrero Vargas - Derechos Reservados
(Publicado en diciembre del 2010)

Sullana y su futuro

 Sullana el futuro es nuestro
la Universidad es un anhelo
que los salobres piuranos
no se atreverán a quitarnos.

 Predecir el futuro de Sullana es una tarea pesada e incierta. Si bien hoy contamos con herramientas y mecanismos para graficar o configurar el desarrollo de un pueblo a través de cifras o planes de desarrollo y hemos superado la barrera de las comunicaciones con la globalización gracias la nueva tecnología; aún pronosticar o predecir lo que será Sullana en un futuro es realmente un dilema.

Entonces, ¿Cómo saber cuál será el perfil de Sullana en el año 2020 o más allá? Eso depende totalmente de lo propios habitantes del pueblo; el tomar conciencia de sus derechos es básico e indispensable. Formar grupos de ciudadanos técnicamente preparados es prioritario y que ellos asuman la responsabilidad de vigilar que la educación de las nuevas generaciones sea comparable a la de los países desarrollados. Recordemos que la educación es sinónimo de libertad y de ese manantial es de donde emergerán dirigentes de sólidas bases éticas y morales. Con ello conseguiremos que Sullana mejore sustancialmente y alcance a ser una ciudad confortable, saludable y urbanísticamente habitable.

Esta dirigencia de gente libre y consolidada con objetivos claros y definidos, será la muralla donde rebotarán los que quieran detentar cargos sin estar lo suficientemente preparados. Una vez derrotados los aventureros políticos, los demagogos, los oportunistas, los enfermos de poder, los mentirosos y demás gente acomodaticia; Sullana, tendrá el camino despejado y recuperará su sitial perdido en la oscuridad por la desidia de las autoridades.

No crean que alcanzar lo que uno desea es fácil. Toda labor de esta índole cuesta trabajo y el trabajo que nos espera será complicado. No nos desalentemos, reforcemos nuestro espíritu de lucha con pilotes cimentados en el saber y el conocimiento. Y veremos que lentamente los oportunistas y aventureros irán desapareciendo de Sullana, en la medida que el pueblo cuente con instituciones eficaces y modernas. La educación, recalquemos, será la tabla de salvación de nuestro porvenir. Apuntemos en esa dirección.

Una vez encaminados en esa dirección, veremos el arco iris dibujado en el horizonte señalándonos que el rumbo es el correcto y que no lo debemos abandonar jamás. La educación una vez más habrá jugado a favor de los honestos y de los que en verdad quieren el progreso y desarrollo económico para las generaciones venideras. Sullana habrá de convertirse en modelo de desarrollo por la capacidad creativa de nuestra comunidad, sin ayuda del estado peruano: elefantiásico, indolente y depredador. Y levantaremos orgullosos pancartas con lemas, como:

¡SULLANA ERES GRANDE! ¡SULLANA ERES UN NORTE!

Desde luego, ya resuelta nuestra problemática principal que es la educación, nos atrevemos a bosquejar un dibujo, un perfil o una fotografía virtual de lo que sería Sullana en el tiempo. Nuestra percepción positiva del futuro estará más cercana a la realidad con escuelas de primer orden y una Universidad propia, con disciplinas en ciencia y tecnología, nos pondremos a la par de lo países desarrollados. De esa universidad emergerán profesionales calificados para desempeñarse en el Perú y porque no, en el mundo.

Eduardo Borrero Vargas - Derechos reservados
(Publicado en abril del 2010)