martes, 19 de enero de 2021

Dedicatoria a Jacinto Vargas Ladines

Un grano de arena es parte de una roca y una roca es parte de una montaña. Así, desde mi perspectiva ya lejana, veo al abuelo Jacinto Vargas Ladines como montaña gigantesca de miles de brazos peleándose por convertir a Sullana en un pueblo urbanísticamente habitable. La obsesión de Jacinto Vargas Ladines (de aquí en adelante lo llamaré así) era pelearle el protagonismo a Piura y lograr que Sullana sea la capital departamental. Desde niño escuche en las tertulias familiares ese afán: Si don Augusto B. Leguía no cae Sullana sería la capital de Piura. Lamentablemente los coletazos de la historia o efectos mariposa a veces no son favorables para el desarrollo de los pueblos.

Jacinto Vargas Ladines, un quinquenio (1925 al año 1930) estuvo al frente del Concejo Provincial de Sullana. Gracias a su acertada política tributaria ejecutó importantes obras públicas logró que Sullana ingrese a la modernidad: la Plaza de Armas y la calle San Martín fueron pavimentadas y las calles fueron señalizadas, nuevos contratos con la Empresa de Agua Potable y con la Empresa Eléctrica aseguraron por diez años más la regularidad de estos servicios. Estas tomas de decisiones acertadas permitieron, indudablemente, que Sullana fuera vista como un importante polo de desarrollo.

Su mentalidad empresarial forjada en la casa F. Hilbck & Cia., le permitió ver no solo a Sullana como un pueblo urbano aislado, en medio de un arenal, sino que su riqueza estaba en el valle del Chira. Es así, que la debacle de las lluvias torrenciales del año 1925, en que pueblos y caseríos y canales de regadío del valle del Chira quedaron destrozados, no lo desmoralizaron y con la ayuda del presidente Leguía en un quinquenio de duro trabajo y fiscalización logró levantar Sullana ante el asombro de todos. En su discurso pronunciado en el año 1926 ya sostenía lo siguiente: …"su progreso agrícola, que será en el futuro la superación del standard de vida de la población de Sullana".

Abuela,
María Antonieta 
Quevedo Saavedra 
17/01/1881  -  21/04/1935
En la vida de Jacinto Vargas Ladines hay hechos mágicos y uno de ellos es el de la música. Imaginémonos sentados en una de las bancas de la Plaza de Armas, en el año 1929, viendo maravillados a 40 muchachos uniformados y con instrumentos nuevos, interpretando exquisitas piezas musicales. Apoteósico, era la primera banda municipal infantil del departamento. El abuelo Jacinto Vargas Ladines (regreso al abuelo), el arte lo llevaba en la sangre y era su preocupación o felicidad que toda la familia toque piano o cualquier instrumento, cante, dibuje, o escriba. Nos orientó como todo un patriarca. Pero no nos atosigó ni nos encasilló, más bien nos dejó libres, de educación abierta y de visión futurista tal como él lo era.

Para finalizar este pequeño recordatorio, debo resaltar, que nosotros sus descendientes podemos regresar a nuestro querido pueblo y mirar a los sullaneros a los ojos y con la frente en alto. La honestidad no es una virtud es una obligación.

Eduardo Borrero Vargas
Lima, sábado 01 de octubre de 2011