viernes, 7 de agosto de 2020

Rescatando a Felipillo

“Felipillo lloras iras contenidas
 sufriendo siglos de mentiras
 de cristianos de las Iberias
 que ensuciaron tu memoria”.

Eduardo Borrero Vargas

 “Era un mal hombre Felipillo de Pohechos, liviano, inconstante, mentiroso, amigo de revueltas y sangre y mal cristiano, aunque bautizado”

Francisco López de Gómara (“Historia General de las Indias”)

Gracias a la hiperactividad o a la ansiedad de andar metido en la computadora, noche y dí
a, buscando libros viejos. Días atrás, descubrí en uno de los tantos vendedores calificados del ciber espacio el libro titulado “Felipillo”. Esta novela escrita por Luis Senen Codina y prologada por Luis Alberto Sánchez, se editó por primera edición en enero de 1974 y fue poco difundida. Empero, no se le puede restar méritos ya que el autor tiene el coraje de tomar como protagonista principal a este personaje denostado, mal interpretado o mal estudiado en la historia del Perú.

Todos los historiadores o casi todos, si es que por ahí hay alguna excepción,

coinciden en señalar a Felipillo de Pohechos como el culpable de la caída o el derrumbe del Imperio Incaico. Infelizmente, el nombre de Felipillo quedaría grabado en la historia del Perú como sinónimo de traición y entreguismo, pero, ¿Quién es este personaje cuya actividad traductora lo empuja a ser tratado de esta forma? Recordemos que Felipillo cuando fue capturado en una balsa navegando a Panamá ya era “lengua”. Era conocedor de varios dialectos de la zona y del quechua por su actividad de comerciante. Pero, ¿Cómo se iba a imaginar que su vida giraría en trescientos sesenta grados? El azar o la suerte, que desempeñan un papel decisivo en el ser humano, lo empujaron a un universo para él jamás imaginado o soñado. A partir de ese acontecimiento su vida sería otra, cada vez se alejaría del mundo en el que se había desenvuelto e iría sumergiéndose en otro totalmente desconocido y sin aparente explicación.

El episodio histórico de la conquista del nuevo mundo o choque brutal de dos mundos, uno en pleno desarrollo y el otro ya maduro con objetivos definidos de conquista (tierra y oro) y evangelización, so pretexto de dotar de gracias divinas a esos infieles (sin templos ni casas de adoración), lo podríamos calificar como: “los vómitos del abismo del fin del mundo” (por si acaso esta frase no es de mi autoría) o “la más terrible y desgarradora expresión de otredad”. Muchos investigadores partiendo de este ángulo, han llegado a conclusiones asombrosos que ayudarán, sin duda, a entender con mayor lucidez este episodio tan complejo.

Para graficar con claridad este fenómeno transcribo del libro, lo siguiente:

 “Se miró detenidamente la cara y un gesto de desilusión pudo retratar el espejo; se veía él mismo; nada había cambiado en su cara, los mismos rasgos, el mismo color, los mismos pómulos saltantes y como remate- aunque se frota las mejillas para convencerse-, hasta donde avanza su quijada, no encuentra las barbas que su imaginación había asimilado al bautizo. No era como aquellos hombres y era cristiano. Y se siguió mirando, esperando la transformación que no llegó, admitiendo al fin su equívoco; era el mismo anterior de aquella ceremonia. Por consolarse, expandió al viento la frase feliz:

- ¡Felipe de Pohechos, cristiano, bautizado con nombre de príncipe!”- (p.16)

Ni “Felipe de Pohechos” (se desconoce su nombre tallán), ni los capitanes españoles dieron un paso adelante en el “nos y el otro”. Nunca se entendieron. El “lengua tallán” desconfió de ellos y los españoles por igual. Es aquí, qué los conquistadores, cegados por los celos e impotencia de no poder leer los pensamientos de “Felipe” (nombre de reyes), lo rebajaron a “Felipillo”, diminutivo peyorativo y prejuicioso. Me aventuraría a pensar, aunque no soy historiador, que los conquistadores eran iguales o peores que él. Recordemos, repito, que la conquista fue a sangre y fuego. En nombre del rey y la iglesia católica se cometieron barbaridades. En contrapartida, con toda seguridad, que en sus voces interiores “Felipe” los detestaba y los llamaba despectivamente: “Viracochitas ladrones, ladinos, ambiciosos, mal dados por las tierras, el oro y manejadores de idolatrías”. Lógicamente, como es fácil de suponer, “Felipillo” salió averiado de esta colisión de dos culturas, debido a que su civilización no contaba con el contrapeso de la escritura para dilucidar este entredicho o drama histórico.

Entonces, ¿cómo lanzarle un salvavidas a “Felipe de Pohechos” para rescatarlo de la ignominia en la historia del Perú? Grave problema para los historiadores porque siempre recurrirán al “Archivo de Indias”, escrito por cronistas españoles en beneficio propio. Para una mejor comprensión de este dilema, tomemos como ejemplo a Francisco López de Gómara que escribió “Historia general de las Indias”. Este historiador fungió de cronista sin atravesar el océano atlántico, se basó en historias o fantasías de a oídas o de leer crónicas de repente trucadas enviadas del nuevo mundo. El ser humano desde que aprendió a hablar también aprendió a mentir. La mentira oral o escrita es uno de los mecanismos utilizados por el ser humano para engañar y conseguir parabienes, hundir cabezas, desprestigiar pueblos y civilizaciones o conseguir sitiales en el paraíso. Cuando los contrastes no son posibles, los historiadores deberían abstenerse de conclusiones o definiciones débiles porque la historia luego los juzgará implacablemente. A estos historiadores les aconsejaría replantear este “drama histórico” y dar otra visión de “Felipe de Pohechos” y de otros “lenguas” para restituirlos en su verdadera dimensión histórica.

Los restos, de este personaje tan jaloneado, ya hecho polvo, son parte íntima de las arenas del desierto de Atacama, hoy territorio chileno. Diego de Almagro fue el encargado de ultimarlo atravesándolo de pecho a espalda con su espada trabajada en fraguas crepitantes de odios y avaricias. Felipillo pasaría a la otra vida sin saber, en realidad, quien era y quienes eran los otros. Mala forma de morir para un ser humano libre que el destino lo colocara en una encrucijada sin salida

 “Para ese apóstata sin conciencia de apostasía, había solamente la exigencia de serlo. Hesitantes, sus sentidos se volcaban en lo externo; tras los chirridos de la realidad, tras sus reflejos, buscando en ellos la seguridad de su pensamiento, antes de hundirse definitivamente. Quería saber él lo que iba a morir y lo que sobreviviría. Ideas de otra vida, aprendidas muy al paso, le hacían concebir la esperanza de una vida celestial, pero él no la deseaba si habría de proseguir esa lucha que en él había dado, entre el ser natural y libre y el cultivado cristiano”. – (p. 279)

Esta tarea justa, de devolverle a “Felipe de Pohechos” su dignidad, deberá nacer de nosotros los descendientes de los tallanes. Los historiadores y profesores de historia del Perú; piuranos, sullaneros y tumbesinos, jugaran el papel decisivo en el replanteamiento de esta etapa dramática de nuestra historia. Ya es tiempo de traerse abajo ese andamiaje mal armado por tantos historiadores, que más andan hurgando el Archivo de Indias para ver si por casualidad encuentran sus orígenes hispanos y vanagloriarse de ello, que buscando con la seriedad de un erudito la verdad de los hechos.

El mejor ejercicio, para romper esquemas o cadenas, trabadas por sistemas rígidos y ortodoxos impuestos por personas que sólo miran los acontecimientos históricos desde una sola orilla, es con juegos de palabras o frases escritas con el fin de desubicarlos de su contexto o de su eje giratorio. Con esto pueda ser que por casualidad logremos que sus neurotransmisores se agiten hasta estallar en miles de luces y desconcertados por este alumbramiento me pregunten: ¿por qué no se me ocurrió?  La cosa es de fácil ejecución o hasta risible, afirmaría, deben desprenderse de estas rigideces o sujeciones mentales; leyendo o escribiendo parodias de conquistas con caballitos de madera y espadas de cartón o jugando a lo que le llamaremos, a partir de ahora, juegos históricos al revés: 

“Era un mal hombre Francisquillo López de Gómara, liviano, inconstante, mentiroso, amigo de revueltas y sangre y mal creyente, aunque bautizado en el vientre de la pachamama”

*Ancaj Jimac de Pohechos  (Historia General de las Iberias)

Estos ejercicios mentales, aunque nos incomoden, son necesarios para alcanzar la transparencia histórica. Dejemos ya de comer sapos y culebras engañosos. Felizmente en otros países ya hay corrientes en esa dirección y los resultados son positivos y alentadores: la conquista del nuevo mundo es más compleja de lo que los historiadores han escrito.

* Ancaj Jimac (Gavilán negro).- Nombre tomado de las “Etimologías Tallanes” del Dr. Manuel Yarleque Espinoza

👉 Eduardo Borrero Vargas - Derechos reservados - (2010)

Jacinto Vargas Ladines, sullanero inolvidable

Don Jacinto Vargas Ladines nació en Sullana, en la calle Grau N° 975, el 11 de setiembre de 1876. Desde muy joven destacó por su inclinación al trabajo como empleado de F. Hibck & Cía. llegando a desempeñar cargos de importancia.

Interior de la vivienda N° 975 de
la calle Grau, en Sullana,
donde nació don Jacinto Vargas
Ávido de prosperidad y con evidente espíritu de superación, estableció un pequeño negocio invirtiendo el producto de sus economías de varios años.  En poco tiempo llegó a convertirse en uno de los comerciantes más prósperos de Sullana.

Por sus virtudes de honestidad y dinamismo fue designado para ejercer el cargo de alcalde provincial de Sullana en 1925 desempeñándose como tal hasta 1930 y por su acertada política tributaria le fue posible ejecutar importantes obras públicas, como la etapa inicial de la pavimentación de calles, empezando por la San Martín y otras que marcaron época para el progreso de la ciudad.

En el tiempo que Jacinto Vargas se desempeño en la alcaldía, se planificaron otras obras que posteriores alcaldías se encargaron de hacerlas realidad. Su nombre entonces está vinculado estrechamente al adelanto de Sullana en los posteriores 30 años.

El alcalde de Sullana, Jacinto Vargas Ladínes 
(Der., con lentes), en actitud de dialogar y 
condecorar al presidente Augusto B. Leguía 
en palacio de gobierno. Entre otros personajes, 
figuran don Ruperto Castillo (al centro con un 
objeto blanco), don Eduardo Leigh (segundo al 
lado izquierdo mirando hacia arriba).

Don Jacinto Vargas Ladines falleció el 8 de octubre de 1951, dejando a sus hijos un nombre sin tacha y un ejemplo a seguir. Ellos mantienen viva su trayectoria de honradez y trabajo que heredaron del honorable patriarca sullanero.

Personas ilustres de Sullana.

Un pueblo sin pasado, no tiene presente, ni mucho menos futuro. Por ello, las autoridades deben evitar los bandazos o efectos mariposa que cambian la historia y se tornan fatales para los pueblos. Su actuar, debe ser siempre regar lo ya sembrado y nunca tratar de borrar para volver a escribir. Ya que esto puede dar réditos positivos a corto plazo, pero desgraciadamente a la larga pueden afectar el desarrollo de toda una comunidad. Fatalmente Sullana está en un riesgo de caer en este fenómeno. Sin embargo, al hurgar la memoria colectiva de nuestra comunidad podemos encontrarnos con autoridades que han velado por nuestra historia y desarrollo. En este sentido, por los años veinte del siglo pasado, encontramos a don Jacinto Vargas Ladines a cargo del concejo provincial de Sullana por 5 años.

Caricatura del alcalde don Jacinto 
Vargas con el presidente don 
Augusto B. Leguía. El texto dice: 
"Al  señor don Jacinto Vargas 
alcalde del concejo provincial de 
Sullana. En recuerdo de la valiosa 
tarjeta de oro; entregada por él al 
Sr. don Augusto B. Leguía 
presidente  de la república, 
en homenaje de gratitud por las 
obras públicas ejecutadas en la 
provincia. 
(Una firma ilegible)
En el lustro que ejerció el cargo de alcalde, con la ayuda del presidente Augusto B. Leguía, logró que la provincia se levantara después de las torrenciales lluvias de 1925. El año 1927, don Jacinto viajó a Lima con sus concejales en pleno, a entregarle una tarjeta de oro al presidente, en gratitud por las obras públicas ejecutadas en la provincia. No está demás traer el recuerdo del 17 de noviembre de 1925 cuando Jacinto Vargas Ladines ofreció un banquete a don Miguel Checa y Checa en la sede de la Sociedad de Empleados después de entregarle una medalla de oro en mérito a su contribución al desarrollo del valle del Chira. En aquella reunión don Enrique López Albújar también hizo uso de la palabra.

Ejemplos sobre el buen accionar de nuestras autoridades tenemos innumerables a lo largo de nuestra historia. Personas ilustres para nuestra comunidad que han dedicado su vida por lograr el desarrollo y respeto de nuestra historia abundan. Queda entonces a cargo de las autoridades actuales aprovechar los más de 100 años de la fundación provincial de Sullana para lograr la gloria y unificación de los sullaneros. Un pueblo sin pasado, no tiene presente, ni mucho menos futuro.

(Lima, noviembre del 2009, Eduardo Borrero V.)
Artículo publicado en la edición N° 30 del mes de diciembre del 2009
en la revista “El Tallán Informa” de Sullana.

jueves, 6 de agosto de 2020

Declaratoria de guerra

 “Se declara la guerra literaria. Escritores y poetas provincianos forman asociación contra el círculo literario limeño y acusan a jurados renombrados de amañamientos y favoritismos en los concursos literarios. Quemarán sus últimas letras en esta guerra justa. No habrá tregua ni respiro. Por lo pronto dejarán de concursar. Entrarán a lo que ellos le llaman -vigilia literaria-. Ruegan al público amante de las letras apoyar esta singular asociación”.

En esto fantaseaba el Negro Faura, mientras repasaba el último volante informativo que había guardado, de los cientos que el escritor le había encomendado los distribuyera en universidades, centros culturales y lugares más transitados de la capital; lo aprendió de memoria por si acaso un espía de la intelectualidad limeña se apropiara de lo que sería en la posteridad un testimonio histórico de esta lucha sin precedentes en el mundo. Lo recitó en voz alta y potente, como si de un tabladillo se dirigiera a una multitud sujeta a su voluntad: “Compañeros provincianos ya es hora de romper las cadenas que atan nuestra vena literaria. Ponernos de pie, es un deber ineludible. La historia así lo exige. La reivindicación intelectual es de justicia. Destruyamos al pomposo círculo literario limeño. Abajo los jurados elitistas. Que viva la lucha literaria. Que viva las provincias. Unidos venceremos”.

 Oye, negro - se escuchó burlándose de si mismo- si en San Marcos hubiese oficiado de volanteador de grupos revoltosos hoy sería con toda seguridad un hábil congresista o un poderoso líder de opinión. Se cagó de la risa y siguió leyéndose en las primeras páginas de los diarios mas renombrados: “A un egresado de la Universidad de San Marcos, apodado el Negro vejete, lo sorprenden in-fraganti a plena luz del día volanteando propaganda subversiva en las principales avenidas de nuestra bella ciudad jardín. Se sospecha que pertenece al comité de propaganda de un pseudo-grupo de intelectuales nacidos en Sullana y en otras provincias, qué intentan dar un zarpazo moral a la intelectualidad limeña”…. “Después de los interrogatorios de ley, la policía lo recluyó en la carceleta del Palacio de Justicia. Se le acusó de apología del terrorismo. Se le exigirá al recto e intachable Fiscal de la Nación, solicite al poder judicial una pena privativa de la libertad, de no menos ciento noventa y nueve años de prisión. Este castigo ejemplarizador servirá para que en el futuro estas agrupaciones de inconformes y levantiscos provincianos, respeten a los ínclitos escritores limeños”.

Los enfrentamientos literarios no son redituables. Estos monstruos, elefantes sagrados, los pisotearán con saña y odio, como hormigas depredadoras y encima los asfixiarán con sus gases intestinales, producto de embodegarse las tripas con fideos de letras podridas traídas del viejo mundo… ¡ya lo vivirán en carne propia!

El Negro -se agrió- al analizar las advertencias de Carlitos Sarmiento qué en un rayo de lucidez alcohólica, le había advertido premonitoriamente desde que se inició esta aventura.  Los sueños -prosiguió- las promesas, y las buenas intenciones, pueda ser, que me hayan alejado de la realidad, pero el papel de redentor de los oprimidos intelectuales no lo abandonaré, así Carlitos me fastidie con sus insinuaciones delirantes. O se alinea al movimiento o terminará cantando boleros cantineros en cantinas de mala reputación.

En la vida se pelea por algo que vale la pena pelear. Y este es el punto de inflexión o de quiebre: ¡basta de arrodillarnos ante una intelectualidad egoísta, apolillada y centralista! Seguramente- siguió dando vueltas el negro- la brega será traumática. Tal vez, gastaremos muchas suelas de zapatos, bastante saliva, recursos oratorios y hasta pañuelitos blancos para llenar plazas de oyentes, pero esto es un costo mínimo, para lo que buscamos: la puesta en valor de la intelectualidad provinciana.

Bordeaba ya el mes de Diciembre y la última vez que preguntó por el escritor, ese inolvidable 15 de Febrero del año 1,975, en el Queirolo, donde Carlitos Sarmiento les reveló que el escritor sufría de manías depresivas y las ocultaba candorosamente, con: “amigos del gremio, disculpen mis ausencias pero estos meses han sido fructíferos, he escrito veinte cuentos y diez novelas cortas, frescas y sustanciosas, todas por supuesto las he enviado a concursos nacionales e internacionales, solo esperemos los laureles”.

En realidad, estos comentarios insidiosos de Carlitos, al Negro, le llegaban altamente, su fe se mantenía intacta en la lucha ya emprendida con lo que él también le dio por nombrarla: la reivindicación del pensamiento de los pueblos sin nombre. Ocho meses,- calculó el Negro- a chupeta por semana, treinta y dos chupetas sin saber del amigo escritor. ¡Que manera de jodernos la existencia! Si supiera lo que se ha perdido o mejor dicho nada ya que el 29 de agosto el gobierno pasó de las manos de un gorilón a otro gorilón.

Aunque este gorilón no nos molestó tanto como el otro gorilón con sus cierras puertas y “toques de queda” y sus reformas agrarias y sus ideas socializantes puestas en mano de intelectualoides mas interesados en aparentar virtudes falsas y estúpidas y de apropiarse de estos tiempos propicios para camuflarse de escritores sensibles al sufrimiento de los campesinos y ¡oh! milagro en convertirse en gañanes, lamperos, surqueros, regadores, pajareros, cañeros, piscadores de algodón y faenadores de ganado.

Estas mierdas -siguió el negro- casi nos engañan y sus galardones florales los ganaron suplantando a los patrones: “Campesinos, con estas manos callosas y sangrantes de tanto escribir, nosotros los intelectuales capitalinos, hemos tragado de tu pobreza”. Y ellos no tienen perdón de Dios, si es que Dios en verdad existe -refunfuñó el Negro- porque de la pobreza nadie se burla ni mucho menos estos aprovechadores a los que nunca las tripas les han rechinado por un mendrugo de pan. Treinta y dos chupetas perdidas y desperdiciadas sin poder refutar a esta gavilla de vividores.

Ahora más que nunca -pensó el Negro- es necesario que el escritor aparezca y en un movimiento involuntario tomó de su velador el último volante histórico y lo miró como si a través de él mirara el futuro. Y le corrieron lágrimas de impotencia y la oscuridad de la noche lo apabulló y reclamó al silencio si los novecientos noventa y nueve putos volantes repartidos con diligencia le harían mella al intelecto limeño: ¡Vida esquiva dame la cara y verás un hombre peleándote lo injusta que eres!

Y el negro se la jugó entero y sin temor, como cuando de estudiante universitario jugaba una caja de cerveza a un tiro de cubilete, sin tener un centavo en el bolsillo y anunciaba su triunfo, por adelantado: ¡Miren, compañeros estudiantes, ahí va el cubilete al centro de la mesa y al levantarlo verán cinco puntos negros prodigiosos que nos darán de chupar gratis! ¡Señores sentémonos y gocemos de este paréntesis que nos ofrece la vida!                                            

EL OLOR DE LA POBREZA

En la choza de la Anselma,
allá en Querecotillo,
olí el olor de la pobreza.
Esa mezcla de polvo,
salitre y cenizas,
que ocultan brazas
en los rescoldos,
de cocinas apretujadas.
De ollas sin fondo,
cocinando solo
sudor y lágrimas.
De cuerpos descarnados
y de ojos legañosos
de gentes sigilosas,
que no reflejan sombras.
Creo con rabia,
que el olor del yucún,
apisonado por siglos,
por pies descalzos
lo tendré grabado:
No, en la punta de la nariz
sino en algún repliegue
de mi cerebro marcado
a hierro candente.
 
 
EL SUERTERO

Todos lo viernes de todas las semanas,
a la medianoche, al primer canto del gallo,
el suertero mayor abrazado de velones,
cruzaba los costillares del puente de Sullana.
Prendiendo velas a las ánimas muertas,
por los salitrosos caminos que van a Salitral,
acatando el pacto con el avariento duende
que usa los algarrobos de El Garabato,
como arcas para esconder el oro
fruto, de sus codicias y usuras.
Según el ayudante Evilio Jaramillo,
que trastornado, de lo alto del puente
sigue pregonando esta desventura,
donde el suertero fue muerto
por su propia ánima muerta,
que el duende usó como trampa
revistiéndola de reluciente oro.
Después de años, lustros y décadas,
la gente del lugar no le asunta,
porque ignoran si desde antaño,
en estas tierras norteñas vivió un
suertero, vendedor de ilusiones.

👉 Eduardo Borrero Vargas – Derechos Reservados
  (Publicado en la edición N° 26 del mes de junio del 2009 en la revista "El Tallán Informa" de Sullana

Las primeras decepciones

Usualmente, Cesítar Ríos el más reservado del grupo, pero, agudo y centrado en sus apreciaciones, viajaba a Ica, al sur de Lima, a visitar a su familia. Para su mala suerte, en uno de sus innumerables viajes, le tocó de compañero de asiento un poeta sanmarquino:

- Joven- le habló Cesítar con recelo porque el tipejo compañero de viaje, de cara de peseta gorda, no le inspiraba confianza- ¿Es usted poeta?...

- ¿Y cómo lo adivinó? - le contestó sin molestarse en voltear a verlo, sino que su mirada seguía fija en un libro grasoso de tanto manoseo signo evidente de haber sido adquirido en librerías de libros de segunda, tercera, cuarta o de un millón de manos.   

- Por sus aires de grandeza, bien que lo sabe, que solo los poetas se dan su lado. Además, observo con fascinación como se regodea leyendo esos poemas de ese libro escrito en la lengua de Moliere, ¿acaso usted es francófono? - le respondió Cesítar con Ironía.

- Pero, por supuesto, ¿qué poeta llega a ser grande sin leer a los grandes de la “ciudad luz”? He vivido diez años en Francia gracias a una beca ganada a punta de lengua. Para su conocimiento, he ganado premios literarios en París y La Habana y otros acá en el país en que vivimos a los que no les doy mucha importancia.

- ¿Cual es su nombre poeta laureado o usa algún seudónimo que haga juego con su personalidad? - lo tanteó Cesítar.

- Firmo mis poemas como “Charles Duval”, porque con mis nombres y apellidos de nacimiento no llego ni a la esquina, sopese la astucia del gran Neruda, Premio Nóbel de Literatura, gigante del parnaso; retumbó el mundo como Pablo Neruda. ¿Qué hubiese pasado si obstinadamente el poeta seguía como Reyes? ¡En el vacío, compañero de viaje, en el vacío! Afine sus oídos: ¡Pablo Neruda suena a música poética, Neptalí Reyes suena a desafinos poéticos!

- ¿Por qué coteja su seudónimo con el de Pablo Neruda? ¿Acaso usted pretende ser en los años venideros Premio Nobel de literatura? ¡Se chifló o se desbocó! ¿Señor poeta? - Cesítar trataba de desequilibrarlo.

- Le parece, amigo, le parece. Mi seudónimo me costó trabajo. No es fácil encontrar balances equilibrados; en lo que uno es y lo que quisiera ser. Por si acaso, ¿usted leyó alguna vez a Charles Baudelaire?

- Claro, ¿qué estudiante sanmarquino no curioseó los poemas del “poeta maldito? - le mintió Cesítar.

- Amigo, me dejó sin aliento, ¿acaso también usted es poeta?...

- No, definitivamente, no. Soy un simple contador público que pertenece a una corriente intelectual de provincianos que le ha declarado la guerra a la intelectualidad limeña. Usted, don “Charles Duval” poeta internacional, ¿no nos apoyaría en este movimiento singular? - Cesítar lo aguijoneó.

- ¡Pero qué majadero! ¿Qué confianzas son estas? ¡Un “Charles Duval”, no puede mezclarse con la pobreza intelectual!

- Pero, ¿por qué enervarse, si tan solo es una broma? Bueno, pero aclare, ¿en que pueblo de Ica vio la luz? - lo desvió Cesítar.

- Eso no tiene importancia, uno nace en el mundo no en punto geográfico, so pedazo de impertinente.

- Sigue enervándose y enredándose en sus respuestas contradictorias, eso me da a entender que la soberbia lo ha cegado. Usted está cagando fuera del retrete- le respondió rápidamente Cesítar. ¿Como llegar a entender a un poeta mundano sin referencias geográficas, entonces, de donde manan sus poemas sino tiene pasado vivencial o es un cojudo copión afrancesado? Le aconsejo que conviva con putas y de repente es premiado con una sífilis de padre y señor mío como su aclamado Baudelaire, su epitafio apropiado sería: “Aquí yacen los restos del incomprendido poeta “Charles Duval” fallecido a fines del siglo veinte infestado voluntariamente de sífilis, en honor a los “poetas malditos”. Que Dios los junte en el cielo o en el infierno o en Francia o en los arenales de Ica”.

El viaje concluyó justo a tiempo. Tres horas intensas, salpicadas de sarcasmos e ironías, lo habían dejado con ganas de destrozarle la cara a pañuelazo sucio al indigno, remedo de poeta. Equivocadamente la vida azota a diario y se presta a que estos fatuos tipejos se apañen en estas premisas falsas, para sacar verdades sin sustento. Para ellos crear un premio literario “a la perfección de creerse” sería justo y la más limpia victoria a la inventiva literaria. ¡Dios, no sé si hacerme del cuerpo o que el cuerpo haga de mí lo que le dicte sus enmierdadas necesidades! ¡Les advierto, a los futuros ganadores, el olor a mierda va de yapa! Y los verán inflando su ego, asombrados como el vulgo se aparta de ellos, reafirmándose en su ceguera que “el vulgo después de todo mantiene sus distancias”. Miren- alardearán- a esos tontos, corriendo con las narices tapadas con la mano izquierda y con la mano derecha agitándola para ralear los malos aires. Y lo dicen, con desparpajo: ¡nos reconocen por el tufillo intelectual que regamos al caminar! ¡Que manera de creerse!

Se bajó en el terminal, que quedaba en la Plaza de Armas del pueblo. Su padre ya lo esperaba y caminaron despacio en dirección a la casa, giró la cabeza y vio que “Charles Duval” se perdía por una callejuela:

- ¿Quién es ese sujeto estrafalario que se aleja por esa calle?- le preguntó al padre.

- No lo conozco, Ica se ha multiplicado, hay nuevas gentes, nuevas caras y nuevas costumbres. Las familias antiguas se han mudado a Lima. Solo vienen de visita de vez en cuando. Somos extraños en nuestro propio pueblo. Es un absurdo, pero así es. Y bueno, ¿qué tal el viaje, hijo? 

- Padre, es que uno se sopla tales esperpentos. ¿Como escoger a los   compañeros de viaje? No lo sé, pero alguien me castigó. Figúrate que me tocó un tipo con el cerebro agusanado.  

- No hay forma de elegirlos- le contestó el padre. El azar tiene que ver con esto o alguien te castigó como lo afirmas. ¿Pero qué es lo que te irrita?

- Ese sujeto a quien no lo conoces, de boina y vestimenta pintoresca dice ser poeta renombrado y que su seudónimo es “Charles Duval”. Ha vivido toda una década en Francia y hiede a miasma porque sostiene, con un desparpajo, que los genios literarios en Europa no se bañan.

- Pero, hijo, tómalo con calma. Aquel que reniega de sus orígenes no merece llamarse hombre- lo apaciguó el padre.

- ¿O es que son mañas importadas del viejo mundo donde los genios de las letras aseguran que el agua entumece la inspiración y de este modo justifican sus desaseos, mi querido padre?

- ¡Hijo!, no lo sé, quizá de ese ángulo pestífero ven al mundo. Entiendo tu fastidio, pero ya es el momento que disfrutemos el almuerzo. Vamos a la casa a degustar el guiso de gallina de corral, sazonado por tú madre. Bien lo sabes, zamarro, qué tu madre se desvive por ti. Qué comentarios hay en Lima. ¿Y el nuevo gorilón devolverá los periódicos a sus verdaderos dueños?

- La verdad padre, lo dudo, seguirán confiscados, y el nuevo gorilita seguirá lustrando el sillón presidencial para rato. La cuestión reside en que vivamos lo mejor que podamos y dejemos que las cosas sigan su curso hasta que alguien les ponga compuertas y discurran por otros caminos, para mejor o para peor; creo que hasta Dios ignora el futuro del Perú.

- Tampoco seamos pesimistas, hijo… ¿y como les va con el movimiento intelectual?

- Entrampados, padre. No bajaremos los brazos, la lucha es a muerte. No hay chepa de por medio. Seguiremos en la trinchera.

Terminaron el almuerzo. Tuvieron una larga sobremesa. Preguntó por sus hermanos. Él era el menor de todos. Aún mantenía la ligazón umbilical con su madre. Tomó una siesta de unas dos horas. Luego su padre lo acompañó a la agencia de transportes. Le tomó la mano y le dijo mirándolo a los ojos: cuídate y dile a mamá que en dos o tres semanas estaré de regreso.

Cesar Ríos, se acomodó en la parte delantera del ómnibus pegado a la ventanilla y de reojo alcanzó a ver a “Charles Duval” sentado en el fondo, todo desparratado y con los ojos cerrados como si el mundo pasara silencioso junto a él. De lo que me salvé- pensó. Avanzó el bus por los arenales rumbo a Lima. Se relajó, el sueño lo fue invadiendo, sintió como si el cuerpo se le iba y se dejó llevar. Se bajó en el Parque Universitario. Y escuchó un:

- ¡Escuche! ¡Escuche! En el supuesto negado que los intelectuales limeños acepten ventilar en público sus retos y balandronadas, recuerden que lo harán en francés qué como su lengua natal la hablan como los dioses y ustedes miserables que apenas son monolingües mal hablados, ¡quedarán como zapatillas viejas!

- Nos tiene sin cuidado, monsieur Duval, les responderemos con el lenguaje preciso, agradable y refinado de callejón de un solo caño. Vaya  a su escondite y dúchese en seco no se le vayan atrofiar sus atributos excelsos…

Fijó su mirada en el reloj del parque.  Las agujas del reloj marcaban las ocho. A esas horas de la noche la fachada de la universidad lucia sin vida. Sintió escalofríos. Alcanzó la esquina del Ministerio de Educación con la avenida Abancay, abordó la línea 33 y a la altura del paradero de la plaza Bolognesi le pareció escuchar al llamador… “línea treintitres que en un tres por tres lo lleva a París, Madrid, Roma y anexos”. Eso es -reflexionó Cesitar- la gran Lima, es un ómnibus destartalado, apretujado de provincianos “alimeñados” que serán utilizados como francotiradores para desprestigiar al movimiento literario… ¡si es para deprimirse!

Eduardo Borrero Vargas – Derechos reservados 2009

Libro “Alma del norte” se presentó en Lima

En días pasados se llevó a cabo la ceremonia de presentación del libro “Alma del Norte” de Eduardo Borrero Vargas, un sullanero que, con una vocación orientada hacia la literatura, ha publicado recientemente este libro, como diéramos a conocer desde periódico digital “El Regional” el mes de abril.

La actividad se realizó en la Casa Museo “José Carlos Mariátegui” ubicada en Washington 1946, Lima, y contó con la asistencia del presidente de la Asociación Cultural Tallán, Luís Ernesto Mendoza Ramírez, quien en su intervención enfatizó en la tarea que viene desarrollando la mencionada institución, a través de publicaciones relacionadas con la literatura e historia regional. La asociación “Tallán” ha auspiciado la publicación del presente trabajo, como lo hiciera anteriormente con “El tigre de Piura”, de Guillermo Garrido Lecca; “Obras completas”, de Lola Cruz de Acha; “La Nariz del diablo”, de Leopoldo Ramírez Ruiz; “Raíces de Piura, tras el rastro de nuestra identidad”, de Carlos Arellano Agurto; y “Voces ayabaquinas”, de Teodoro García Merino.

La presentación del libro estuvo a cargo de Miguel Arturo Seminario Ojeda, quien realizó un análisis y comentario crítico sobre este primer trabajo de Eduardo Borrero Vargas, el presentador destacó las cualidades literarias de Borrero, y la relación entre el contenido y la identidad regional.

El autor de la publicación centró su participación en detallar los motivos que lo llevan a escribir y porque su preferencia con el norte, con su entorno cargado de experiencias familiares y sociales, ya que su tarea de escribir, con toda seguridad se sucederá con nuevos aportes.

Como parte de la ceremonia, Enzo Pinamonti Mariátegui, sobrino nieto del Amauta, donó a la Casa Museo “José Carlos Mariátegui”, un retrato de su bisabuela, doña Amalia La Chira, madre del autor de 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, y dos de la imprenta y librería “Minerva”, propiedad de Julio César Mariátegui La Chira, donde vieran la luz los primeros trabajos de José Carlos Mariátegui La Chira.

Este acto tuvo un gran significado, dado que se destacan las raíces tallanes del ideólogo, por ser nieto de un piurano de Catacaos, don José del Carmen La Chira.

El director de la casa museo, don Osmar Gonzáles Alvarado, agradeció el gesto de donación y el haberse elegido a la casa museo para presentación del libro.

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Prólogo del poemario "Bosques secos"

Al parecer, entre varios hombres de letras radicados en Lima, hay un convencimiento y afirmación con respecto a la literatura en Sullana y de Piura en general sobre que los poetas y los narradores son muchos, es como si el espacio geográfico moldeara o tuviera mucha influencia en la naturaleza sensible y soñadora de los poetas y narradores de la Región, como puede evidenciarse en la producción fecunda de los piuranos en el campo de la literatura.

No hace mucho asistimos al nacimiento de un libro cuyo autor hoy nos gratifica con otro titulado BOSQUES SECOS, dividido en dos partes. Que significa esto, que el alma del narrador y poeta se desborda intempestivamente a torrentes, o que esa producción guardada se libera de a pocos para ser compartida con los demás; sea cual fuere la razón, los otros aplaudimos este coraje de hacer literatura y publicarla en soportes tradicionales, en este tiempo de revolución tecnológica, en que mucha gente se acerca a la lectura a través de lo virtual.

La primera parte del libro, POEMAS OCULTOS, realmente descubre al moldeador de la palabra hecha versos, nos presenta a Eduardo Barrero Vargas transitando de la mano con el paisaje y la naturaleza, en un mundo donde el colibrí se entrelaza con el ave luisa, y se mezcla con el canto del choqueco y la arquitectura del hornero tallán. En esta poesía llena de figuras hechas arte en la palabra, se retrata el alma y la experiencia del autor Eduardo Borrero Vargas, entregando las vivencias suyas que en buena parte son las del género humano, del hombre hecho barro que no puede escapar a los conflictos y congojas, que no puede eludir las discrepancias ni puede escapar a la dualidad de la vida, y se manifiestan ya sea en la alameda de los ciruelos, o bajo la flor del algarrobo humedecido por la lluvia

No se escapan a estas poesías de vida, una en relación con la pobreza no vivida como experiencia personal, sino captada a partir del paisaje social, de un mundo de exclusiones sociales que aún se mantiene débilmente en algunos espacios que se niegan al reconocimiento y trato igualitario para el resero, el suertero, el negro, el blanco, el indio o el amarillo.

En la segunda parte, un cuento: LA MAQUINA QUE DEVORA CRISTIANOS, nos mantiene atrapados en una lectura que nos permite recorrer el tiempo y encontramos con un paisaje social ya inexistente, con un teatro de vida humana que se protagonizaba en otro contexto socio temporal, cargado de tradiciones y de supersticiones muy tenidas en cuenta en sectores medios, y sobre todo en el sector urbano popular y en el campo. Los personajes principales del cuento resumen una manera de ser de muchas personas, que paralelamente a sus creencias cristiano católicas mantenían las prácticas y creencias de sus ancestros, por eso aparece al lado del Señor Cautivo de Ayabaca, la figura del brujo, aquél señor a veces misterioso que como una especie de oráculo leía el porvenir y recomendaba qué hacer en diversas circunstancias el cuento retrata una forma de vida de ayer, bucólica, serena, imperturbable, porque aún no aparecía esta tecnología que acelera y cambia nuestra forma de pensar y de obrar.

Esperamos pues, que la vena literaria de Eduardo Borrero Vargas no se agote ahora, y que siga por siempre, dando estos testimonios de vida y esta entereza de seguir construyendo literatura a partir de la realidad.

Al parecer, entre varios hombres de letras radicados en Lima, hay un convencimiento y afirmación con respecto a la literatura en Sullana y de Piura en general sobre que los poetas y los narradores son muchos, es como si el espacio geográfico moldeara o tuviera mucha influencia en la naturaleza sensible y soñadora de los poetas y narradores de la Región, como puede evidenciarse en la producción fecunda de los piuranos en el campo de la literatura.

No hace mucho asistimos al nacimiento de un libro cuyo autor hoy nos gratifica con otro titulado BOSQUES SECOS, dividido en dos partes. Que significa esto, que el alma del narrador y poeta se desborda intempestivamente a torrentes, o que esa producción guardada se libera de a pocos para ser compartida con los demás; sea cual fuere la razón, los otros aplaudimos este coraje de hacer literatura y publicarla en soportes tradicionales, en este tiempo de revolución tecnológica, en que mucha gente se acerca a la lectura a través de lo virtual.

La primera parte del libro, POEMAS OCULTOS, realmente descubre al moldeador de la palabra hecha versos, nos presenta a Eduardo Barrero Vargas transitando de la mano con el paisaje y la naturaleza, en un mundo donde el colibrí se entrelaza con el ave luisa, y se mezcla con el canto del choqueco y la arquitectura del hornero tallán. En esta poesía llena de figuras hechas arte en la palabra, se retrata el alma y la experiencia del autor Eduardo Borrero Vargas, entregando las vivencias suyas que en buena parte son las del género humano, del hombre hecho barro que no puede escapar a los conflictos y congojas, que no puede eludir las discrepancias ni puede escapar a la dualidad de la vida, y se manifiestan ya sea en la alameda de los ciruelos, o bajo la flor del algarrobo humedecido por la lluvia

No se escapan a estas poesías de vida, una en relación con la pobreza no vivida como experiencia personal, sino captada a partir del paisaje social, de un mundo de exclusiones sociales que aún se mantiene débilmente en algunos espacios que se niegan al reconocimiento y trato igualitario para el resero, el suertero, el negro, el blanco, el indio o el amarillo.

En la segunda parte, un cuento: LA MAQUINA QUE DEVORA CRISTIANOS, nos mantiene atrapados en una lectura que nos permite recorrer el tiempo y encontramos con un paisaje social ya inexistente, con un teatro de vida humana que se protagonizaba en otro contexto socio temporal, cargado de tradiciones y de supersticiones muy tenidas en cuenta en sectores medios, y sobre todo en el sector urbano popular y en el campo. Los personajes principales del cuento resumen una manera de ser de muchas personas, que paralelamente a sus creencias cristiano católicas mantenían las prácticas y creencias de sus ancestros, por eso aparece al lado del Señor Cautivo de Ayabaca, la figura del brujo, aquél señor a veces misterioso que como una especie de oráculo leía el porvenir y recomendaba qué hacer en diversas circunstancias el cuento retrata una forma de vida de ayer, bucólica, serena, imperturbable, porque aún no aparecía esta tecnología que acelera y cambia nuestra forma de pensar y de obrar.

Esperamos pues, que la vena literaria de Eduardo Borrero Vargas no se agote ahora, y que siga por siempre, dando estos testimonios de vida y esta entereza de seguir construyendo literatura a partir de la realidad.

Lima, diciembre del 2009
Miguel A. Seminario Ojeda, presidente honorario de la Asociación Cultural Tallán
👉 Eduardo Borrero Vargas – Derechos reservados – 2009  

AVE LUISA

Pajarillo frágil de noble gorgojeo,
que vuelas a ras de mi esencia.
Coloreando mis afectos y querencias,
de celeste como el sublime cielo

Pajarillo pintado de divinos celestes,
descendiste de lo alto de 105 cielos.
A colmar mis abismos inescrutables,
de puros y hermosos sentimientos

Vuela pajarillo de perfil celestial,
a tu nido de la colina algodonada.
En busca del manto de tu fiel amada,
a esquivar la sin razón de la envidia.

Vuela pajarillo de perfil celestial,
al etéreo paraíso que es tu sitial.
A gorgojear cadenciosas melodías,
escritas en partituras imaginarias.

Vuela más arriba de las nubes,
celeste Luisa a rociamos de dones.
y así algún día volar a tus edenes,
a compartir tus celestes colores

Para la prima Florencla Vargas Rey y su mundo celeste" 

Eduardo Borrero Vargas publica "Bosque secos"
El escritor sullanero Eduardo Vargas Borrero ha publicado el libro “BOSQUES SECOS” (poemas y cuentos), el mismo que fue presentado en Lima y Sullana.
El libro ha sido prologado por el conocido investigador e historiador sullanero, don Miguel Arturo Seminario Ojeda, acucioso estudiador de la historia de Sullana y la región Piura.
El libro fue editado con el auspicio de la Asociación Cultural Tallán, institución con residencia en Lima 

Bosques secos
Parte I: Poemas ocultos
Parte II: La máquina devoradora de cristianos
1º edición Lima 2009
Eduardo Borrero Vargas
Email: Eduardo Borrero <eborrerovargas@gmail.com>
Carátula:  Angin Borrero Rojas, Aldo Borrero Rojas
Corrector: Alina Borrero Rojas, Ilde Borrero Rojas
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú:
Nº 2009-15342
Derecho Reservado
Auspicio: Asociación Cultural Tallán 

lunes, 3 de agosto de 2020

Al poeta sin nombre

El Negro Faura, gentilmente, semanas antes de viajar el escritor provinciano a su pueblo, le advirtió que las poses de Carlitos Sarmiento solo eran productos de sus disloques mentales y de ninguna manera injuriosas. También lo convenció que a pesar de estos percances la unidad entre ellos se mantendría, por encima de todo.

Reconfortado con estos comentarios el escritor provinciano no perdió la fe en sus amigos. Era el mes de noviembre. Después de largos quince años llegaría a “coronar” sus muertos. Era el momento de los arreglos, de las paces y de los recuerdos. Las horas de las cuaresmas estaban llegando. Él se enfrentaría como Jesucristo que, en su condición de hombre expulsó al demonio.

El cementerio sería su desierto, pero no para trompearse con diablos y demonios, sino para querellarse contra sí mismo por haber abandonado inexplicablemente sus raíces. Ahí, con seguridad, encontraría la brújula que la había perdido hacía rato en Lima. Pero que, gracias a su espíritu indomable, no se había “alimeñado”.

Detestaba a los limeños no por ser limeños, sino por su capacidad de “acamaleonarse”. En esta capital tan llena de contradicciones, tan presto se consideraban hijos de grandes empresarios o hijos de hacendados o descendientes de héroes de la independencia o herederos de grandes fortunas o fantaseaban ser descendientes verídicos de pajarones reales o parientes de escritores inigualables.

Tres meses, duraría su estadía en Sullana. Tres meses, yendo al cementerio a las nueve de la mañana en punto. Tres meses, intimando con sus hermanos a las tres de la tarde en la casa materna, bajo la sombra de la vieja parra sembrada por su padre. Tres meses, durmiendo en un hotelucho de poca monta a media cuadra del solar familiar. Tres meses, padeciendo inhumanamente la dureza de las soledades e insomnios. Tres meses, sintiéndose fisgoneado por ojos fantasmales y oyendo voces nocturnas. Tres meses, conectado por túneles espirituales con sus antepasados. Tres meses, perseguido por una turba de espíritus demoníacos y malignos. Tres meses, buscando en los laberintos oscuros de la noche, los designios de su vida. Tres meses, sobrellevando agonías, gritos y sollozos. Tres meses, sin poder conseguir remendar sus bolsillos del alma, agujereados de vacíos e inconsistencias.

La visita acabó. Se embarcó rumbo a Lima. Era ya fines de enero del año 1,975. Antes de caerse dormido en el asiento del ómnibus, vio la cara de su hermano Víctor hablándole pausadamente, - “no lo tomes a mal, pero creo que esto de las tendencias de andar escribiendo y escribiendo es genético. Recordarán lo que nuestra madre nos narró, cuando éramos niños, que al tío Vidal lo embarcó la bisabuela Magdalena, maniatado, de Guayaquil a Paita, totalmente loco. Y en lo que es la sala principal de la casona lo ataban a un horcón en sus días de furia y en los días apacibles le alcanzaban resmas de resmas de papel e inacabables lápices de carbón, sobre las cuales descargaba sus sentimientos y sus frustraciones en poesías mágicas que solo les faltaban alas para volar y volaron antes que las lluvias del año 1,925 las destruyeran. Ve tranquilo hermano que esas poesías no se han perdido: hoy revolotean en nuestras cabezas. Todo es cuestión de aceptarlas y dejarlas fluir que la prosa vendrá por si sola. Entonces, nada de temores al escribir que, del tío loco viene la vaina”-

Amaneció con las piernas entullidas. Las aristas de una cajeta de cartón eran las culpables de sus malestares. Se agachó. La levantó del piso del ómnibus. La abrió con ansiedad y en ella encontró cuatro paquetes envueltos con consejos apenas legibles: el primero era una antigua cantimplora, “te será útil para cuando te internes en tus desiertos, tu hermano Beto”, el segundo unas espuelas de plata, “úsalas cuando la mula se te empaque, tu hermano Oscar”, el tercero con una navaja, “un hombre sin navaja no es hombre”, tu hermano Antonio y el cuarto con un retoño de algarrobo, “siémbralo y no te alimeñarás, tu hermano Juan”.

El escritor provinciano miró triste en dirección al cielo y le pareció ver en el horizonte una nube blanca dejando nubecitas de colores sobre su mano extendida al espacio. Se desperezó y bajó del ómnibus y ya en plena calles de la capital vio asombrado como el paquete se le escurría de las manos y volaba suavemente de regreso al norte.

Entendió claramente el mensaje de los hermanos: “un hombre jamás debe olvidar sus raíces”.

  👉Eduardo Borrero Vargas - Derechos Reservados 
(Publicado en la edición N° 24 de abril 2009 en la revista "El Tallán Informa" - Sullana)