lunes, 23 de noviembre de 2020

Sullana y su negro destino

 En la municipalidad de Sullana recortan casi
el 35% de espacio del salón “Víctor Borrero Vargas”

Estando en Sechura inmerso en jornadas intensas de poesía, prosa, pintura, música, folclor, danza y teatro recibí la noticia que Sullana había sido cubierta por la nube del oscurantismo ya superado a partir del “siglo de las luces”. Esta noticia refrendada con imágenes fotográficas, en las que se muestra cuadros de pinturas arrancadas de las paredes y amontonadas sobre el piso como si el arte fuera basura. Lógicamente, al ver esto me dio tal indignación, que hubiese querido tener el don de desdoblarme en dos y desplazarme a Sullana, para apoyar a estas personas que con su arte no hacen más que engrandecer nuestro terruño.

Este atropello fue maquinado, entre gallos y medianoche, por el alcalde, el teniente alcalde y algunos regidores de su entorno, pongo a salvo a aquellos regidores que con valor se han opuesto a esta celada del devenir cultural de nuestro pueblo. Bueno es recalcar a estas autoridades, que conseguir esta sala de exposiciones culturales llamada “Víctor Borrero Vargas”, costó trabajo y esfuerzo de todos los que estamos involucrados en el desarrollo cultural de Sullana. Esa sala convertida en ícono de la “culturalidad e interculturalidad”, ahora llora ahora en silencio, mancillada por el garrotazo de un alcalde que hace gala de su oscurantismo mental.

Cabe, entonces, preguntarnos: ¿Qué pensarán aquellos pintores jóvenes en edad escolar que esperaban la inauguración de este evento, al ver sus cuadros tirados por el suelo? ¿Y los familiares, público, niños de otros colegios, visitantes de otros distritos, al presenciar tremendo despojo? Y al alcalde y los que lo apoyaron en este atentado cultural, ¿les remorderá la conciencia? O, ¿es que están locos o es que sus cerebros han sido devorados por el germen de la ignorancia? ¿Estará contentos? ¿Felices? Pero hay que apuntillarles que cuatro años pasan rápido, como una ráfaga de viento. Y ahí, más tarde, los veremos deambular por las noches, porque no tendrán el valor de mostrar sus rostros a pleno día.

Mientras que un pueblo como Sechura –pronta a declararla la capital de la cultura de la región Piura– a “Víctor Borrero Vargas” le da un sentido homenaje, reconociéndole su participación en el desarrollo de la narrativa del norte, acá en Sullana, su tierra natal, se le cercena como si fuera un apestado. Y esta gente cree que quitándole espacio a esta sala se le castiga, pero no conciben que al no estar físicamente su espíritu flota y orienta a las nuevas generaciones a que nunca dejen de lado la maravilla de crear, imaginar, escribir, crear mundos nuevos y, a los artistas plásticos, que dan vida a los lienzos en blanco, en nombre de mi hermano les pido disculpa por este salvaje atropello.

Recordemos que no es la primera vez que los artistas plásticos reciben estos atropellos discriminatorios. Hace unos años, sus pinturas fueron decomisadas por una persona muy afanosa de andar metiendo la mano donde no debe, y se las llevó a la Municipalidad. Desde lejos, imagino las idas y venidas de los artistas afectados, yendo con la cabeza baja a pedir que les devuelvan sus pinturas. A este personaje que sigue rodando por los pasillos de la Municipalidad, habrá que hacerle entender con sutileza que el Municipio no es de él: La Municipalidad es de todos los sullaneros.

Al teniente alcalde, que eufórico me atacó cuando el día lunes 09 estuve tomando fotos de estos hechos (testimonios gráficos para la posteridad), le hago recordar que ahora, al refrendar su actitud altanera, sostengo con firmeza lo que le dije por teléfono: “Que en lugar da andar recortando salas culturales, él y su alcalde se dediquen a recortar la inmundicia y el olor nauseabundo al que han sometido a Sullana. Y que su admirado alcalde salga a la calle, como hombre público, a dar la cara y no se esconda tras una cortina de tonto inútil”.

Amigos del arte sigamos adelante, no nos detengamos ante eventualidades pasajeras. Sigamos juntos en esta lucha de pensantes y no nos dejemos asustar por amenazas que seguramente ya vendrán por algún lado. El “Siglo de las Luces y de la razón” está con nosotros. ¡Qué viva Sullana!

Eduardo Borrero Vargas
Sullana, miércoles 11 de noviembre del 2015
Derechos Reservados.
Publicado en la edición Nº 105 – Revista Tallán, Sullana, diciembre del 2015



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domingo, 22 de noviembre de 2020

Peche Pereche con sed de justicia

Entrevista de Oscar Barreto Linares (*)

Eduardo Borrero Vargas es un poeta y narrador piurano que realizó sus estudios en los colegios Santa Rosa Maristas y Carlos Augusto Salaverry, y los superiores en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Entre sus poemarios se encuentran Alma del Norte (2009), Bosques Secos 1 (2009) y Bosques Secos 2 (2011). En cuanto a narrativa, podemos citar los libros Undécimo en su laberinto (2011) y Cuando el cielo se tiñó de rojo y otras leyendas tallanes. (2012).

Tuvimos la oportunidad de conversar con este hechizado por la literatura sobre su más reciente producción y primera novela: “Tras las huellas del Capitán Peche Pereche”, situada en la Piura de sus amores, en un momento crucial de la vida de esa ciudad.

¿Cómo surgió su vocación literaria?

Desde niño. En mi casa se leía mucho, eso nos ayudó a crear mundos ficticios. Mi hermano Víctor Borrero Vargas sí obtuvo varios premios literarios. Una sala de la municipalidad de Sullana lleva su nombre.

En su obra nos presenta al capitán Eulogio Peche Pereche, quien tiene cualidades más analíticas y morales que físicas. ¿A qué se debe ello?

Esa es la estructura que le quise dar al personaje para resaltar que en el país adolecemos de estas virtudes, de un ser pensante, capaz de enfrentarse a las desgracias que padecíamos en el momento en que se desarrolla la novela y que creo que aún seguimos padeciendo. 

Al igual que en el reino de este mundo, el protagonista poseía facultades transmutativas…

Aquí el apelar a las ucronías fue un factor importantísimo. ¿Cómo hacer que un personaje pueda trasladarse hacia atrás, si no es con el pensamiento? Nosotros, a través de este atributo, podemos recorrer el pasado y revivirlo cuantas veces queramos, transmutándonos en sombras, aves, lechuzas, tal como lo hace un alquimista cuando juega con los elementos.

¿A quién admira?

A José Carlos Mariátegui.

¿Por qué?

Porque es el único que en su época logró hacer un análisis socio-económico del país. Sus ensayos sobre la realidad peruana aún siguen vigentes.

¿Eres un escritor disciplinado?

Considero que no, pero debo aprender a serlo, porque escribir es una necesidad que emerge espontáneamente del fondo de mí ser.

¿Considera que el tiempo es un elemento negativo, que juega en contra de los seres humanos?

Sí y no. Tengamos en cuenta que el tiempo es finito y a la vez infinito. El hombre, al nacer, ya sabe que su tiempo solo es una suma de días. Pero a través de los sueños - los podemos considerar escapes-, podemos gozar de un mundo no tangible en el que por formas secretas (ondas cerebrales) podemos detener el tiempo en un punto infinito. El hombre, aunque muchos lo dudan, es un ser dotado que perdurará más allá del infinito.

¿Cuál es la sed de Peche Pereche?

La sed de justicia.

Con esta entrega, Ud. nos sitúa en una Piura de inicios del siglo pasado, pero sin delimitarla completamente…

No, porque el tema concierne a todo el Perú. Recordemos que el Perú fue invadido.

Peche Pereche se enfrenta contra enemigos con mucho poder económico y degradación moral, elementos que, no obstante, no son explicados, si no tan solo mencionados, a quienes vence con un método peculiar. ¿Considera adecuado el procedimiento aplicado por este capitán?

En la trama de la novela, el capitán Peche Pereche tenía muchos enemigos. Es bueno recordar que en ese momento Piura, como capital departamental, tenía tres prefectos: uno “pierolista”, otro “cacerista” y uno impuesto por los “chilenos”. Había gente que vendió su alma a los chilenos, y los “Teodoritos”, que así denomino a los Seminario, fueron unos de ellos, conjuntamente con otros “piuranos” de triste recordación. Esto no solo sucedió en Piura, también en otras ciudades como Lima y Arequipa. Contra esa masa de “vendidos” se pelea el gran capitán Pereche.

¿Tras las huellas del Capitán Peche Pereche encierra algún mensaje?

La obsesión del protagonista por la justicia y la ley como entes regidores de ética personal.

¿Cuánto tiempo le tomó componer esta novela?

Entre tres y cuatro años.

Pasando a otro tema… Si tuviera que elegir cinco novelas latinoamericanas, ¿cuáles serían?

Pedro Páramo, Cien años de soledad, Conversación en la catedral, El Aleph, Hombres de maíz

¿Y a autores peruanos?

Mario Vargas Llosa, José María Arguedas, Martín Adán, Ciro Alegría, Julio Ramón Ribeyro

En su novela se menciona tangencialmente la política. Dígame Ud., ¿cuál es su postura política?, ¿tiene alguna receta de buen gobierno?

Detesto el poder fáctico. Pienso que un país debe ser libre, democrático y socialista. Desde esa perspectiva, me incomodaría pertenecer a algún partido, ya que perdería mi esencia de “ser” pensante único e irrepetible. No tengo ninguna receta, pero recomendaría honestidad, honestidad y más honestidad.

(*) Escritor pucallpino
Escrito publicado en la revista El Tallán, edición 96 - Sullana, noviembre del 2014

 

domingo, 15 de noviembre de 2020

Chalena "Vásquez" : entre el arte y lo fantástico

 Escribe: Eduardo Borrero Vargas

Rosa Elena "Chalena" Vásquez Rodríguez

Resulta que un día..., así comenzaba sus conversaciones mi tía Angelita cuando quería poner una dosis de énfasis a lo que ella consideraba transcendental. Y el resulta…, aunque suene repetitivo, lo utilizaré para desarrollar un tema que trata de algo de la vida real. En este caso, del arte en particular, pero rebasando lo propio de un ser común y corriente que sobrelleva pacientemente su cotidianidad y que, de pronto, por una suerte de pases de magia es trasladado al mundo de lo fantástico. Es así que esa noche del viernes 30 de noviembre del 2012 me dirigí bien emperifollado a la Casona de San Marcos. Como soy un poco tímido y enemigo de los tumultos, me acompañé con la prima Florencia Vargas y el amigo Hildebrando Bustamante. Ni bien ingresé, la entrada era por el patio de letras, busqué instintivamente la pileta central donde por los años 1955 a 1960 fuimos rapados “a coco” el que escribe y mis hermanos Víctor y Antonio. Por los años cuarenta ya mis tíos habían pasado por lo mismo. Oigan, no crean que por hacerla larga me esté desviando del tema, pero es que los recuerdos son recuerdos y uno no puede librarse fácilmente de ellos; y si en esos precisos instantes uno corta esas imágenes, vivirá eternamente frustrado. Así que no nos hagamos problemas: por la buena salud de los recuerdos, aceptemos sin renegar ese paréntesis y prosigamos con el desarrollo de la historia.

La ceremonia se celebró en el segundo patio, en el Salón de Grado de Letras, en lo que antiguamente fue la capilla de Nuestra Señora de Loreto. Llegamos tarde pero, afortunadamente, no nos habíamos perdido gran cosa. Quizá, a modo de salir del paso, habría que reconocer que las tardanzas pueden dividirse en dos: las tardanzas premeditadas, en las que uno, simplemente, decide llegar tarde a algún sitio; y las tardanzas no premeditadas, en la que factores externos se conjugan para que uno llegue tarde a las citas, por más que se esfuerce. En este caso, creo que se confabularon las dos, y nos libraron de los himnos y discursos de bienvenida del Rector de San Marcos y del director del Centro Cultural de esta casa de estudios. Nos sentamos al fondo del recinto. No logramos ver las caras de los asistentes, nuestro frente visual era una muralla compacta de espaldas y nucas. Como buenos provincianos, nos dimos maña para encontrar resquicios inimaginables para alcanzar a ver el estrado oficial. Ahí estaban sentadas las personas que iban a ser premiadas. Justo en ese preciso momento, del aguaita por este lado o el aguaita por el otro, tenía retumbando en mis oídos las palabras del crítico literario Ricardo González Vigil, el llamado “filtro” o “percolador” de todo lo que sana o insanamente se escribe en el Perú, ensalzando parsimoniosamente la larga vida del poeta Carlos Germán Belli, quien recibiría el Premio “La Casona”. Me pareció tedioso y sin convicción lo que expuso. Por si acaso, esto último es mi apreciación, y toda apreciación es subjetiva; así que no vengan luego a tirarme piedras, porque “el hombre que todo lo lee” no tuvo siquiera un gesto de gozo al leer su discurso. ¿Y las emociones? ¿O es que así de serias y almidonadas son las ceremonias culturales?

De Izq. a Der.: Eduardo Borrero, Hildebrando Bustamante, 
las hermanas Mercedes y Rosa “Chalena” Vásquez, 
Florencia Vargas y Héctor Vásquez Rodríguez,
(Casona U.N.M. San Marcos 30/11/2012)

En fin, la ceremonia siguió adelante ciñéndose al programa que nos fue alcanzado en la puerta de ingreso. Ya inquieto por la lentitud y el alargamiento innecesario de los discursos leídos, y con el temor de astillarnos las posaderas a causa de un desplome sobre el duro suelo (ya que el bendito azar nos había asignado una banca chirriona y descuajeringada),  no puse atención a la premiación: Medalla de la Cultura para Francisco Stastny. Felizmente, unos de los bedeles (los que hemos estudiado en San Marcos llamábamos así a los conserjes), advertido de nuestras angustias, nos cambió de lugar. Y en medio de esos reacomodos avisté que en el micrófono iniciaba su discurso el director del Centro Universitario de Folklore, Carlos Sánchez Huaringa. La diferencia de su discursiva era abismal: su entusiasmo al leer la biografía de "Chalena" era de tal magnitud que nos trasladó a otras latitudes. El Perú profundo floreció por arte de magia. En ese discurso de pasajes vibrantes sí hubo traslado de emociones vivas. Las palabras habían logrado, como un rayo de luz, deslumbrar y unificar la totalidad del público asistente. Desde ese momento sentimos, sin excepción, que habíamos ingresado al túnel infinito de lo fantástico, donde todo lo posible o imposible puede suceder, y donde, también, la palabra se une a la imagen.   

"Chalena", ya ganada por ese mundo fantástico, tomó la posta y, altiva, a pura memoria, nos abre su mundo y con palabras maravillosas brotadas del fondo de su espíritu nos va descubriendo pasajes de su niñez en su Jíbito entrañable, el de sus padres, de sus hermanos;  nos revela sus amistades del colegio en Sullana, su paso por el Conservatorio Regional de Música de Trujillo, sus desconciertos y dudas en su estadía en la Universidad Nacional de Trujillo; además de sus primeros pasos en el Conservatorio de Música de Lima, en el que tuvo la osadía de sentarse en un piano a tocar un tondero del maestro López Mindreau, lo que le valdría una reprimenda de parte de la Directora porque "Chalena", en ese recinto consagrado para la música clásica de los grandes maestros, había cometido un “musiquicidio”. Los oídos de bustos de Beethoven, Bach, Wagner, Chopin, de los profesores, alumnos y cuanta gente había alrededor, supuraban líquidos de protesta. Quizá éste sería su punto de quiebre, de un antes y un después: su carácter contestatario había chocado con un mundo superficial y ajeno al que ella buscaba, y que su espíritu inquisitorio la empujaría a la búsqueda de nuevas propuestas musicales. Y lo dijo claramente en unos de los pasajes de su discurso al develar sobre la mesa la soberbia de la intelectualidad europeizada pugnando por aplastar la música o el arte llegados de los andes, selva, quebradas y cerrerías del interior del país.

Mientras los personajes sentados en los sillones de respaldares gigantescos iban digiriendo el discurso, mi vista, distorsionada por la emoción, descubría que los grandes intelectuales se achicaban poco a poco hasta perderse debajo de la mesa de honor. ¿Qué les produciría a estos intelectuales el hecho de que una provinciana les demuestre, con un lenguaje distendido, que la música peruana sí tiene su valor y que está henchida de códigos y mensajes estéticos? "Chalena", agigantada, siguió recorriendo su vida. Habló de su primer contacto con Nicomedes Santa Cruz y su primera investigación como Etnomusicóloga en Chincha, de sus charlas con Josafat Roel Pineda gran amigo de José María Arguedas, de su cercanía con Víctor Jara y de su premio “Casa de la Américas”, de sus obras literarias y musicales publicadas, de sus viajes al extranjero, de su trabajo actual en el Centro de Música y Danza de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y de sus días dolorosos en Ayacucho, los que marcarían profundamente su vida. "Chalena" es como es, dijo lo que tenía que decir, y nadie la cambiará. Porque "Chalena", nombre propio de su entorno familiar, resultado de un trabalenguas de su hermana Mercedes Angélica cuando era niña, está registrado legalmente. De alguna forma ella encarna lo que en el fondo desearíamos ser los sullaneros: libres, contestatarios, creadores y fraternos con todo el mundo.

Al culminar esta breve reseña, sólo me restaría añadir: ¡Rosa Elena "Chalena" Vásquez Rodríguez, bien merecida tu Medalla de la Cultura! ¡Buena por ti! ¡Buena por tu familia! ¡Punto de oro para Sullana!   

Eduardo Borrero Vargas
Lima, lunes 10 de diciembre del 2012
Derechos Reservados.

(Escrito publicado en la edición Nº 75, revista “Tallán”, Sullana, enero del 2013)

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martes, 10 de noviembre de 2020

Ricardo Santiago Musse Carrasco

 (Profano demiurgo)

Ricardo Musse

En el mundo de Ricardo Santiago Musse nada es efímero, en el hay vasos comunicantes que se van decantando a otros universos armónicos en los que priman la alegría, la pasión, la dulzura, la amargura y lo inalcanzable del amor. Sus poemas perfectamente concebidos son de una entrega total, en los que nada esconde, esperando el momento propicio para exhibirlos como joyas únicas y auténticas, guardadas en su corazón, para sus fieles seguidores. ¿Cuántas horas de vela le habrá costado trabajar esas joyas? Solo él lo sabrá y no me atrevería a peguntarle; sé lo que cuesta encontrar la palabra precisa para redondear un verso. Es duro y, a veces, delante de la hoja en blanco uno se queda como pasmado, mirando ese papelucho vacío que juega al juego temerario: ¿Te atreves o no te atreves? Y uno se levanta, rumiando sus frustraciones, a dar vueltas y a regresar terco, nuevamente a lidiar con el papel en blanco o con la pantalla del ordenador. La mente, en lugar de ayudarnos, nos traiciona miserablemente, haciendo que la palabra recientemente concebida se esfume de pronto y nos deje estáticos sin saber por qué lo hace. Son parte de las siete estaciones existenciales, por las que los poetas (mujeres u hombres) debemos pasar.

Ricardo para nosotros, eres sullanero y nuestro pueblo, debería erigirte un monumento a la palabra labrada en los hornos del dulce fuego donde sólo los grandes pueden crear bellos versos para el mundo.

Eduardo Borrero Vargas
Lima, sábado 5 septiembre 2020
Derechos reservados.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Cuando el cielo se tiñó de rojo y otras leyendas tallanes

El pasado 14 de julio, (2012) por la noche, en el auditorio del colegio “Santa Rosa”, se realizó la presentación del libro titulado “cuando el cielo se tiño de rojo y otras leyendas tallanes” del escritor sullanero Eduardo Borrero Vargas. El auditorio lució lleno con casi 200 personas que siguieron con mucho interés las disertaciones de los presentadores, los escritores Wilmer Rojas y Máximo Coronado Talledo; el editor Pablo Viera Urbina; el Hno. Félix Saeta Gutiérrez, director del colegio “Santa Rosa”, finalizando el evento con las palabras del autor del libro, Borrero Vargas. La actividad literaria estuvo conducida por el poeta y editor José Díaz.

A continuación, publicamos el texto de la presentación del libro y el tema literatura e identidad cultural a cargo del escritor sullanero Wilmer Bustamante Rojas


(I)

Presentacióndel libro
“Cuando el cielo se tiñó de rojo y otras leyendas tallanes”

Por: Wilmer Rojas Bustamante.

Una de las culturas pre hispánicas más importantes del antiguo Perú fue la cultura Tallán. Esta civilización se desarrolló en Piura y es importante porque se le considera la más antigua que habitó la costa del Perú.

Los tallanes eran ceramistas. Los vestigios encontrados en las tumbas tallanes han permitido regiones andinas en busca de mejores lugares.

Pero también existe la posibilidad de que hubiesen podido cruzar la cordillera desde la selva amazónica. Otras teorías indican que pudieron ser emigrantes de América del Centro. Algunos han sostenido, también, que los primitivos pobladores de Piura llegaron simultáneamente de los Andes, sean o no selváticos, y del norte por el mar, estableciéndose en el territorio que hoy se conoce como Piura.

Los promotores de esta tesis indican que ello explicaría los continuos enfrentamientos que existían entre las tribus que conformaban la nación Tallán. Lo cierto es que, en 1502, la población Tallán llegaba a los setenta mil pobladores. Este grupo estaba formado por los conglomerados de Paita y Tumbes.

Wilmer Rojas Bustamante.

Cada etnia tenía un curaca que gobernaba como un rey. Existían tres clases sociales: La aristocracia, la religiosa y el pueblo. Queda claro que los tallanes se dividieron en varios grupos que habitaron distintos lugares. El centro más importante estaba en Paita. Allí se desarrolló un sistema de gobierno que, con el uso de las armas, impuso el idioma llamado Sec.

Es probable que los tallanes hayan desarrollado más de un ciclo cultural, pues se han encontrado vinculaciones de esta civilización con los mochicas en grado tan estrecho que algunos arqueólogos han dado la denominación Tallán-Mochica a todo el conjunto cultural de estos pueblos.

Se sostiene, por otro lado, que se trata de dos culturas distintas que probablemente llegaron a tener relaciones entre ellas cuando los tallanes se extendieron por el sur hasta el departamento de Lambayeque.

La cultura Tallán, en el año 1487, fue sometido por el Imperio Incaico. Antes se intentó unificar la nación Tallán imponiendo el SEC. Según el padre Esteban Piug, tal denominación correspondía solo al idioma que se hablaba en Sechura, pues existían tres dialectos: el Sechura, el Catacaos y el Colán.

Según los cronistas, los tallanes adoraban ídolos, generalmente eran unas figuras hechas de madera, pero también adoraban deidades, “de extracción natural”, principalmente “a los remolinos de viento, polvo y arenas”. También realizaban procesiones con animales vivos o imágenes.

Eduardo Borrero Vargas

Éste es el pueblo del cual el escritor Eduardo Borrero Vargas se ocupa en el libro “Cuando el cielo se tiño de rojo y otras leyendas tallanes”. ¿Eligió la leyenda como género narrativo? si nos ajustamos a la definición de leyenda y mito, Eduardo va más allá de la leyenda en la primera parte del libro, porque son las divinidades del mundo Tallán, como Macacará-Sec (dios del principio y del fin), Huangalác-Sec (dios de los registros y acontecimientos), etcétera, los protagonistas de la creación del universo. Así el mito tiene proyección cosmogónica. La leyenda es menos ambiciosa, explica las particularidades de un animal o una planta, pero no detalla cómo se formó el cielo o el mar. Pero como el texto narrativo tiene una segunda parte, que es a partir de la quinta historia, titulada “Cuando el cielo se tiño de rojo”, en donde el escritor nos introduce en una nueva etapa del  pueblo Tallán, con la llegada de los españoles; las historias se relacionan con la realidad y con la fantasía, con el conocimiento tradicional y con la creación ética y estética de cada pueblo, perfilándose como leyendas históricas y leyendas histórico culturales, como lo clasificaron en 1963, una comisión de especialistas reunidos en el Congreso de Budapest. Esta especie literaria se diferencia del cuento y de la anécdota porque es explicativa y no tiene la complejidad del cuento. Tiene un punto de partida, ya que habla de personajes determinados que actúan en una etapa de la historia y en lugares asentados en los mapas.

Las leyendas documentan la identidad cultural de los pueblos aborígenes que habitaron el territorio peruano y permiten que aquellas culturas desaparecidas permanezcan en el imaginario colectivo como testimonio de su desestructuración. Tallanes, mochicas, vicús, guayacundos, etc. portan una identidad diferencial que se trasunta en este tipo de relatos.

 

(II)

Literatura e identidad cultural

Por: Wilmer Rojas Bustamante.

Se afirma que la literatura no sólo representa la identidad cultural de la comunidad, sino que ella misma crea identidad; es más, ella misma sería identidad.

Los discursos artísticos producen identidad. ¿Qué identidad es la que produce?, ¿cómo lo produce?, ¿qué eficacia tendría esa identidad literariamente producida para la formación de la identidad cultural colectiva?

Identidad remite a una noción de nosotros mismos, en función o en comparación con otros que no son como nosotros, que no tienen ni las mismas costumbres, hábitos, valores, tradiciones, normas.

La noción de identidad se materializa en la práctica de la vida social, a través del hecho de que una comunidad de individuos comparte un determinado conjunto de condiciones de vida que posibilitan una constelación común de significados, asumidos estos como patrimonio digno de defenderse y preservarse.

Castellón y Araos, que han reflexionado sobre este tema, mencionan tres claves para la construcción y sustentabilidad de una determinada identidad cultural: El lenguaje, el territorio (las características físicas imponen: modos de habitar, ser y de mirarse), y la religión (conlleva una interpretación del mundo).

Hablar de identidad cultural de cierta comunidad de individuos histórica y territorialmente situada equivale a concebir dicha comunidad a partir de tres dimensiones:

a).- Una supuesta razón ontológica, es decir, como algo en sí y para sí.

b).- Una voluntad de mantener el “supuesto carácter de identidad sustancial a lo largo del tiempo, o sea que ciertas maneras de ser, de pensar, de sentir son consideradas valiosas y merecen ser preservadas y defendidas.

c).- Esta misma voluntad de preservación contiene la necesidad de mantener lo específico propio como marca de diferencia.

Uno de los primeros efectos que produce la literatura que textualiza representaciones identitarias, como en el libro de Eduardo Borrero, es la visualización, a través del texto literario, de gentes, de paisajes, modos de vida, sueños, miserias, etc. De una determinada comunidad humana en un territorio concreto.

Berman en el año 1998 dijo: “Nuestro pasado, cualquiera que haya sido, es un pasado en proceso de desintegración; anhelamos aprehenderlo, pero es escurridizo y carece de base; volvemos la mirada en busca de algo sólido en qué apoyarnos, sólo para encontrarnos abrazando fantasmas” Si Berman está en lo cierto, cualquier práctica literaria que se aboque a representar la identidad estaría condenada a ser un ejercicio de “abrazar fantasmas”, lo que probaría que la identidad cultural está en proceso de desintegración.

Sin embargo, creo que la literatura es también una manera de luchar contra la desintegración de la identidad, de su pasado original, y en ese sentido el libro “Cuando el cielo se tiño de rojo y otras leyendas tallanes”. es un aporte valioso para la literatura piurana, un esfuerzo que tiene sus antecedentes en autores clásicos de nuestra región como Carlos Espinoza león,  Francisco Vegas Seminario, Teodoro Garcés Negrón, Juan Antón y Galán, Víctor Borrero Vargas, quien tuvo la generosidad de regalarnos un hermoso libro “Cuentos tallanes”, que publicó el CIPCA en el año 1989, edición que estuvo a cargo de Houdini Guerrero Torres, Y ahora Eduardo Borrero Vargas, también, al igual que su hermano, tiene la gentileza de regalarnos este hermoso libro sobre lo que pudo haber sido el origen de nuestros ancestros, en un intento por crear conciencia sobre nuestro pasado, porque los  catorce textos que integran el volumen nos estimulan para indagar sobre nuestras raíces y para reflexionar sobre el sendero en el que nos movemos en el día a día, pero también para disfrutar con cada párrafo construido con sencillez, elegancia, naturalidad, ya que el autor no tiene pretensiones de figuretismo ni ansias de satisfacer a una crítica “especializada”, que siempre se regodea con los malabares sintácticos, los episodios frívolos, los temas en boga que el mercado consumista necesita para seguir perpetuando el canibalismo despiadado del capitalismo.

Eduardo Borrero Vargas, con este libro sobre nuestros ancestros tallanes, ha entrado a formar parte de la literatura piurana y se convierte en un referente obligado para cualquier estudiante no sólo de literatura sino de la historia y la cultura en general, que va en busca de información sobre el mundo Tallan.

(Escrito publicado en la edición Nº 67, revista “Tallán”, Sullana, julio del 2012)

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Paradojas

 


“Dicen, que algún día la desquiciada razón matará a Dios. Bien, que el hombre entienda que si lo hace el universo no tendrá memoria”

Eduardo Borrero Vargas
Bosques secos reservados I – Derechos reservados.




jueves, 5 de noviembre de 2020

La cachema aculantrada y otros potajes

Y dale y dale otra vez, y otra vez metiendo mis narices entre los hervores y vapores salidos de las ollas trajinadas. Les confieso que de repente son manías olfativas repetitivas. Pero les ruego que no se aprovechen de ellas ni me muestren sus disfuerzos ni desperdiguen comentarios insulsos sobre mi ansiedad desmedida de andar destapando ollas trajinadas. Reverenciar ollas trajinadas no es ofender a ningún cristiano. Las llamo así por ese sello de tizne negro que lucen orgullosa, tizne negro indeleble que ni los más sofisticados detergentes ni formulas antiguas de ceniza y limón ni tuzas milenarias lograrían desaparecer. Sí de condecoraciones hablaríamos estas honorables ollas amansadas merecerían la Orden en Grado Mayor del Tizne Negro impuesta, lógicamente, por el Gran Canciller de la Cofradía del Cucharon de Palosanto. Pero dejemos a las ollas en paz y enfoquémonos en las manos que mueven los cucharones de madera: también merecerían premios. Desde mi perspectiva, las manos norteñas tienen su ligazón con los tallanes; si no, ¿de dónde hemos heredado ese arte culinario y ese afán consuetudinario por experimentar con mezclas, usar amplia gama de hierbas y especias que nos ofrece la naturaleza para resaltar sabores y olores mágicos escondidos entre las carnes y los pescados? De las críticas no me salvaré esta vez, pero no importa: estoy defendiendo los platos populares servidos en las fondas, muchas de ellas de techo rústico y piso de tierra apisonada. Y de uso diario en muchos hogares en Sullana y, sin embargo, para envidia de muchos, tienen su distinción y elegancia. Y no nos desesperemos: poco a poco ocuparán su lugar en los restaurantes de línea de bandera dentro de esta capital muy dada a la búsqueda de nuevos sabores para sus paladares exquisitos.

Pero siempre habrá quien lance su voz al cielo y reclame: ¿qué le pasa a este sullanero? ¿Estará loco de remate? ¡Pero qué atrevimiento! ¿Será posible que atisbe a una cachema aculantrada ocupando un lugar donde un lenguado es el rey? ¿No estará condenada a ser reina en la mesa de los huariques? Yo contestaría que sí y que no, porque, al final, el paladar es el que decide este u otro plato, ni más ni menos. Así de transparente y sincero soy. Luego no me tergiversen o me vengan con otras connotaciones. La democracia también se da en la cocina, no lo olvidemos. Así que dejemos a nuestra cachema aculantrada que se abra cancha y por sí sola se haga sentir con su sabor exquisito, sin ofender a nadie, que los merecimientos le sobran. Nuestro acervo culinario no es estático, está en constante movimiento, es como un devenir histórico donde todo encaja casi a la perfección y que se va registrando silenciosamente en una especie de recetarios secretos guardados bajo los batanes de las abuelas.

Un pueblo que hace de la cocina un arte es porque, en el fondo, es feliz pese a sus carencias. Disfrutar de la comida no es malo, no es glotonería ni es un pecado concebido, así me lo enseñaron mis antepasados infinidad de veces. Bajo estas premisas, entonces, la cachema aculantrada seguirá su camino triunfal y algún día un sullanero entrará, sereno y orgulloso, a compartir su cahemita en un restaurante gourmet. Ojo, ojo: posteriormente no me acusen los cordon blue limeños de ser un vulgar levantador de masas. Porque lo que estoy escribiendo es un ver, tal como se la juegan los niños en su juego de canicas, y un ver es tentar al futuro, nada más. Por favor, guarden sus energías valiosas, no es necesario enfadarse. Las aguas están tranquilas.

Las recetas de la cachema aculantrada son parecidas: ingredientes más por aquí, ingredientes menos por acá, determinan las características de cada sazón. Datos más precisos no los voy a proporcionar: el hacerlo sería un acto de alta traición y mi espíritu noble no está dispuesto a denigrarse. Respetos son respetos. Guardemos las distancias y no nos convirtamos en espías culinarios. Ya bastantes curiosos andan merodeando por estos rincones del mundo tomando fotos, contratando escuchas, ofreciendo trabajos y arrebatando -con oropeles falsos- recetas exquisitas que les costaría cientos de años metidos en la cocina. Bueno sería que estos personajes les abrieran a mis paisanos -como compensación- las puertas de sus cocinas criogénicas y les muestren las maquinarias y menajes de punta de la alta cocinería. Estas nuevas tecnologías les permitirían ampliar conceptos que, estoy seguro, los tienen en mente, pero que nunca los escucharon en clases didácticas: el porqué de la preservación de los alimentos, la importancia de abaratar costos de producción, la higiene, la logística, la conservación de los bosques y el uso de energía amigable con el medio ambiente. Esta transferencia de tecnología les serviría al menos para bajar un poco sus egoísmos y aliviarse de lastres pesados que los tienen maniatados en la tierra del mejor todo para mí. Y el todo para mí es mercantilismo. El toma y daca es lo que regirá en adelante: yo te ayudo con esta receta y tú me ayudas en la preservación de alimentos, por ejemplo. Recordemos, señores, que nada es gratis, todo tiene un valor. Las compensaciones tienen un peso importante. No maten las gallinas de los huevos de oro.

Ha pasado un año, desde que publiqué mi artículo Dilemas Culinarios. Un año, ¡Dios mío!, un año de largo. Como quien dice: ahora ya estoy un año más viejo; o madurito, por decirlo suave. Todo por culpa de una pestañeada no contabilizada, o una coma de largo aliento. Las explicaciones previas siempre me han gustado: allanan las vías de comunicación, sin necesidad de grandes preámbulos. Así que aquí estamos de regreso: enchufado y defendiendo, como el último guerrero tallán el recetario gastronómico de los antepasados. La riqueza culinaria de Sullana es inacabable. ¿Y saben por qué? Por la generosidad de su valle y el carácter de su gente forjado en arenales y médanos que, cual míticos calderos, les posibilitan con sus variables temperaturas, potajes y manjares para los paladares de dioses elegidos. Esto último es una exageración, pero, ¿qué culpa tenemos nosotros si al saborear esos platos nos sentimos dioses elegidos? Y a los grandes maestros de la cocinería esto les debe sonar extraño o grandilocuente, o exagerado. El truco reside en no dar bola a estos comentarios. Sabemos perfectamente que sin la comida provinciana su futuro sería incierto. Ah, y no apaguen la luz, que aún queda en el tintero la pregunta de rigor:  

- Oigan, señores “cordon bleu”, ¿y la cachemita aculantrada?

 
Eduardo Borrero Vargas
Lima, sábado 05 de mayo del 2012
Artículo publicado en la edición Nº 66, revista Tallán, Sullana, julio del 2012

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jueves, 15 de octubre de 2020

El Dimas Arrieta y su día mágico

 Escribe Eduardo Borrero Vargas.

Hay días que, definitivamente, no se pueden soslayar. Días que quedarán registrados eternamente en nuestra memoria. A estos días suelo llamarlos días mágicos en los cuales, se conjugan el presente y el infinito. 

Estos días mágicos viene a ser como los sueños y los ensueños. ¿Quién, si no Dimas, gran concertador de los poderse chamanísticos, para orientarnos en estos conocimientos? Él estará de acuerdo con lo que dicen los entendidos: que cuando un sueño se pude recordar y repetir en otro sueño, ya es una ensoñación. Si depuramos la técnica de la ensoñación, quien sabe cuántas dudas e incertidumbres habríamos superado. ¿Cómo sería introducirnos, ya adultos, en nuestros sueños de la niñez? Desgraciadamente, no todos tenemos esa sensibilidad que - estoy convencido – sí poseen los que se dedican al arte de la chamanería, o los poetas, narradores, pintores, locos, relocos y todos aquellos que se deslumbran con el respirar mudo  de las palmeras o con el color de una rosa de color lila; o los que con su voz y su oído maravilloso crean tonadas llenas de matices, o los que se quiebran con el llanto de un niño, o los que descubren un arco iris de esperanza en el atardecer de sus vida; o los que, en resumen, entienden que los seres humanos somos la suma de universos.  Días mágicos o ensueños aparentemente serían la misma cosa. Unos dirían que los días mágicos son percepciones reales; otros, que los ensueños son de carácter onírico. Sin embargo, no estaría demás intertextualizar con Jorge Castillo Fan: ¿Hubo luna en nuestro sueño?, de su poemario Canción triste de cualquier hombre, con ¿Hubo ensueño en nuestro día mágico? Yo creo que hubo las dos cosas: ensueño y magia.

Dimas Arrieta
Convencido quedo, entonces, que el Dimas y su día mágico será parte de mis recreaciones mentales. Gozaré a diario o cuando a mi se me ocurra poner en escena esa noche extraordinaria, fecunda en palabras, poemas, música, cantos, poesía, arte, chacota y todo lo que uno pueda imaginar de una reunión de tantos matices. Y, desde luego, veré en mi proyector interno a Dimas en su faceta -para mí  desconocida- de cantautor; a Maruja, erguida en el centro de la reunión, dirigiéndola con su personalidad arrolladora por los caminos más intricados de las tertulias, confidencias y complots escapados de su fábrica de historias jamás contadas, y de vez en cuando cantando con su hermosa voz sus temas nacidos del sentimiento; a Pablo Bermúdez, acariciando la guitarra, arrancándole acordes de giros imposibles desde los cerros de Comas a las playas de Brasil con su bossa nova de entonaciones suaves y melancólicos; a Víctor merino, el piurano, el del oído absoluto, musicalizando con su teclado electrónico poemas de Mario Benedetti, Cesar Calvo, Juan Gonzalo Rose y, ya en el desborde del delirio extremo, regalándonos la humanidad y grandeza de Cesar Vallejo (¡grande eres Víctor!); a Alberto, acechando desde la ventana, resoplando con su cigarro alguna idea atravesada sobre algo que quiso hacer y que por dejadez dejó rodar al olvido, (¿Qué será?, ¡en una próxima noche mágica, de repente, se deje entrever tal como es!); a José Carlos, siempre dispuesto al diálogo, al intercambio y apoyo a las corrientes innovadoras, (¿quiso cantar?, no perdamos la esperanza ya lo oiremos, se presentarán nuevas oportunidades); a Harold, poeta y editor, ¿Quién otro podría fajarse para poner en valor a escritores provincianos dejados de lado por las editoriales limeñas?; a la amiga, misteriosa y de mirada escrutadora; y al amigo, sentado en posición pugilística, estudiando el momentos propicio para asestar sus golpes intelectuales, (¿Quién afirma que tres no son multitud?).

Veo, con tranquilidad, que las aguas están calmas y los espíritus sonrientes al saber que el desarrollo del mundo está en manos de los entendidos: ¡hemos triunfado! Dimas, hay días que quedarán grabados eternamente…Gracias a ti y a tu familia por darnos esa oportunidad.

Eduardo Borrero Vargas. Derechos reservados.

Escrito publicado en la edición Nº 63, mayo 2012, en la revista El Tallán Informa


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El “Undécimo” de Borrero

 Escribe: Dimas Arrieta Espinoza

Celebramos la publicación del libro de cuentos: Undécimo en su laberinto, de Eduardo Borrero Vargas. Historias financiadas por la sabiduría de tradición oral, donde se sienten los resuellos viejos y nuevos de azarosas vidas en personajes que persisten e insisten en mejorar sus destinos. No podemos negar que, la vida es una existencia e insistencia, y que la experiencia no es más que el no saber tropezarse con la misma piedra. Válganos pues, sitiarnos en una toma de posesión para tener una mira que nos ayude a tejer bien (nuestros pasos) en los caminos que transitamos.

Por supuesto, la literatura nos da esa solvencia para corregir y tomar las experiencias de otros y hacerlas nuestras y corregir nuestros destinos. Un libro, en especial de cuentos, siempre va a ser la fuente para beber inventarios espirituales o testimonios de vidas, recreadas en la ficción literaria. Por supuesto, tiene una particularidad, es ese evento maestro de invadir los predios de la trascendencia. Hondura humana y humana visión se hace del mundo, de la cotidianidad, de los sentimientos más vivos y vividos de la experiencia se reúnen para hacer esta “fiesta compartida” que viene hacer la buena literatura.

Carátula del libro
"Undécimo en su laberinto" de Borrero

En realidad, la literatura suele ser un bosque encantado de signos, de misteriosos símbolos, donde caben solo las emociones y las ilusiones humanas. Nada más honesto, por ejemplo, suele ser la poesía, un confesionario o acaso un testimonio de vida, de amor, de fe y de desamor. También otras fusiones y añadiduras en que viene dotado el ser humano a cumplir su misión en esta larga y a veces corta carretera que es nuestra existencia. La literatura involucra esas fronteras, propicia esos ríos de elevación que solo tiene un horizonte: la perfección humana.

Los libros de cuentos, en la historia de la civilización humana, ha servido de plataforma no para modelar ni perfeccionar las vidas de los habitantes de este planeta, no, pero sí han contribuido para que los seres racionales, (eso creemos), nos miremos, como en un espejo, lo hermosos y feos que somos los humanos. Conquista humana, es cierto, ha sido este gran género, tan antiguo como la existencia del mismo hombre, que no solo iniciaba a sus congéneres en los múltiples quehaceres al crear historias, sino, servían como faros de orientación para los náufragos.

Entonces, comprobamos que son los mismos sentimientos que exponemos, a pesar del transcurso y el inconmensurable tiempo transcurrido, no hemos cambiado, seguimos odiando, amando, confabulando contra quien compite con nosotros, por ejemplo, en el cuento “El laberinto de Undécimo”, el narrador omnisciente nos muestra a un personaje débil en su condición, y no porque sea un niño, sino porque son aquellos seres desprotegidos que nos muestra la vida. El narrador-enunciador, plantea el discurso desde un espejo retrovisor, la mira puesta en acontecimientos pasados localizados en la infancia.

El enunciador del discurso es duro, despiadado en adjetivos hacia las imperfecciones humanas: “Para esta gentuza, su conveniencia es primero. Aborrecen a muerte a las narraciones orales y desconfían de las fábulas, mitos cuentos que son parte de la tradición de los pueblos. A estos resabidos, que se les llenará la boca de apellidos y abolengos, también se les conoce como fantasiosos o salidos de la sombra. Y no tienen empacho ni vergüenza en suplantar la verdad”. Undécimo pertenecía a una familia de 11 críos, y fue un niño discriminado. Aquí aparecen los personajes principales existentes en un pueblo provinciano, el cura, el niño Undécimo y su madre.

Un niño que sobresalía en su colegio, con una inteligencia que no solo provocaba la envidia sino fue comparado con Lucifer al resistirse para hacer la primera comunión. Este cuento tiene muchas acciones y un solo acontecimiento: el nacimiento de Undécimo y su itinerario en una infancia conflictiva. Un final que busca resolver un conflicto y mirar desde los mismos hechos los orígenes que tienen los habitantes del pueblo, en especial el señor Forno.

En el segundo cuento: “El no nacido naturalmente”, el discurso se vuelve a estacionar en la infancia, se repite el mismo caso de un niño excluido, pero con diferencias notables al anterior, cuyo nacimiento deforme y no nacido naturalmente, antes de tiempo, el médico solo le dio semanas de vida, pero creció y se convirtió en el hazme reír de la población. Un discurso planteado desde la misma noria de la sabiduría, sobre todo que esconde la vieja moraleja que hay en los grandes cuentos populares. Un cuento cuyos hechos y acciones tienen su gran momento de enunciación en el recuento y balance de la niñez.

Por otro lado, el lugar de enunciación del discurso está marcado por la arquitectura lingüística, los términos y vocabulario que se manejan pertenecen a la Región Norteña de Piura, y en especial a un pueblo del interior de Sullana. También encontramos la ironía, el humor, y a veces la sátira bien controlada en el discurso. Otro de los puntos lingüísticos, por ejemplo, que encontramos, está en el desparpajo verbal, incitador y manipulador de la enunciación misma del discurso. Por supuesto, los temas lo obligan, la acción demanda el encontronazo de una palabra soez.

El tercer texto “Carta astral” dividida en tres capítulos y medio de un brujo fracasado a otro brujo fracasado pero globalizado por la salvación de un alma profana, texto en su esencialidad irónico, donde se percibe la sátira desmedida atragantándose la historia misma. Otra racionalidad impera y es la que se encuentra en el modo de ver la vida desde el chamanismo. Un texto único, a veces carta, relato, testimonio de una enemistad. Un discurso híbrido, pero dentro de una organización temática. En esta planicie textual se nota un combate entre ambos brujos, donde dejan a relucir un sincretismo cultural, religioso y un mestizaje de creencias y costumbres que al final no es más que una exploración hacia el misterio mismo de la vida y el cosmos.

El cuarto texto: “Miércoles de ceniza”, la temática es muy andina, la lucha e importancia de la tierra, vista como una hembra, por lo tanto por esa fecundación y fertilidad es un símbolo sagrado. Por eso, “Las tierras son como las mujeres recias, te resarcirán con buenas cosechas si las cultivas con dulzura y amor; y si las maltratas, de puro resentimiento y recelo te castigarán con cosechas de puras chamizas y ramas secas que a duras penas servirán para mantener vivo el rescoldo”. Mientras el cuento final “El escritor que jugó a ganador”, se cuenta los beneficios y fracasos de los escritores, sus apuestas y los logros conquistados. Son logradas historias, por supuesto, que tienen que ver con el mismo oficio de un artista.

Las cinco historias están fundidas en el jugo de la experiencia misma que nos da la vida. Hay huellas de la oralidad, sonido atractivo y sabio que impone la tradición. Por este motivo celebramos esta entrega de Eduardo Borrero Vargas, narrador piurano, cuyas historias nos han impuesto el manifiesto certero de contar una buena historia, cuya fortaleza es la sabiduría que viene rodando de generación en generación.

Escrito publicado en la edición Nº 61, abril 2012, en la revista El Tallán Informa

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