sábado, 23 de julio de 2022
DE ESCRITORES Y POETAS
Por lo que puedo observar,
presumo que se estarán preguntando y este desconocido parlanchín, ¿qué mensaje
nos quiere dejar o es que de pronto la locura se posesionó en él? Y no es así,
lo que deseo es trasmitirles, que nosotros, los escritores (mujeres y hombres)
somos en cierta forma vendedores de ilusiones: inventamos, fabricamos y creamos
historias de universos dentro de otros universos y perfilamos personajes; a
veces, ligados a la realidad; a veces, más parecidos a los fantasmas
circulantes, capaces de atravesar el espacio y el tiempo. Como vemos, en estas
historias fabricadas nada está previsto, todo es intemporal; en las que los
personajes muy a menudo traspasan las reglas y hasta se burlan del autor
manejándolo a su antojo. Lo que les estoy trasmitiendo, en este pequeño
resumen, son mis experiencias; cada creador o narrador, al tener sus propias
vivencias se hace responsable de lo que produce. No hay nadie que este fuera de
él, que lo pueda sujetar o dirigir por caminos ajenos a su entorno o a su
percepción de la vida.
jueves, 21 de julio de 2022
GENOMA
El crear
poesía desinhibe lo cual le permite al ser humano comportarse con
espontaneidad... le permite desfogarse si se pudiera decir así de su yo
interno. El poeta en sus escritos, nos quiere siempre dejar un mensaje, sea
éste de amor, locura, frustración, impotencia...que se yo...pero es la manera
que encuentra para llegar a nuestros corazones, y es una de las mil maneras que
hay...la más rica. ¡Que viva la poesía y sus poetas!....felicidades mi querido
Eduardo.
Carmen Cecilia Dioses Zárate
Imprudente Homo Sapiens, descubristeel misterio del código genético y ahoranos convertirás en los esclavos de vidajugando con moldes de seres deformes. Eugenesia le llamas para ocultar el odioatávico que le tienes a los niños ciegoso inválidos nacidos en noches indecisas,normalicemos la raza humana, alardeas. Genoma Humano, en tu camino surgirángrietas a la caverna que ávida te tragará¡Homo Brutus, el denso hollín te matará! Los embriones astillarán tubos de ensayotus genes desfilarán a fosas de universosa vomitar con las gárgolas híbridos odios. Eduardo Borrero Vargas (Pag. 54)
CAJA
DE SUEÑOS-SONETOS
Eduardo Borrero Vargas (Pag. 54)
martes, 19 de julio de 2022
MOMENTOS EFÍMEROS (Microcuento)
Caminaba desde hace días, cree que así fue.
No podía ser de otro modo porque las suelas de sus zapatos lucían desgastadas.
Recién tomó conciencia de que esto no encajaba con su forma de ser. Era flojo y
no se levantaba ni para hacer las mínimas tonterías que el ser humano
acostumbra a realizar a lo largo de su vida. Se negaba a ser un ser normal o rutinario. Lo de las suelas de los zapatos desbordó su tranquilidad.
Se arrebujó entre los pliegues de sus pensamientos. Caminó lento por una
avenida larga y pavimentada que se perdía en el horizonte. Dudó y retrocedió
cuantas veces las fuerzas del pavimento se lo permitía. Entendió que ese
momento de felicidad no llegaría a tocarlo. Por las mañanas, se sienta al borde
de su cama a contemplar sus zapatos mudos y sin suelas, esperando algún día
levantarse y caminar como en sus sueños.
- Eduardo
Borrero Vargas (Sullana, 1942) El relato ha sido extraído de su libro Cosas
que suceden...cuentos fantásticos, "Celebramos los relatos cortos Cosas”
...de Eduardo Borrero Vargas, que intentan una apertura que merece nuestra
atención a partir de buscar "otras realidades en un mundo donde
el escritor no está contento muy a menudo con lo que pasa a su alrededor de la
llamada realidad"
(Armando
Arteaga)
- Eduardo
Borrero Vargas (Sullana, 1942) El relato ha sido extraído de su libro Cosas
que suceden...cuentos fantásticos, "Celebramos los relatos cortos Cosas”
...de Eduardo Borrero Vargas, que intentan una apertura que merece nuestra
atención a partir de buscar "otras realidades en un mundo donde
el escritor no está contento muy a menudo con lo que pasa a su alrededor de la
llamada realidad"
Fotografía:Pedro Pablo Viera Urbina
sábado, 16 de abril de 2022
De Loja al mundo: un hombre increíble
Artículo de Efraín Borrero E.
La historia que voy a relatar a continuación es realmente
sorprendente y cuesta creerla. Los hechos fueron reales y se dieron así:
El Dr. José Baltazar Carrión Torres, nació en Loja el 11 de
enero de 1814, vinculado a una notable familia. Se graduó de abogado en 1838,
en la entonces Universidad Central de Quito, que luego se llamó Universidad
Central del Ecuador, y dos años más tarde obtuvo el título de médico en esa
misma universidad.
En Loja tuvo una activa participación pública, fue rector
del Colegio San Bernardo que, como sabemos, por decreto legislativo del 5 de
septiembre de 1902, durante el gobierno del general Eloy Alfaro, adoptó
oficialmente el nombre de Bernardo Valdivieso. También fue miembro del Cabildo.
José Baltazar Carrión Torres fue un hombre dedicado al
estudio, por eso logró obtener dos títulos profesionales; inteligente y
trabajador. Políticamente estuvo estrechamente ligado al General Juan José
Flores, del que fue su incondicional seguidor.
Cuando el General Flores cayó en desgracia, decidió
exiliarse en Lima, Perú, y también lo hizo su fiel amigo José Baltazar Carrión,
quien llegó a Lima en el año de 1852, obviamente en calidad de exiliado
político.
Como medio de subsistencia, el Dr. Carrión contaba con su
profesión de médico. Con toda seguridad que para ejercerla en territorio
peruano tuvo que rendir examen de certificación en la Facultad de Medicina, que
era parte de la Universidad Mayor de San Marcos, la segunda más antigua de
América.
Cumpliendo los procedimientos que para entonces regían en
ese país, el gobierno peruano le fijó como residencia la ciudad de Cerro de
Pasco, un importante centro minero situado en el altiplano de la cordillera de
los Andes y considerado la «Capital Minera del Perú».
Allí ejerció la medicina y llegó a ser una persona muy
apreciada y respetable. Con el tiempo ostentó el cargo de Cónsul del Ecuador en
esa localidad.
En Cerro de Pasco conoció a María Dolores García Navarro con
quien procreó dos hijos, uno de los cuales se llamó Daniel Alcides, nacido el
13 de agosto de 1857.
Se dice que el Dr. José Baltazar Carrión Torres,
presintiendo que sus días se acortaban después de un terrible accidente que
mermó notoriamente su salud, decidió retornar a Loja, luego de haber residido
16 años en Cerro de Pasco, con la intención de conocer a su primera hija,
procreada con doña Mariana Felipa de Carcelén y Larrea, Sexta Marquesa de
Solanda y Villarocha, nueve años mayor a él, y que fue esposa del Mariscal
Antonio José de Sucre, pero la muerte no le permitió retornar al Perú. Falleció
cuando contaba 44 años de edad y fue sepultado el 16 de junio de 1867, en esta
ciudad de Loja.
Su hijo Daniel Alcides Carrión García quedó huérfano a los
ocho años de edad. Igual que su padre fue una persona muy dedicada al estudio y
su afán de superación era creciente. Heredó la vocación por la medicina.
Con el apoyo de su madre, Daniel Alcides se trasladó a Lima
para culminar sus estudios secundarios. Una vez alcanzado el título de
bachiller se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, con el propósito de lograr el título de médico.
Durante sus estudios de medicina apareció en los valles
centrales peruanos una enfermedad muy infecciosa denominada "verruga
peruana" o “fiebre de la oroya”, cuyos síntomas incluían fiebre y anemia
grave, que podían aparecer de forma repentina o gradual. Los esfuerzos médicos
no atinaban en soluciones eficaces ya que la investigación científica sobre el
caso tenía limitaciones por aquel entonces.
Daniel Alcides Carrión García, quien cursaba el sexto año y
tenía 28 años de edad, llevado por su espíritu investigativo y, sobre todo, por
un nacionalismo científico que deseaba poner en alto el nombre del Perú,
decidió experimentar los efectos de esa grave enfermedad en su propio cuerpo,
para lo cual acudió a la Sala de las Mercedes del Hospital Dos de Mayo de Lima,
y solicitó al médico Evaristo Chávez que le hiciera la inoculación de sangre
macerada de una tumoración verrugosa de un paciente varón.
A los pocos días comenzó a sentir los primeros síntomas, los
que continuaron con su evolución característica ante la angustia de sus
profesores y amigos. Daniel Alcides iba escribiendo personalmente su historia
clínica, lo hizo hasta el 26 de septiembre de 1885, día en que, agobiado por la
fiebre y anemia grave, entró en delirio. A su solicitud, los compañeros de
curso siguieron escribiendo el documento clínico que había iniciado. A los
pocos días, el 5 de octubre de 1885, falleció.
Gracias a su sacrificio se pudo conocer que la verruga
peruana y la fiebre de la Oroya, eran una misma enfermedad.
Daniel Alcides Carrión García es considerado mártir de la
medicina peruana y héroe nacional. El 5 de octubre, día de su inmolación, se
conmemora el Día de la Medicina Peruana. En Cerro de Pasco, la Universidad
lleva su nombre.
Un hombre increíble por cuyas venas corrió sangre lojana.
jueves, 14 de abril de 2022
Un día llamado Jueves Santo
Florentino Azambuja, nacido en Sullana, había
firmado un compromiso con un desconocido, en una noche sumada a ingentes noches
que se habían cruzado justo en ese segundo en que tuvo la idea de ahorrar unas
cuantas leguas de camino. ¡Después de otra suma de siglos, sigue envuelto en
esas divagaciones! ¿Qué fuerzas extrañas lo empujaron a firmar un acuerdo tan
nefasto para su sobrevivencia? ¿Por qué lo hizo? ¿Por ahorrar energías
mentales? ¿Su muerte? ¿Su vida? ¿O jugar a la eternidad? Lo relevante es que
cada “Jueves Santo”, en el monte elegido, se reunía, según lo pactado, con
otras personas de rostros ahuecados, sumando con él doce personas.
Con ellas se acomodaba alrededor de una piedra
plana y comían de un cordero que les iba ofreciendo partes magras de otros
corderos que balaban en sintonía con el silencio. Poco a poco, las once figuras
grotescas iban retrocediendo, hasta confundirse en las noches de las noches
sepultadas.
Florentino Azambuja, al despertar por las
mañanas siente cosquilleos en las manos y en los pies, a lo cual él no da
importancia. Ahora sabe con certidumbre que estará envuelto en esas
sensaciones, hasta que el mundo decida reescribir su historia.
martes, 12 de abril de 2022
El pisa flores
Han visto al “Pisa Flores”
moro y de cabeza negra,
relinchando y floreando
y con el cuello engatillado,
al horizonte entablado.
Y sus negros ojos
de hondo mirar,
buscando trochas
donde otros caballos,
sus rumbos perderían.
Aireando los pulmones
por sus ollares abiertos,
con fragancias campestres
de palo santo, zapotes,
algarrobos y almendros.
Trota al aire engalanado
con montura y jato de plata:
de Zapotillo a Sabiango,
de Cariamanga a Zamora,
de Macará a Loja,
de Samba a Piedras Blancas,
de Ayabaca a Paimas,
y de Lancones a La Solana.
A veces lo ven siesteando
en los ríos Alamor,
Malacatos y Zamora,
en el Quiroz y el Chira.
Así seguirá por siempre,
esperando que, en alguna,
ubérrima y verde inverna
reencontrarse con mi padre.
Eduardo
Borrero VargasBosques Secos I (Pág. 23)
domingo, 10 de abril de 2022
Rutas para la paz... de halcones y de palomas
Por el
año 2015, publiqué un libro de relatos breves titulado “Del misterio y otros
abismos”. En él hago un recorrido metafísico del ser humano tratando de darse
explicaciones de su propia existencia, en un mundo donde el tiempo implacable
lo va empujando irremediablemente a la muerte. Lucha, entonces, contra lo que
él en su locura extrema llama la maldición de un Dios invisible, de ese “Ojo”
que todo lo ve. Y se siente apabullado por esa fuerza inconmensurable, a la que
por ratos le teme y por ratos reta con acciones deplorables como la guerra que
desata alrededor del mundo –según su mente deformada, para regular la población
mundial y la riqueza. Y salen de sus guaridas llamadas naciones a matar con sus
hordas salvajes -a mansalva y con armas sofisticadas de última generación- a
cualquiera que se oponga a sus apetitos de conquista o expansión geopolítica.
El dominio militar del hombre por el hombre es su bandera, no hay nada que los
detenga, su desesperación por avanzar raya con la locura y no se contentan con
la conquista de kilómetros cuadrados, sino que el dominio debe ser total,
ayudándose con teorías y tecnologías nuevas, para crear confusión y sumirnos en
mares de aparentes espejismos de felicidad.
Mientras
tanto, las Palomas Blancas con sus ramas de olivo vuelan como contrapeso a esos
humanos descastados, vestidos de grises, que viajan en avión a conciliábulos,
con sus bolsillos repletos de bombas atómicas para tratar temas sobre la paz
mundial. Las Palomas de la Paz no están invitadas a estos eventos, pero
ocasionan ardores vergonzosos en estos clubes apocalípticos. Tan es así que
cazadores dotados de fusiles milimétricos van tras ellas y no logran
derribarlas, por más que las ametrallen con la saña acumulada desde que el
mundo fue creado. Loa a estas Palomas Blancas que luchan por salvar al mundo y
dotarlo de una mística celestial, en la cual la vida pueda seguir su curso
natural y los desplazamientos humanos no sean forzados sino más bien una forma
natural de pasar fronteras, para gozar del mundo a sus anchas.
No
agotemos los esfuerzos y construyamos rutas seguras para alcanzar ese mundo de
Paz que tenemos al alcance de la mano y que dejamos escapar por egoísmos
demoniacos.
viernes, 8 de abril de 2022
Tren Paita - Sullana - Piura con pacas de algodón
Tiempos de avíos agrícolas
(Gaspar
Augusto)
Los
recuerdos llegan a nosotros camuflados a través de noticias dolorosas. Esta
hipótesis es confirmada por el doloroso artículo publicado por Lilian Houghton
Hidalgo, días atrás, sobre la prematura muerte del joven Augusto en un canal
vía que va a Catacaos. Este incidente me provocó tanto dolor que me hizo
retroceder en el tiempo, cuando en todo el departamento de Piura y en Sullana
(mi tierra) se sembraba algodón. El valle del Chira -el más productivo por su
famoso río Chira que llevaba agua todo el año- abasteció de algodón a USA
durante la guerra de Secesión en Estados Unidos, para confeccionar los
uniformes de los confederados.
Recordemos
que Georgia estaba envuelta en batallas. Uno de los grandes sembradores de algodón
en nuestra tierra fue un señor apellidado Sears. Por eso es que el tren de
Piura, Sullana y Paita era de vital importancia, para cargar las pacas de
algodón al puerto de Paita.
He allí
que los medianos y grandes sembradores de algodón recibían para sus campañas
algodoneras los llamados “Avíos Agrícolas”. En el caso de mi
padre, para sus fundos llegaban por intermedio del Banco Internacional. Parte
de esos fondos eran utilizados (después de las restas y sumas) para las compras
en el famoso bazar “Gaspar Augusto”. Allí se vendía telas para camisas, pantalones,
vestidos, zapatos, juguetes, bicicletas, triciclos y cuanto fuera necesario
para sobrevivir hasta la próxima campaña algodonera.
Lilian,
sé que has sentido hasta dolerte el alma la muerte del joven que fue arrastrado
por la corriente. Él ahora está en el cielo. Igualmente, la vida nos hace
arrastrar una Cruz Viva escondida en alguna neurona refundida en un recodo de
nuestro vasto cerebro. Dios tenga en su gloria al joven llevado por esas
corrientes traicioneras. Los tiempos algodoneros ya pasaron, raudos, a nuestro
costado. Ahora solo nos toca vivir nuevas historias. El tiempo nos abruma y
confunde, por eso tengamos los cinco sentidos alertas. Demos gracias a Dios.
miércoles, 6 de abril de 2022
Eustaquio, engendro del diablo
La
madre niña, desesperada por lo que llevaba en su vientre, revolvía su mente
tratando de borrar las imágenes horrorosas de esos minutos en los que de niña
pasaría a ser una mujer adulta, por la violación de su despiadado padrastro.
Vacilaba entre reprochar a su madre por su actitud pasiva, asumida ante estos
hechos, o en huir lejos, lo más lejos posible de ese lugar cuya atmósfera
demoníaca le profundizaba el daño sufrido en su virginal vientre. Ella,
recordaba vivamente que la violación fue un domingo de un invierno lluvioso,
presagiador de males, cuando ella al día siguiente cumpliría trece años. No
lograba librar de su mente estos pasajes violentos, mientras pujaba asistida
por la esposa de uno de los pescadores, en la solitaria casucha que otros
pescadores compadecidos, al verla tan niña y embarazada, le habían levantado
entre unos médanos y cunetas cercanos a la playa. Después, de unos alaridos que
rasgaron la triste penumbra de la medianoche, dio a luz a un pequeño que, a
ella, en su mente en shock por el esfuerzo del parto, se le ocurrió llamar
Eustaquio Baldomero, engendro del diablo.
A
partir de entonces, en ese remedo de casucha, sobreviviría madurando la forma
de cómo darle muerte a su vástago. Su mente era un amasijo de dudas y
desesperaciones. Se alimentó con lo que la naturaleza apenas le ofrecía.
Algunos pescadores que raras veces coincidían por esa zona, le dejaban algo de
cangrejos, ostras y pescados frescos. El agua dulce no le hacía falta; cerca de
ellos, había un pozo natural siempre lleno de este líquido esencial. Le extrañó
que su madre, ni sus hermanos, se empeñaran en buscarla. Seguramente, pensó
apenada, que ella era la culpable de esta vergüenza familiar. Ella, sin embargo,
no dejó de pensar en dar muerte al ser que trajo al mundo. A medida que los
días se sumaban, se agigantaron los odios. No cesó de maldecir sus desgracias y
su mente se multiplicó en recuadros en los que configuraba, las venganzas más
atroces, que una persona herida en su intimidad sería capaz de infligir a
quienes la empujaron a huir con la cara en el suelo, para no verle su vientre
abultado. Por ratos posaba su vista en el pequeño engendro del diablo y trataba
de borrar lo que ella repetía sin cesar como bestia autómata: Si naces vivo
serás un muerto sin vida, y si naces muerto serás un vivo sin vida.
Eustaquio
Baldomero, vio la luz una noche sin luna. La comadrona, ante la inexperiencia
de la parturienta, de un jalón certero lo desprendió de la madre, le palmeó las
nalgas; pero el niño, ni esbozó una sonrisa ni lloró. La madre lo amamantó a
regañadientes, criándolo con leche agria de rencores, hasta los doce años. A
partir de entonces, abandonado a su suerte por la madre, se convertiría en un
ermitaño. Solo recordaba que la madre, espontáneamente lo llamó Eustaquio
Baldomero. Los pescadores, al ver que la madre lo había abandonado, dejaron de
visitarlo. La poca ropa que tenía desapareció. Dejó de hablar y caminó desnudo,
protegido con doble costra de suciedad. Se alimentó de malezas, cangrejos y uno
que otro pez, varado en la playa. Aprendió el lenguaje de las gaviotas, de los
pelícanos, del rumor del mar, de las olas balbuceantes, y de los monstruos
marinos que exhibían sus lomos grises en la misma línea del horizonte. Transitó
por los médanos y prontamente se le iría la imagen de la madre. Jamás vio un
libro o una revista ilustrada. Su cerebro rudimentario se limitaría a captar lo
mínimo necesario para sobrevivir.
El
infeliz Eustaquio Baldomero, vive en el mar balanceado por las olas, disfrazado
de ballena jorobada. La madre, amante de uno de los traficantes de tierras más
conocidos de la zona, ha ofrecido dos lotes de regular tamaño en el futuro
Resort que se edificará en esa parte, calificada como el lugar más excelso
donde se aglutina el sol y la plenitud del mar, a quiénes extingan a las
ballenas jorobadas para conseguir que el engendro diabólico no tenga cobijo;
también, la madre ya fuera de sí, se ha unido al equipo de los matadores que,
no duermen ni comen, oteando atentamente la alta mar como muertos-vivos,
enroscados en enormes redes. Han pasado los años, la madre, ya vieja y marcada
por el fracaso, ha regresado con su marido al pueblo; y a conciencia propia, ha
solicitado camisa de fuerza y alojamiento en el Hospicio para Alienados.
Comentan
los pescadores ocasionales que cruzan por ese lugar desolado, que al amanecer
ven a un hombre cabalgando desnudo y desgreñado sobre el lomo de una ballena
jorobada, comandando a otros Eustaquios Baldomeros. Se sospecha, que se han
multiplicado por miles; y que, en delante, no aceptarán persecuciones, ni que
los desplacen ni que los califiquen como subhumanos.
lunes, 4 de abril de 2022
Ventura Amoroso, vivía enamorado de todas las mujeres…
(Cuento, Pags. 50, 51 52, 53 Y 54)
Compañía eterna
Ventura
Amoroso, vivía enamorado de todas las mujeres y de ninguna en particular. Así,
en sus notas íntimas figuraban nombres inacabables de mujeres. Unas con nombres
de dos sílabas; otras con cuatro sílabas; y así gradualmente hasta alcanzar
nombres de diez sílabas. Como era un hombre sumamente ordenado clasificaba los
nombres en orden alfabético, además eran nombres de fácil recordación. Si
cometía algún error de ortografía, manchas desagradables de tintas, huellas
dactilares, rezagos de grasa, u otro signo de descuido, esa página terminaba en
el tacho, hecha añicos. Él se sometía a ese rigor disciplinario, no porque le
daba la reverenda gana, sino como lo había manifestado varias veces delante de
sus amistades: ¡El nombre de las mujeres debe ser cuidado con el esmero de todo
hombre enamorado!
Pero, del
dicho al hecho hay mucho trecho, y este adagio no incomodaba a Ventura Amoroso
quien más bien recurría a su uso para acomodar y dar veracidad a sus historias
que nacían de las páginas fantasiosas que circulaban por su cabeza. Y la gente,
a sabiendas que lo que bullía en su cerebro era una retahíla de historias
inconsistentes, le dejaba hablar, porque era una manera de ser copartícipes de
algo que les era negado y así, al menos a través de otro, disfrutar de la
voluptuosidad de tantas mujeres que circulan por doquier. De esta manera, a
través del placer de las palabras, se transportaba a los lechos de todas esas
mujeres que aparecían en su famoso cuadernillo de notas. Al costado de cada
nombre, resaltaba minuciosamente sus cualidades especiales de hacer el amor, de
sus perfumes, de sus ropas sedosas, de su hablar misterioso y de otras virtudes
inherentes a la femineidad de cada mujer que caía en sus brazos. Y para
desenfreno de sus oyentes, les restregaba el cuadernillo íntimo por sus
narices, avivando de esa manera sus espíritus y el deseo de que algún día -no
muy lejano- ellos también logren ser partícipes de esos placeres vedados. Cada
mujer -les decía para soliviantar sus pasiones- que aparece en esas hojas
solitarias ha estado en mis brazos una sola vez; repetir el mismo plato es un
pecado y yo, como soy un hombre pulcro, mantengo ese principio.
Orgulloso
de su soltería, Ventura Amoroso hacía ostentación de sus viajes. Se desaparecía
por lo menos una vez por mes y en cada uno de sus viajes dejaba una estela de
fragancias, huellas de sus pesadas maletas y del tropel de asistentes que lo
acompañaba desordenadamente al Aeropuerto de la ciudad. Todo eso seguido de un
largo reguero de inconfundible olor acre que despedían las envidias de los
machos despechados, cubiertos -sin que ellos se den cuenta- de un manto denso
de sorna que hacía rebullir borborigmos de satisfacción en el estómago de
Ventura Amoroso. A medida que se distanciaba, se iba agigantando su lustroso
pasaporte diplomático, de cuyas páginas se iban desprendiendo miles de los
sellos borrosos de las oficinas de migraciones de los países que él visitaba.
Manera indirecta de hacerles saber que tenía que renovar su documento oficial
en períodos relativamente cortos.
Tan
cegatona es la gente, que cuando se empecina en alcanzar lo que supone que les
falta para ser felices, pierden la brújula prontamente y terminan no viendo más
allá de un palmo de sus narices. Ventura Amoroso, como era de suponer, había
inventado su propia vida y vibraba de gozo al saber que sus propias mentiras,
para otros, eran realidades verdaderas. Se reía por dentro, a sabiendas que
hasta con sus viajes los tenía embaucados, con el truco del doble engaño: Uno,
a los amigos que lo despedían por el frontis y dos, a los que lo recibían por
la espalda de su mansión. A los dos bandos, sin excepción, les devolvía los
saludos con su mano izquierda -entrenada para estos menesteres- y con una sonrisa
sarcástica, distribuida en su cara casi angelical. Sus viajes pomposos
consistían en un darle una vuelta a la manzana, al principio de cada mes. Con
estos engaños, no le hacía daño a nadie –se justificaba Ventura Añoroso-y que
más le daba la felicidad tan ausente en sus amigos.
Dentro de
su casa se dedicaba a reinventarse, a escoger nombres nuevos de mujeres y a
sustituir los cuadernillos del mes, por otros nuevos. Con la renovación de las
mujeres, tampoco se quedaba atrás. Las paredes de su mansión estaban
empapeladas con afiches de películas, mujeres de todas las nacionalidades que
recortaba de revistas para adultos y fotos ampliadas de las artistas de cine
más hermosas. Tan meticuloso era el bendecido hombre, que cada cierto tiempo
las iba reemplazando por nuevas y tenía bajo llave los salones donde colgaba su
galería de fotos sagradas; sus mujeres eran de él y de nadie más. Y alucinaba
que antes de morir tendría que testar, para que cada una de ellas en su
ausencia definitiva, no saliera por las calles a mendigar mendrugos de pan
podrido para alimentarse.
Hasta
hoy, sus amigos no cesan de visitarlo, siguen creyendo en él y esperan que
algún día, tarde o temprano, les abra el cofre de las fantasías, y así
apropiarse de todo lo que ahí él atesora y formar parte de un círculo íntimo
para que él los lleve de la mano al mundo del gozo desenfrenado. Se advierte a
las mujeres del orbe imaginario que se pongan a buen recaudo, pues un grupo
desenfrenado de hombres frustrados y solterones empedernidos saldrá pronto a
las calles, a robarse las fotos de las mujeres más bellas de los estudios
fotográficos, magazines, revista de culto a las mujeres y de cuanto haya en las
vidrieras de los escaparates que exhiben mujeres al tamaño natural.
Advertidas
están, de no intimar con ellos; son seres anormales, de cabeza voluminosa, de
ojos libidinosos, caminan con la cabeza gacha, las manos en los bolsillos,
fingen llamarse Ventura Amoroso y ahora recurren a las nuevas tecnologías: la
cibernética es su nuevo entretenimiento.












