Piureñ@s, en noviembre, por el día de los angelitos, regresaré a mi casa materna de
Sullana a recuperar las “pesetas gordas”, que dejé enterradas bajo las añosas
cucardas. Las tomaré y con ellas compraré en la panadería de Ceferino y de los
Olivares, puñados de angelitos y caminaré por sus calles polvorientas a
repartirlos a los niños deambulando por el cementerio. Me sentaré junto a ellos
y les daré lo que tanto extrañan, amor y golosinas. No lloraré ni les contaré
historias de vida. Solo los miraré y gozaré con ellos viéndoles aletear sus
alitas en su silencio infinito.
lunes, 1 de noviembre de 2021
Relato "DÍA DE LOS ANGELITOS"
sábado, 18 de septiembre de 2021
"SULLANA CITY", cuento de Eduardo Borrero
Ruperto Saona nació en Sullana, así lo indicaban los papeles que
revisaban sus amigos quienes después de muchos años de arqueología documentaria
habían logrado recuperarlos de los archivos municipales. Sin embargo, no
lograron ubicar el año de nacimiento en esos papeles, ya que las polillas se
habían tragado el lado lateral del papel amarillento donde debería figurar ese
dato. Sabían que su casa quedaba pegada a un algarrobo añejo, bajando hacia la
ya olvidada calle San Martín. Fueron en su búsqueda y la casa, temerosa de ser
alcanzada, retrocedía según ellos avanzaban. Recién se darían cuenta que
Sullana era un pueblo levantado entre médanos movedizos que daban la impresión
de revolverse entre ellos y formar murallas infranqueables a quienes intentaran
hurgar sus entrañas. Los amigos, asustados ante esta situación inusitada,
dejaron de buscar a Ruperto Saona. Entendieron que las noches les serían
propicias, no para andarlas de averiguadores de una persona sino para sentarse
en la plaza de armas del pueblo, para hablar de aquel muchacho fuerte y
emprendedor que los acompañó en el colegio. Recordaron entonces que ellos eran
de una generación en el olvido; Sullana se había convertido en una metrópoli
atravesada por trenes suspendidos en colchones de aire que se desplazaban a
velocidades cercanas a los mil kilómetros por hora y que los caballos y los
burros se habían convertido en máquinas voladoras de cercanías, al servicio del
público. Y a los muertos ya no los enterraban en el cementerio –convertido en
un gran galpón- sino que atendidos por Nanorrobots, los reciclaban
convirtiéndolos en cyborgs capaces de realizar tareas extremas en lugares
llamados exoplanetas. Al fin, después de tantos intentos, rozaron la verdad.
Sullana se había convertido en la primera ciudad distópica de este lado de la
Vía Láctea. La gente no tenía nombres, solo eran copias de copias de siglas y
números. Ruperto Saona y sus amigos siguen subiendo y bajando la calle San
Martín. Por las noches, se refugian en el añejo algarrobo convertido en
estación principal de los viajes a planetas que quedan más allá de millones de
años luz.
martes, 14 de septiembre de 2021
Un abrazo al cielo hermano... Víctor: la vida en dos dimensiones
Alguna vez tenía que enfrentarme a esta situación. Y es que
escribir testimonios de vida o muerte no es tarea fácil, pues este acto alcanza
y toca los sentimientos humanos más hondos. Y, además de demandarnos una
capacidad de síntesis para comprimir el tiempo en unas cuantas hojas, la tarea
más difícil radica en el hecho de trabajar en dos dimensiones. Como colegirán,
estoy frente a un reto casi imposible, como el querer rascarse la cabeza con
una mano sin dedos. Pero abordaré con lucidez esta aventura.
Dios nos dio vida, y la dosificó a cuentagotas. Porque para la
creación usó la “obsolescencia programada”, término aplicado en la fabricación
de máquinas o artefactos eléctricos. En pocas palabras, nuestro genuino
armatoste psicosomático viene con esa marca indeleble pegada a nuestro cuello.
El hombre no puede eludir ese designio: nacer y morir. Las grandes desazones
vienen de esa certeza: el hombre en su empeño de eternizarse, reniega de su
situación, acusando vacíos o los que los especialistas en Psicología llaman
desequilibrios o trasvases mentales.
El punto más admirable de mi hermano Víctor –“Mecho”, al
interior del seno familiar y para sus amigos- es que aceptó con humildad y
entereza su destino: el de alejarse irremediablemente de nosotros en pleno
ejercicio de sus facultades creadoras. ¿Cuántos proyectos maduros refulgían en
su interior? Nunca lo sabremos. Solo somos testigos que, días antes de su
partida, gozaba alucinando y escribiendo sobre hojas en blanco, cuentos, y
novelas guardadas celosamente dentro de su mente, incontables y extraños
personajes liberados de quien sabe qué rincón de su memoria.
“Mecho” era el engreído de la familia, y fue el hermano que
compartió los últimos de vida de nuestros padres. Curioso sin remedio, viajero
incansable, lector indesmayable, propiciador de prolongadas tertulias, de
memoria prodigiosa, era, además, generosos en sus actos. Y, sobre todo, de una
imaginación libre, como los pájaros que vuelan sobre las ramas del viento hasta
posarse más allá de la línea del horizonte. ¿Cómo no recordar a mi hermano, si
en el fondo era un niño tímido con un lapicero en la mano?
Hemos compartido muchas vivencias: las mismas pensiones, la
misma universidad y nuestros amigos; el amor por los caballos y las mulas,
nuestra afición por la cacería, las fogatas en el campo, nuestro temor al Cerro
del Viento plantado como un vigía solitario en el corazón de El Angolo, los
mismos fantasmas y duendes escurridizos que se esconden detrás de los ceibos y
de los charanes, conocedores estos del lenguaje nocturno y el andar lento de
los bosques secos, el silbido del ave de la medianoche, el rugir del puma, el
reptar del macanche y el conversar cadencioso de la gente del campo.
Por boca de nuestro padre conocimos los nombres de los últimos
bandoleros que asolaron la región norte y el nombre de cada una de las
quebradas y cerrerías de la frontera. Y aprendimos a auscultar el cielo para
pronosticar si ese día o el siguiente, o la próxima semana, o el próximo año,
serían lluviosos. Cómo no recordar ese día, demasiado extraño, en que nos
enseñaba cómo el arrebiatado manchaba la albura del algodón; aquel día sin
saber por qué, nos vimos de pronto envueltos en motas de algodón que caían del
cielo como nieve desprendida de un cielo despejado.
Nuestra madre, devoradora de libros, por las noches nos contaba
cuentos de aparecidos, de lechuzas cortadoras de almas, de mujeres vaporosas y
de duendes desalmados.
Nuestras expediciones al Ecuador, preparadas meticulosamente por
nuestro padre, servían para acicatear nuestra imaginación de niños: una res
vagando solitaria por esos campos se multiplicaba hasta ser un millar; una
choza retorcida se transmutaba en un magnífico castillo medieval; y un jinete
solitario, montado en un jamelgo, en un avispado comisario impartiendo
justicia. A lo lejos, pasando el río Macará, divisábamos El Tamarindo, donde
los tíos nos esperaban con suculentos bocadillos. Dos años antes de la partida
de “Mecho”, regresamos a Macará invitados por Pedro Quito, Presidente
Municipal, a develar una fotografía del tío Segundo Borrero Riofrío, quien
fuera Presidente Municipal el año 1938. En la ceremonia Víctor fue invitado a
tomar la palabra. Habló con serenidad y con palabras asertivas logró,
milagrosamente, desterrar esa desconfianza que, por razones infundadas, alteran
nuestra convivencia vecinal. Regresamos a Sullana al anochecer. Víctor entró en
sopor y ladeó la cabeza hacia el lado izquierdo. En medio de la oscuridad que
nos iba cayendo, lo vi perfilado y lo acaricié con los dedos del alma. Mi
hermano ya mostraba signos de fatiga.
Desde esa vez, atento a los hechos, me habitué a los viajes:
cada tres o cuatro meses estaba junto a él, sentado bajo la parra de la vieja
casa familiar, analizando centímetro por centímetro cada uno de sus misteriosos
rincones. Por ese lado – me dijo señalando un rincón del patio- hay tres agujeros
sin fondo, y de cada agujero salen ruidos diferentes: en el primero como el de
niños balbuceando; en el segundo, como el de niños correteando; en el tercero,
como el de adultos en trance hacia la muerte. ¿Cuál de los tres agujeros es más
conveniente para un cuerpo cansado? Me fue imposible responder. Me quedé
callado y nuevamente, al voltear, me encontré con su perfil cada vez mejor
tallado.
Un martes 25 de noviembre del 2008 llegué a Piura. Mi hermano
Humberto me esperaba en el terminal terrestre. Con el alma a cuestas y con el
corazón destrozado, di un paso adelante y le dije: Falleció bordeando la una de
la mañana. Extrañado, me preguntó: ¿Cómo lo sabes? Le respondí: Porque a esa
hora se sentó junto a mí y me rogó que le recitara uno de mis poemas:
¿Dónde vives?
En el borde del desierto, contesté
¿Te crees Jesucristo, entonces?
¡No, sólo soy un simple hombre!
¿Y qué es lo que pretendes encontrar?
Una tinaja y una piedra de destilar
¿Y eso?
¡Ahí nos encontraremos mis padres y mis hermanos!
¡Pero, qué locura!
¡No es el renacer!
Mi hermano Humberto, aún guarda la hoja en la que esa madrugada
escribí ese pequeño poema que más tarde titularía “El Desierto”. En el año 2009
fue incluido en mi obra Alma del Norte.
lunes, 13 de septiembre de 2021
Poema “Un mundo para Celeste”
María Celeste al alba jugaba mundo
al revésel tejo relleno de luna llena lo
lanzaba al diezy de ahí bajaba la escalera al tejo
empujandocantando del nueve al siete y al
uno ya llegó. Los amigos de María Celeste atentos
al tejode lejos miraban sin interrumpir
desde luegosu diario rito del nueve al siete y
al uno llegóañadiendo si no una pequeña no verá
el cielo. María Celeste con aires de burla y
de encantopermite que la miren y alegre sigue
cantandodesde su escala tensada que cuelga
del cielo. Afirman que su juego al arco iris
la ha llevadodónde con cientos de niños juega
sin apremioel sube y baja, del nueve al seis y al uno llegó.
Poema
“Un mundo para Celeste”Libro
“Caja de sueños” (Pág. 9) Eduardo Borrero Vargas
martes, 7 de septiembre de 2021
Prólogo de cuentos urbanos de la obra literaria “Marlon y su vida de perros”.
Literatura alucinante y apasionante la de Eduardo Borrero Vargas.
Podrán decirse muchas cosas
y, de hecho, se dicen, pero yo creo0 que –básicamente- la literatura tiene un propósito:
generar, digamos, una respuesta estética en el lector. Y, así, cuando
comenzamos a (o terminamos de) leer un cuento, un poema, una novela, diremos:
“¡Qué lindo!” o “¡Qué sublime!” o “¡Qué horrible!” o, quién sabe, “¡Qué
sublime!”; o nos quedaremos estupefactos, o sentiremos paz interior o acaso nos
invada un sentimiento de dolor o de indignación por las cosas que encontremos
dichas en el texto leído. Porque, como sabemos, cuando se habla de la estética
no se alude únicamente a las cosas bellas. Pero, claro, es posible que el
propósito del escritor no sea siempre ese, que sea –por ejemplo- hacer que su obra sea un testimonio (como
creyó haberlo logrado Arguedas con su novela “Todas las sangres”: “Si no es un
testimonio, entonces yo he vivido por gusto, he vivido en vano, o no he vivido.
¡No! Yo he mostrado lo que he vivido…”). Es que no existe –hay que saberlo-
norma, ley o precepto, de ninguna índole, que disponga o mande al respecto.
Nada ni nadie tiene autoridad para decirle al escritor: “Tu literatura tiene
que ser para esto o para lo otro”. La libertad se impone en este terreno. Y
esto –estoy convencido- lo sabe Eduardo Borrero Vargas, autor del libro que
aquí se presenta. Por ello es que cada una de sus producciones literarias tiene
una particular característica o cualidad. Hace algún tiempo comenté un libro
suyo (“Del misterio y otros abismos”) y dije que los textos de minificción que
lo conformaban eran desconcertantes y que, en cierto modo, tenían alguna
familiaridad con lo que es la característica del teatro Ionesco: el absurdo.
Eso, el desconcierto y el absurdo, creo que podemos encontrarlo aquí también
aquí. Cada escritor –lo he insinuado ya- tiene un propósito al escribir un
texto; creo que el de Borrero ha sido este: dejarnos estupefactos, y lo ha
logrado creando personajes cuyas personalidades, paradójicamente, son tan
comunes y “normales” y al mismo tiempo contrahechas y caricaturescas, como, por
ejemplo, Ángel Donis (protagonista del primer texto), jefe de una banda
delincuencial que ingresa en la política con “su oratoria alucinante” y -¡cómo no!- cuenta con “consejeros
malhechores”, y se dispone a “empapelar todo el país” con su propaganda
ocasionando “atoro de desagües” u suciedad en los ríos y el mar; hijo de padres
que no fueron realmente sus padres, y que, convertido en millonario, en
2mérito” a sus actividades fuera de la ley, se perfila, con muchas
posibilidades, como un futuro ocupante del sillón presidencial. Personajes,
como él, a quienes podemos, tal vez, identificar con los que –en la vida
diaria- ya conocemos (en la política, en los centros de trabajo, en la cultura,
etc.). Diría que es el absurdo –ya “normalizado” e imperante en nuestra
realidad- lo que ha llamado la atención de Borrero, incitándolo a ofrecernos,
en este libro, más que cuentos o relatos complacientes, una suerte de retrato
descarnado t sarcástico de una realidad que, viéndola bien, es realmente
dramática. Aquí no hay un Gregorio Samsa convertido, de la noche a la mañana,
en un monstruoso insecto, sino, más bien, insectos convertidos en unos
Gregorios Samsa con apariencias engañosas. ¿No es eso, acaso, lo que vemos en
la política? Yo creo que sí. Repito, el absurdo “normalizado” (o “legitimado”).
Personajes, también, como el que da título al volumen, Marlon (“…y su vida de
perros”): gente que cree que para ser escritor hay que recurrir como condición-
al “malditismo”, a la “marginalidad”, sin saber que, así, lo más seguro es la
conquista infeliz de la frustración y el ridículo (en otras palabras: una “vida
de perros”). Eduardo Borrero Vargas nos tiene acostumbrados a lo
desacostumbrado, pues: cada obra suya nos trae una desconcertante y feliz sorpresa:
ficción de largo aliento (novela), minificción, poesía, cuento, y esta vez…
bueno, esta vez un género que tiene mucho de relato, pero al que yo me
atrevería a calificarlo como apuntes o anotaciones acerca de lo que serían algo
así como objetos grotescos de estudio en una sociedad que está “patas arriba”.
Escritura, la de Eduardo Borrero, alucinante y apasionante. Y –repito- para
quedarnos estupefactos- ¡Léanla!
Bernardo
Rafael Álvarez
martes, 31 de agosto de 2021
lunes, 30 de agosto de 2021
Jugando con los reveses
Últimamente,
se me ha dado por andarcambiando
de nombres a las cosas: A
las flores, las llamo piedras,a
los mares, les llamo desiertos,a
los ríos, serpientes de espanto, a
las nubes, palomas mensajeras,a
los árboles, aves trepadoras,a
los caballos, gallinas de pastura,a
los cerros, llanuras escurridas, y
a la muerte, la llamo vida. La
confusión es tal, que, con mi nombre,no
puedo jugar con sus reveses: se
escabulló de mis recuerdos,y
ahora deambulo por el mundobuscándolo
en el valle de los olvidos.
Eduardo Borrero Vargas BOSQUES SECOS I
sábado, 28 de agosto de 2021
Prólogo a la obra “El creador de universos” de Eduardo Borrero
Una nueva manera de ser y
estar en este mundo.
Un acercamiento a la
narrativa de
Eduardo Borrero Vargas.
Eduardo
Borrero Vargas mantiene inédita una sustanciosa cantidad de relatos, pero ha
decidido seleccionar un grupo de estos para una nueva publicación, bajo un
título motivador: “El creador de universos”. Sale a la luz bajo el pujante sello
editorial “El gato descalzo”, en la Ciudad de los Reyes.
La
obra narrativa de Eduardo Borrero tiene origen múltiple. De la tradición oral,
de sus propias vivencias, de la vasta cultura de su tierra natal -Piura-,
tierra cálida, fértil, pletórica de misterios y leyendas, de perfumados
algarrobos y de los valerosos tallanes. Lo concibe a manera de retorno a la
sabiduría popular. Es decir, se nutre de lo mejor de su experiencia personal,
vivida, heredada, aprendida. Ahora nos complace la reunión de una obra crítica,
escrita en prosa ágil y ayuda, con el escritor ameno y pulido, frente a un
mundo agónico en el que la palabra se yergue con plenitud y no se doblega.
Comenzaré
citando el relato “La tía Flora”, personaje que recupera a través del recuerdo,
en un fortuito retorno a la casa familiar. Supone una mezcla alucinada de
realidad; como si tal persona existiera aún, y lo hace unido a un final
fantástico. Ofrece así, un manjar narrativo ameno, enriquecedor, de mira
incisiva y original, al que se le otorga, por lo menos, dignidad.
Alguien
como la tía Flora ha podido existir también en nuestras vidas o en la de algún
conocido. Esta solaza en demasía y nos acerca mejor al tema. El autor decide
traerla a la realidad a propósito del relato, cubierta de un halo de misterio y
hasta milagroso. Para lograr de este modo un efecto, como recurso narrativo,
que nos llena de dulce y apacible nostalgia.
“Sueños
de muertos” resulta de una temática inevitable en la
narración oral de muchas culturas. Anderson, el protagonista soñador de
muertos, encuentra en Piedad, en un juego sutil de miradas poliédricas, una
esposa salvadora. Pero en el discurrir del relato la trama se complica y es así
que presenta un final abierto, motivador de propuestas y reflexiones. ¿Es bueno
ayudar a un ser en desgracia?, ¿por qué? Responder estas y otras interrogantes
hace que el lector quede prendado en el texto y resulte inducido a deducciones
propias que complementan y enriquecen el contenido. Demuestra una vez más que
el lector-cómplice,
puede convertirse en lector-partícipe, dando origen a
diferentes interpretaciones é interés en la travesía.
En
“El hombre araña”, relato liminar de lograda narrativa, se desvirtúa la
imagen de este misterioso personaje -entretenimiento de niños y adultos-, quien
resulta ser el blanco de críticas y burlas. Se resuelve en un final cargado de
ironía, y hasta crítica social, cuando logra ubicarse en un lugar más ameno.
Muchas
de las propuestas seleccionadas por Borrero, treinta y ocho en total, guardan
estas características, Es de necesaria utilidad referir que algunos de los
relatos son ultra breves o micro ficciones. Están cargados de un tono irónico, doble
intención, humor o de un final con resoluciones inesperadas. Sucede así, por
ejemplo, en “El mundo calló”, “El síndrome de los puentes 1”, “Paredes escayoladas”,
“Alucinaciones 6” y “Pleito perpetuo”, para mencionar
solo algunos.
En
la presente publicación se ubican, además, a modo de capítulos, tres series muy
atinadas de micro ficciones, me refiero a “El síndrome de los puentes”,
“Alucinaciones” y “De poetas”, el ellos predominan el
absurdo, una mezcla de prolija ironía, que da como resultado el contenido de un
conjunto de textos de atractivo discurso y variados escenarios como por ejemplo
en “De
poetas 6” cito:
“Era
un poeta tan lúdico, pero tan lúdico, que se perdió jugando a las escondidas
con el abecedario” (Pág. 85).
Otro
más en “Alucinaciones 6”, para precisar:
“Con
los nudillos sangrantes golpeó presuroso la puerta de su casa. Alguien con cara
doliente se asomó y, con desánimo, le dijo: ¿qué hace usted por estos lares,
regrese a su capilla ardiente, no se da cuenta que acaba de morir?”
(Pág. 47).
Y
selecciono uno más, “El mundo calló”
“En
una miserable tarde, Marcelino se acomodó en un sillón. Tomó un revolver y
comenzó a matar el abecedario, letra por letra. Al cabo de veintiséis tiros, el
mundo calló” (Pág. 23)
Es
mucho lo que se pudiera indagar sobre este conjunto escritural de gran riqueza
temática, nueva entrega de nuestro autor piurano. Sin embargo, dejaré que sea
el amable lector quien continúe esta entretenida tarea de encuentros y
desencuentros. Le deseo una emotiva aventura.
Ana María IntiliUNMSMMédica, poeta y escritora.
jueves, 26 de agosto de 2021
Oficios de un hombre
Un
collage vivencial es lo que en este preciso instante me ha impulsado a
escribir, como una especie de catarsis, este pequeño relato. Un hombre, a mi
edad, debe dejar huellas indelebles en las personas: hijos, nietos, familiares,
amigos, amigas y en todos aquellos que nos rodean a quienes ya sumamos décadas
de vida. En realidad, mi vida ha sido sencilla y me he contentado con triunfos
compartidos. He procurado ser sensible y hasta humilde diría, no le he hecho
daño a nadie ni he envidiado cosas y cualidades ajenas. ¡Solo sigo siendo un niño
“adulto”! Y mi poema “No me pregunten quién soy” así lo afirma: “Nací en
Sullana/En una calle con olor a tierra” … en un mes de septiembre. He
gozado y seguiré confiando en la magia de los nuevos comienzos y en los oficios
más dulces del mundo:
-
Buen esposo
-
Buen padre
-
Buen abuelo
-
Buen hermano
-
Buen amigo
-
Narrador y poeta
-
Protector de las mascotas
Eduardo
Borrero VargasDerechos
Reservados. –Lima,
07 de septiembre del 2021
martes, 24 de agosto de 2021
Presentaron edición especial de la revista cultural “Choza de Papel”
La Asociación Cultural ‘Estación de Brujos’ de
Chiclayo presentó el sábado 8 de junio del 2019 en el Auditorio Principal del
Colegio Médico de la ‘Ciudad de la Amistad’, el nuevo número en edición
especial de su revista institucional denominada revista de Arte y Cultura
“Choza de Papel”.
Esta edición incluyó a 40 articulistas en una
interesante variedad de temas: poesía, didáctica de la lectura, narrativa,
historia y turismo, actividad universitaria, políticas culturales, literatura
lambayecana, lexicografía, promoción del arte y la literatura, literatura
infantil, literatura carcelaria, filosofía, etc.
Participaron en calidad de comentaristas,
Miguel Ángel Huamán Villavicencio, Eduardo Borrero Vargas, y Julio Novoa
Linares. Para este evento cultural, se estructuró un programa especial. Las intervenciones
preliminares estuvieron a cargo del decano del Consejo Regional VIII del
Colegio Médico de Chiclayo, Víctor Soto Cáceres, Mercedes Uriarte Latorre y el
escritor Pedro Manay Sáenz. Como comentaristas intervinieron Miguel Ángel
Huamán, Eduardo Borrero y Julio Novoa. Continuó el segmento artístico con las
participaciones de la Sonatina de la I.E.P. “Amancio Varona”, de Tumán; la
declamación de Tania Cubas Azabache; y el Grupo Musical “Fernando y sus
amigos”.
También, se realizó la juramentación oficial
de los directivos de la ACEDEB y sedes de Piura, Sullana y Lima. A
continuación, intervino el presidente de la asociación cultural “Estación de
Brujos”, Luciano Berger Calderón. El brindis de honor estuvo a cargo del
vicepresidente de ACEDEB, el Dr. Juan José Cruz Venegas. Finalmente, se ofreció
un compartir y se obsequió un ejemplar de cortesía de la revista “Choza de
Papel” a cada uno de los asistentes. La Asociación Cultural agradeció a todas
las personas amantes de la cultura en general y de la literatura en especial por
su asistencia en a esta noche cultural.












