viernes, 11 de noviembre de 2022
EL árbol solitario
lunes, 31 de octubre de 2022
31 DE OCTUBRE...LLUVIA DE CARAMELOS...
HALLOWEEN INESPERADO
Germán Restrepo, se
restregó lo ojos con desesperación. No sabía si estaba en el infierno o en el
paraíso. Se le había metido en el mismo centro de la cabeza, como una pica
clavada por la mano de un ser desconocido, que en los venideros meses –no
precisaba el año- le llegaría una misiva conteniendo algo que lindaba con el
misterio y que ocurriría un treinta y uno de octubre. Y al pensar en esa
incertidumbre se le escalofriaba el cuerpo, la quijada se le desencajaba y los
nervios destemplados no le ayudaban a aparentar una cierta compostura ante los
demás. Su cuerpo, a su pesar, se había convertido en una masa gelatinosa y
temblona que exudaba una sustancia acidulada de consistencia brillante y
viscosa.
Selló las entradas de su
habitación ya de por sí oscura, tratando de escudarse dentro de una muralla
imaginaria de suma negrura, en la que él se refugiaba cuando presentía que
algún engendro anónimo iba a pedirle cuentas. Entonces se camuflaba en esa
pared, a compartir con otras almas abyectas, maldades y habilidades de torcer
voluntades de seres bondadosos, solo por el purito placer de recordarse, que él
era un ser nacido para ejercer los oficios más antiguos del mundo: maldad y
daño. Amurallado en sus pensamientos, Germán Restrepo dormía con un ojo cerrado
y otro abierto, con sus poros de la piel expuestos, como si fueran millones de
ojos, esperando ver quién sería ese tan esperado e inquietante mensajero.
Pasaron siglos de esperas
malditas y Germán Restrepo sentía sobre sus espaldas la corcova de la vejez,
pero su mente ajada permanecía ágil y fresca, aunque compungida de que el tan
esperado mensajero demorara tanto en llegar con la misiva conteniendo “quién
sabe qué contenido” en su interior. El insomnio se convirtió en parte de su
vivir, cargó con él como quien lleva colgado a su hombro, o a su cuello, un
saco lleno de evocaciones molestosas. No se sabe si Germán Restrepo camina
despierto o dormido.
Al fin, casi al del abismo
final del fin del mundo, Germán Restrepo recibió la misiva tan esperada. En la
misiva de letras doradas alcanzó a leer con sus ojos chamuscados por el pasar
de los siglos, lo siguiente: Está usted invitado por la Asociación De Brujas
Sin Fronteras a la fiesta de Halloween que se llevará a cabo este 31 de
Octubre, en la explanada de la curva del diablo que queda al final del abismo
del mundo. Firma ilegible. Entendió que debería ir y salió de su muro negro, se
vistió de niño y caminó quedamente al lugar indicado. No se pudo precisar
cuánto duró la caminata.
En la explanada del abismo
del fin del mundo, se vio entrelazado a otros niños sin ojos regalando
caramelos, a calabazas de ojos brillantes aullando, a fantasmas bailando
charlestón, y a brujas de vestidos vaporosos cantando canciones satánicas. Toda
una escena de pavor y a la vez de desenfreno: el gozo por el gozo a la maldad.
Germán Restrepo, sigue en
su cama aferrado a su maldad, se despierta por ratos y de sus manos resbalan,
miles de miles de caramelos.
martes, 18 de octubre de 2022
UNIVERSO
¿somos pedazos de indicios desperdigados?
o somos simples patrones erráticos neutros
o enlaces iónicos girados por un dedo divino.
¿nuestra única función solo es la de dar vida?
o la de suministrar nuestra genética cósmica
a los que vendrán a ocupar nuestros puestos.
o el desgano de un dios brutal jugando sucio
¡les daré vida pero sus biochips los controlo!
incrédulo humano serás condenado a existir
hasta que tus genes se autodestruyan por sí.
sábado, 15 de octubre de 2022
NECEDADES
preocupado en apuntalar mis huellas
como si entes detrás de las sombras
acondicionaran mi asustada neurona.
miércoles, 12 de octubre de 2022
La importancia de leer la literatura de nuestros pueblos
Cada
escritor tiene su pueblo, real o ficticio pegado transversalmente en sus
neuronas. Vemos así a Macondo, de García Márquez; a Comala, pueblo fantasma de
la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo; también están las arcadias o puntos
imaginarios, llenos de felicidad, que cada escritor trata de alcanzar. Es así
que mi punto central (fiel de la balanza) narrativo es Sullana. Aún las suelas
de mis zapatos –por si acaso- siguen impregnadas de yucún, ese pegajoso
polvillo salitroso y etéreo que se levanta en cada pisada que damos y que se
adhiere a nuestros poros para la eternidad. Convirtiéndose en el perfume
identificatorio de todo norteño -lo digo con sinceridad-, ese vendría a ser
nuestro carnet de identidad, único en el universo provinciano.
Lógicamente,
el estilo en cada escritor nacido en un punto geográfico es sui géneris, debido
a que cada uno de nosotros absorbe como esponja lo que nos rodea. Y la variedad
saltará a la vista, desde la lectura del primer párrafo de la historia que será
contada ya sea en tono intimista o abiertamente universal, si el escritor ha
leído textos de otras latitudes. El intercalar palabras usadas en su diario
vivir -oralidad regional- con las aprendidas o prestadas de textos escogidos,
le permite estructurar mejor sus historias. En tanto el mundo se haga pequeño y
seamos asediados por los medios de publicación masiva –cibernética/internet-,
se correrá el peligro de perder la esencia de nuestra oralidad tan peculiar.
Ante esta
realidad, sería conveniente que quienes estamos en este circuito mágico de
crear literatura –narrativa y poesía- nos interesemos en hacer saber a los
estudiantes que otros escritores nos antecedieron y debemos crearles la
necesidad imperiosa de repasar o de leer sus obras literarias. Eso depende de
las personas que dirigen la enseñanza en los colegios y están llamadas a
hacerles recordar que la educación no se mide por la forma de hablar sino por
la esencia que haya quedado en la mente y corazón de esos niños que pronto
tomarán protagonismo. He visto por las visitas que he hecho a colegios de
provincias y de Lima, que ciertas personas –la minoría- abusando de la avidez
de los niños y niñas por conocer nuevos mundos, a través de la lectura, se han
vuelto escritores a las volandas; astutamente visitan colegios y con un
lenguaje suculento inducen a los alumnos a comprarles sus libros mal
estructurados. Vil manera de hacerse la vida.
Me apena
recalcar esto, pero, si nosotros no jugamos limpio con esas mentes en
formación, el día de mañana, al cruzarnos con ellos por las calles del mundo,
quizá seamos motivo de burlas o de rechazo o de gestos de indiferencia. No
olvidemos que en esta corta vida todo se revierte. Tarde o temprano,
ellos serán nuestros jueces.
Eduardo Borrero VargasLima, miércoles 12 de octubre del 2022Derechos Reservados.-
domingo, 9 de octubre de 2022
EL HAZ Y EL ENVÉS DE LOS PUEBLOS…
EL ENVÉS DE SULLANA
Aunque se
desconoce el año o el siglo de los siglos perdidos en la memoria, cuál Tallán
la narró, es de creer que sucedió así, porque sigue grabado en la memoria de
los descendientes que aún cruzan por esos arenales calenturosos. Se cuenta en
las sagradas leyendas tallanes que un día, que no se puede determinar porque en
esos albores no había días ni semanas como los conocemos ahora, sino
simplemente siglos que pasaban de largo encajándose naturalmente en la
continuidad del quehacer humano, los tallanes convocaron a todas las aves y
animales de la comarca. A las aves les encomendaron buscar una lomada cerca de
un río caudaloso y que la demarcaran defecando sobre ella. Sitio exacto, donde
ellos, más tarde, levantarían sus moradas. A los animales les encomendaron que
una vez asentados en ese lugar ocuparan bosques, valles, holladas, quebradas,
cuchillas, cerrerías, “ojos de agua” y se multiplicaran por los alrededores
donde encontrarían sana y abundante comida. Así pues, prosigue la leyenda oral
referida, “seremos confrontados con gente del otro lado del mundo. De nuestra
chicha de maíz alborotadora beberán los dos pueblos, nos mestizaremos, pero
prevalecerán nuestras costumbres y nuestras voces serán cantarinas y pausadas
con precisos e inocentes ¡guas! Y los ojos siempre mirarán al envés, porque de
ese lado converge nuestra naturaleza”.
He aquí
que se cumplió lo narrado oralmente por ese tallán. Esa comarca, después de
muchos deslindes de “toponimólogos”, concluyó que esa lomada llamada Sullana
debería llamarse Sullana. Grata la noticia, porque nos dio derechos y una
identidad muy curiosa, que no la tienen otros pueblos, la de ver más allá del
envés. Ciertamente, para dejarlo bien sentado, al nacer Sullana el gentilicio
de “Envés Sullanero” ya es parte de nuestras herencias. Entonces, queda en
claro que los sullaneros al ser miradores del envés vemos las cosas de una
forma distinta o peculiar. Esta peculiaridad nos encamina a ser fabuladores,
cuenteros, noveleros, historiadores, chamanes, imagineros, moneros, poetas,
músicos, cantores, pintores, compositores, maromeros y sujetos presa de
temores, fantasmas y aparecidos. Vivimos atravesados por un río generoso pero
repleto de iras y de árboles, de arbustos y flores insondables. No nos
encorajinamos si nos llaman burros, caballos, mulos u otras expresiones
alusivas a los animales, pues eso somos, animales pero inteligentes y
creativos. Ese es nuestro mundo rayano a la locura, pero somos libres como una
cometa soltada al viento.
Lo
escrito arriba es una manera de prepararlos a ingresar a lecturas fantásticas o
llamémosles “Cuentos Irracionales”, “Cuentos Patéticos”, “Cuentos Distraídos”,
etc., ya que ninguno de ellos está sujeto al tiempo, a la rigidez de la
realidad, a la memoria traicionera. Simplemente, son juegos virtuales que
aparentan ser verdaderos. Ustedes, quienes los lean, sacarán sus conclusiones.
Y a estos sullaneros, se preguntará mucha gente, ajena a nuestro universo… ¿de
dónde diablos les viene el envés?
Eduardo Borrero Vargas
jueves, 6 de octubre de 2022
SEPTIEMBRE, UN HIMNO A NATALÍ
Hace
poco, dudando si entrar o no a la casona de San Marcos, oí a lo lejos:
Mi
memoria musical se activó…me acerqué para oírla más claramente. Los hermanos
Arriagada cantando esa canción. Se me alborotaron los sentimientos. Retrocedí a
los años sesenta. El parque universitario lucía su verdor primaveral. Tiempos
viejos: de estudios, apasionamientos, dudas, enamoramientos, sueños y viajes
fantásticos. Nuestra imaginación volaba lejos. Europa era nuestra máxima
ilusión y Rusia el país ideal a alcanzar. Y llegar a conocer a esa Natalí, como
la describe la canción cantada por Los Hermanos Arriagada, se convirtió en una
obsesión enloquecedora:
de la revolución de Octubre.
y yo pensaba ya, que de la tumba de Lenín,
iríamos al café Pushkín a tomar chocolate.
la plaza roja desierta;
rubio era el cabello de mi guía, Natalí, Natalí.
¿Qué
joven universitario, no estaba enamorado de Natalí, de esa rusa rubia, de ojos
profundos y hermosos? ¡En ella estaban reunidas todas las mujeres del mundo!
¡Qué interpretación la de los Hermanos Arriagada! En la cantina, donde solíamos
reunirnos, por el Jirón Huanta, cerca de la casona vieja de San Marcos,
escuchábamos nuestra canción favorita. La rockola de su cantina de medio pelo,
no cesaba de sonar: Natalí…Natalí…máquina angurrienta, por las monedas de los
compañeros que se levantaban a apretar la tecla sucia y borrosa, para seguir
oyendo Natali. Enardecidos por el licor con mis amigos, seguíamos la letra con
emoción, mientras jugábamos a los dados. Nadie quería perder. Sacar cinco ases
era imprescindible, para mantener los bolsillos a salvo. Teníamos tres
oportunidades para lanzar los dados. El último intento era el de la verdad. Nos
concentrábamos. Tomábamos el mejor cubilete. Lo mirábamos con respeto. Hasta
que por fin nos decidíamos. Lo levantábamos con sumo cuidado, como si
tuviéramos en nuestras manos una imagen sagrada. En ese momento, no había nada
en el mundo que nos distrajera. Era tan sólo el cubilete y el jugador. Lo
sacudíamos debajo de la mesa. Lo soplábamos tres veces. Un golpe fuerte en el
codo. Mano en alto y ¡zas! cubilete boca abajo sobre el tablero de la mesa y,
en un hábil movimiento de muñeca veíamos saltar y rodar sin rumbo fijo los
cinco dados y el que los había tirado hubiese querido tener una mano invisible
para acomodar las caras a su conveniencia. Pero estos benditos cuadrados
enseñaban la cara que les daba la gana. Las exclamaciones no se dejaban
esperar: unas eran de alivio y otras de rabia. ¡Desgracia, gritaba el perdedor!
No había otra oportunidad, la suerte le había sido adversa. Descorazonado, mascullaba:
¡Que mala leche!
Moscú, los llanos de Ucrania y Les Champs Elysées
Oh, de todo se habló, después cantamos;
Luego ellos muy alegres, abrieron botellas
De champagne de Francia, luego bailamos…
Así
pasaban las horas. Todos sudábamos frío. Mentalmente, hacíamos inventario de
las monedas de nuestros escuálidos bolsillos. ¿Y ahora, dónde conseguimos
dinero? Discusiones iban y venían. Nadie quería asumir la parte de su deuda.
Caramba, hagamos un fondo y demos solución a este asunto. Disimuladamente,
alguien se acercaba a la rockola metía una moneda y nuevamente “Natalí” llenaba
la cantina. La paz nos alcanzaba y la ternura nos tocaba el corazón y,
abrazados, cantábamos la última estrofa… “Qué vacía se quedó mi vida…más
sé que un día en París…seré yo quien servirá de guía, Natalí, Natalí…”.
Cabizbajos
y en un silencio total, caminábamos por la calle, como condenados camino al
cadalso. Tristes los limeños se encaminaban a sus casas y los provincianos,
añorando el calor del hogar, a sus pensiones. La resaca del día siguiente se
convertía en triunfo. Habíamos cambiado el mundo, pensábamos: total, solo
éramos unos quijotes peleando contra molinos de viento. Pero también llegaban
nuestros “DIES IRAE”. Al salir de la cantina, la locura nos invadía, era como
si en ese momento nuestro cerebro fuera marcado con fuego por el Réquiem de
Mozart donde el compositor lucha contra Dios con su única arma, la música.
Contra ese Dios a veces tan benévolo y otras veces tan cruel. ¡Nuestra
existencia no tiene sentido!, murmurábamos. ¿Por qué Dios había tenido la
desvergüenza de traernos a un mundo trastocado? ¿Quién lo autorizó…? La vida es
una mierda, gritábamos a gañote limpio. En la acera opuesta, un borrachín
contestaba: ¡Si la vida es una mierda, el suicidio es un deber!
Otras
veces, por revoltosos terminábamos en la comisaria. El comandante del puesto
policial nos hacía formar en fila india. ¡Somos universitarios sanmarquinos!
Nuestra frase mágica surtía efecto. Por esa época, a los universitarios no se
les podía detener en las comisarías. El comandante, llamaba al cabo y con voz
marcial ordenaba: ¡Esos zánganos afuera! En otras oportunidades, los desmadres
sí que eran grandes. Una vez, ya atardeciendo, en la puerta de la cantina de
Cabrera, nos topamos con un capitán de la Guardia Civil. Han pasado los años y
hasta ahora no logramos descubrir quién encendió la mecha. De repente, vimos al
capitán en el suelo forcejeando con el Negro. Tratamos de ayudar a nuestro
amigo, pero el Capitán hizo el ademán de sacar un arma. Huimos despavoridos. A
una distancia prudente azuzábamos al Negro: ¡corre¡… ¡corre¡ En un esfuerzo
sobrehumano el Negro se zafó y salió disparado por el Jirón Huanta. Llegaron a
la esquina del jirón Puno y el Negro vio al frente el Jardín Botánico. ¡Lo
atraparon! No, porque en un arranque de desesperación el Negro se impulsó y
saltó como un felino el muro de adobe de cuatro metros. El capitán se quedó
atónito, miró a su alrededor. Retrocedió al jirón Huanta, montó en su auto y se
alejó. Nos acercamos sigilosamente al muro. ¡Negro¡…¡Negro! Pasaban los
minutos. Cuando a lo lejos escuchamos ruidos de alguien corriendo y gimoteando:
¡Auxilio¡…¡Auxilio¡… Cuando nos alistábamos para ayudarlo, sentimos un golpe
seco a nuestras espaldas y ahí milagrosamente estaba el Negro parado,
tembloroso y castañeteándole los dientes. ¿Qué había pasado? En su frenética
huida, el Negro pensando que el policía había logrado saltar el muro, siguió
esquivando los árboles del Jardín Botánico, hasta topar con otro muro más
pequeño. Trepó y se dejó caer al otro lado. Cayó sobre cuerpos y, pensando que
eran alcohólicos acurrucados para darse calor, les pidió disculpas. Para
tranquilizarlos, les habló en voz baja…compañeros de infortunio…un policía me
persigue. Seguidamente buscó un rincón para acomodarse y recuperar el aliento.
Pasaron los minutos. Sus ojos se acostumbraron a la penumbra. Con detenimiento
observó que los cuerpos no se movían y desprendían un olor fétido. ¡Son
muertos!, gritó espantado. En pocos, segundos saltó la tapia. Tomó el camino de
regreso. Esta vez no era un policía quien lo perseguía sino un ejército de
muertos resucitados por algún conjuro. Nosotros nos quedamos mudos.
Petrificados por el terror. Regresamos a la cantina para comentar este
incidente terrible. ¡Negro, has estado en la morgue! ¿Pero por qué tantos
cadáveres tirados en el suelo? Estuvimos un rato más, para apaciguar nuestras
almas y luego nos retiramos con el espanto pegado a las espaldas. Esa noche sí
que tuve pesadillas. Amaneció y me alisté para las clases de la universidad.
Como de costumbre, me dirigí a tomar el reconfortante y vitaminizado desayuno
del comedor de estudiantes, llamado “la muerte lenta” que quedaba en el Jardín Botánico,
al costado de la morgue. A los estudiantes universitarios, la escasez de
monedas nos empuja a ser expertos lectores de primeras páginas. Este hábito me
llevó a un puesto de periódicos, repasé al ojo todos los titulares… el de La
Ultima Hora…me llamó la atención…en letras mayúsculas se leía la trágica
noticia: “Veinte fríos…pelona se los llevó…chofer maldito fugó”. El destino le
había hecho una perrada al amigo.
Sartre
nos ponía en jaque con su “Ser y la Nada” y Camus con su “Mito de Sísifo” o el
“El Extranjero” al borde de la locura. A veces, nuestras respuestas eran
optimistas, otras, fatales. Como cuando recordábamos “El Extranjero” de Camus y
comentábamos: ¡la muerte da igual a los veinte, treinta, cuarenta o sesenta…! Y
cantábamos:
Ya no hubo más preguntas sobre la revolución de Octubre;
Ya no estábamos allí, se acabó la tumba de Lenín,
El chocolate del café Pushkín, todo lejos quedó.
Cuando despertamos de este sueño, la realidad nos golpeó la cara tan fuerte que hasta ahora permanecemos aturdidos. Nuestro mundo virtual se derrumbó. La suerte, que para mí, es como cuando un gallinazo volando a gran altura se caga sobre miles de personas y la cagada aterriza sobre la cabeza de un desprevenido caminante de esta vida y se pregunta: ¿Por qué a mí?. Así sucedió, la fortuna nos fue adversa. De nuestro grupo, nadie viajó a Rusia, creo que solo llegamos a Trujillo por el Norte, Huancayo por el Este, Ica por el Sur y por el Oeste al mar, hasta donde nos alcanzaba la vista. La imagen de nuestra Natalí fue borrándose. Pero no por eso dejaremos de pensar en ella. Nuestra compañera de esa aventura universitaria, vivirá eternamente joven y hermosa.
Más sé qué un día en París…
martes, 4 de octubre de 2022
SULLANA...COSAS QUE SUCEDEN…
1.- Nuestra amiga Marianela Mora Chorres con tesón y valentía
recuperó la Sala Víctor Borrero Vargas. Ahora se podrá usar para la
presentación de eventos culturales.
2.- El alcalde Power…está con la Alcaldía de Sullana
intervenida…por uñas largas.
3.- Ojo Escritores JODSAN, Yacky, Irayda, Jenny Vallejo etc…etc.
Pasen la voz los escritores, poetas, pintores…Que Sullana a partir de ahora es
libre para alzar su voz.
4.- Que el amigo que maneja “El patronato Cultural de Sullana”
renuncie (amigo de Power Saldaña) y que de aquí en adelante el cargo debería
ser de dos (2) años. Sugiero.
5.- Sullana siempre con un pie adelante… ¡Dios nos Bendiga!
En el Día Internacional de la
Paz, los escritores (damas y caballeros) de Editorial Hispana USA envían sus
mensajes de paz al universo a través de su pluma del amor y el entendimiento.
Sin paz no hay progreso y no hay
vida plena. ¡Viva la paz, viva la vida!
sábado, 1 de octubre de 2022
Los 90 años de Luz F. Borrero Vargas
Los maravillosos noventa años de mi hermana
Luz Francisca Borrero Vargas
Sábado 01 de octubre del 2022
lunes, 22 de agosto de 2022
FLASH…FLASH... "LAS MIL FRASES"
1.- Un niño le enseñó una casa prisionera del olvido. Intentó tomar
posesión de ella. Entendió rápidamente que al tomarla negaría su ser.
2.- Entendió en un escondido desierto solitario, que dos puntos
equidistantes jamás podrán juntarse.
3.- En el dintel de las verdades, aprendió que es malo vivir
colgado de las mentiras.
4.- Tomar el tiempo perteneciente a otros, rodando cabezas con una
segadora hambrienta.
5.- La vida es una obra de teatro cíclica puesta en escena por un
tramoyista en complicidad con un Director mal intencionado.
6.- De golpe adquirió conciencia de sí mismo y se comportó como un
monstruo humano.
7.- Nosotros los humanos obedecemos a una lógica perversa
transmitida por nuestro código genético.
8.- La vida es una melodía hermosa que fluye a cuenta gotas de un
piano sin teclas.
9.- El hombre en su magnitud engañosa suele caminar en dos patas y
en otras lo hace como un ser de cien, reptando en los bolsillos de los demás.
10.- Cuando converses con un hombre ten en cuenta que, al tener mil
caras, no sabrás con cuál de ellas estás hablando.
DISTINCIÓN Y/O RECONOCIMIENTO













