miércoles, 30 de junio de 2021
Carlos Hugo Garrido Chalen (Breve reseña)
martes, 22 de junio de 2021
La Última Cena... Un día llamado Jueves Santo
Florentino Azambuja, nacido en Sullana, había firmado
un compromiso con un desconocido, en una noche sumada a ingentes noches que se
habían cruzado justo en ese segundo en que tuvo la idea de ahorrar unas cuantas
leguas de camino. ¡Después de otra suma de siglos, sigue envuelto en esas
divagaciones! ¿Qué fuerzas extrañas lo empujaron a firmar un acuerdo tan
nefasto para su sobrevivencia? ¿Por qué lo hizo? ¿Por ahorrar energías
mentales? ¿Su muerte? ¿Su vida? ¿O jugar a la eternidad? Lo relevante es que cada
“Jueves Santo”, en el monte elegido, se reunía, según lo pactado, con otras
personas de rostros ahuecados, sumando con él doce personas.
Con ellas se acomodaba alrededor de una piedra plana y
comían de un cordero que les iba ofreciendo partes magras de otros corderos que
balaban en sintonía con el silencio. Poco a poco, las once figuras grotescas
iban retrocediendo, hasta confundirse en las noches de las noches sepultadas.
Florentino Azambuja, al despertar por las mañanas
siente cosquilleos en las manos y en los pies, a lo cual él no da importancia.
Ahora sabe con certidumbre que estará envuelto en esas sensaciones, hasta que
el mundo decida reescribir su historia.
Eduardo Borrero VargasLima, jueves 18 de abril del 2019Obra: Cuentos Parabólicos –“La mirada del terror” (Pag. 33)Derechos
Reservados
martes, 15 de junio de 2021
Poema "Amor baldío"
Amor baldío No creas que me he olvidadodel juramento que nos hicimosbajo aquel fiel aromo solitarioen la curva de los llantos fríos.hoy mi gran zozobra me induceha retomar mis pasos grabadosen tus silentes labios ausentesen el río de los recodos ciegos.¡Ah! aromo de hojas perfumadas¿Por qué huir de mis angustias?¿No te duele ver mi alma baldía?¡Amada tu nombre se ha borrado!pero guardo el calor de tus labiosen mi médula de hombre solitario.
Eduardo Borrero Vargas
Poema “Amor baldío”
publicado en la edición 402, Lima julio del 2020, año XLVII de la revista cultural
“La Tortuga Ecuestre” bajo la dirección de Gustavo Armijos, presenta una breve
biografía de Borrero que dice así:
Eduardo Borrero Vargas,
nació en Sullana el siglo pasado. Narrador, poeta y amante de la literatura.
Tiene tres poemarios publicados: “Alma del norte”, “Bosques secos I” y Bosques
secos II”; una novela: “Tras las huellas del capitán Peche Pereche” y varios
libros de cuentos de ficción y terror. Ganador del premio “Amauta” del Gremio
de Escritores del Perú. En total ha producido catorce publicaciones y varias plaquetas.
Estudios superiores en la Universidad San Marcos. Este año publicará dos obras
más.
jueves, 13 de mayo de 2021
Literatura piurana 2017
Piura es culturalmente hablando, una de las regiones más
vitales del Perú. A pesar de los designios turbulentos y los riesgos fatales
que nos manda el rigor (¿divino o mundano?) de la naturaleza. Hacer un balance
del balance actual de la literatura piurana publicada y leída en el año 2017,
rompe en primer lugar el tradicional aspecto geográfico que antes tenía fuerza
para una interpretación correcta desde la crítica literaria. El rumbo literario
viaja ahora hacia afuera y hacia adentro. Fue un buen año para la literatura
piurana. Se consolidó una vez más el trabajo literario de los escritores y
poetas que viven y trabajan en el exterior, sin dejar de lado el recurrente de
los clásicos temas piuranos: lo místico, el costumbrismo, la violencia, el
humor, lo romántico, el universalismo, y otros ismos que ya estaban vigentes.
Roger Santiváñez (que reside en Filadelfia) regresó para presentar en
Piura, con un año de tardanza, su libro “Sagrado” (Editorial Paisa), un
esfuerzo tenaz con el lenguaje por cambiar la tradición poética de la tradición
hacia otra de vanguardia. Santiváñez ha sido el poeta más constante en publicar
poesía en el ámbito internacional. La poesía piurana ha tenido este año sus
destellos internacionales en los nombres de José Briceño Berrú (Milán, Italia), José Quevedo (Bonn, Alemania) y Mario Wong (París, Francia), Delia
Cabrera (D. F. México) e Isella
Carrera Lamadrid (Santo Domingo).
Julio León (que radica en New York) presentó en
la FIL de Lima y en Sullana su trabajo “El mundo al revés. Estudios y anotaciones
en los Zorros de Arguedas”, que apuntala la inquietud arqueológica de
Arguedas, explica los gestos heterogéneos y las “cicatrices de la pobreza” de
una urgente actualidad en las migraciones urbanas del país, cuarenta años
después de la publicación de la novela de Arguedas.
La novela “Faite” (Arcángel San Miguel)
también fue presentada tardíamente en horarios distintos en Piura, pero ha sido
la consagración definitiva Cronwell Jara
Jiménez como narrador y poeta. “Faite” es una ficción-real que exalta la
miseria vivida por ciertos personajes de los barrios, donde emerge una
sabiduría popular solvente. “Faite” se afeita frente al espejo de la dura
realidad, donde se humilla la vida misma, donde sobresale la experiencia de un
ser hábil para sobrevivir.
Eduardo Borrero Vargas sorprendió
todas las expectativas al publicar un hermoso libro “El creador de universos”
(El gato descalzo, 2017) un conjunto de mini ficción que ubican al escritor
sullanero como uno de los más destacados narradores en este interesante género
de expectativa fantástica, avanzando hacia la narrativa de horror, terror y
ciencia ficción.
El fondo editorial de la municipalidad de Sechura presentó
en la FIL de Lima dos libros de narraciones del paisaje lleno de mar y
desierto, donde aparecen las vivencias del pueblo pescador, campesino y
artesano: “El viejo pescador” y “El médano blanco”, un conjunto de
escritores sechuranos: Eugenio Amaya
Chunga, Santos Liborio Fiestas, Carlos Pastor Pérez, Jorge Tume Quiroga, Juan
Antón y Galán, Rufino Fiestas, David Ramírez, César Arrunátegui, Armando
Arévalo Zeta, que acompañan al recordado Jorge E, Moscol Urbina.
Gonzalo Higueras con su novela “Calima” (Atalaya) aborda
una visión de Lima aristocrática tal como Dante lo hizo en la Divina Comedia.
Higueras deja por el momento el tema piurano de “El último tallán”. “La
máquina de la fe” de Roberto
Talledo y “Un rebuzno en lontananza” de Teodoro Alzamora suman obras consagradas a las experiencias de
otros narradores como Dimas Arrieta
y José Lalupú.
En poesía destacó la publicación de “Ausente ardor de arena &
algarrobos. Antología de la poesía piurana contemporánea” que tuvo como
compilador a Miguel Ángel Hernández
Sandoval y editor a Jaime Gamarra
Zapata. Es una buena antología donde destacaron algunos poetas jóvenes como
Márlet Ríos, Fernando Casanova, Danny
Cruz y Fabián Bruno.
“El torna sol” (Hipocampo editores) de Cynthia
Briceño fue el libro más destacado de poesía piurana publicado este año. Desde
ya es consagración literaria de Cynthia Briceño. La revista sullanera de
literatura “Siete vientos” que dirige el incansable Houdini Guerrero llegó al número 32 celebrando 28 años de vigencia
plena. Lo mismo, la revista “Voces” que dirige Amalia Cornejo y Talía Vargas, dedicó
su carátula al centenario del nacimiento de Edmundo Cornejo Ubillús, los
residentes huancabambinos en Lima festejaron una emotiva tertulia literaria. En
las redes sociales destacaron las publicaciones espontáneas de otras voces
poéticas como Yaky García y Yeylli Rosmery Rivera Arévalo.
El instituto “Raúl Porras Barrenechea” le hizo un discreto
homenaje a Gladys María Pratz, por
su implacable trayectoria artística y literaria. Fue un año triste también para
la cultura y la literatura piurana, falleció el Lima (Chosica), Raúl Estuardo Cornejo a los 84 años,
uno de los más destacados escritores por su libro “El alma de Piura, elogio a un
sentimiento”.
Artículo
de Armando Arteagapublicado
en “La Semana”, Pág. 15, suplemento del diario “El Tiempo.Piura,
31 de diciembre 2017.

Eduardo Borrero V.

lunes, 26 de abril de 2021
El mundo es de los niños... De halcones y de palomas
Melquiades era consciente de que, al tener a Caín y Abel dentro
de su cuerpo, alguna noche, mientras durmiese, el segundo mataría al primero;
saldando de esta manera, una deuda que traspasaba las puertas del tiempo. Por
fin se libraría de Caín, aquel que lo había hecho prisionero de su maldad.
Del
libro “Misterio y otros abismos” (Pag. 41)
Por el
año 2015, publiqué un libro de relatos breves titulado “Del misterio y otros abismos”.
En él hago un recorrido metafísico del ser humano tratando de darse
explicaciones de su propia existencia, en un mundo donde el tiempo implacable
lo va empujando irremediablemente a la muerte. Lucha, entonces, contra lo que
él en su locura extrema llama la maldición de un Dios invisible, de ese “Ojo”
que todo lo ve. Y se siente apabullado por esa fuerza inconmensurable, a la que
por ratos le teme y por ratos reta con acciones deplorables como la guerra que
desata alrededor del mundo, según su mente deformada, para regular la población
mundial y la riqueza. Y salen de sus guaridas llamadas naciones a matar con sus
hordas salvajes -a mansalva y con armas sofisticadas de última generación- a
cualquiera que se oponga a sus apetitos de conquista o expansión geopolítica.
El dominio militar del hombre por el hombre es su bandera, no hay nada que los
detenga, su desesperación por avanzar raya con la locura y no se contentan con
la conquista de kilómetros cuadrados, sino que el dominio debe ser total,
ayudándose con teorías y tecnologías nuevas, para crear confusión y sumirnos en
mares de aparentes espejismos de felicidad.
Mientras
tanto, las palomas blancas con sus ramas de olivo vuelan como contrapeso a esos
humanos descastados, vestidos de grises, que viajan en avión a conciliábulos,
con sus bolsillos repletos de bombas atómicas para tratar temas sobre la paz
mundial. Las palomas de la paz no están invitadas a estos eventos, pero
ocasionan ardores vergonzosos en estos clubes apocalípticos. Tan es así que
cazadores dotados de fusiles milimétricos van tras ellas y no logran
derribarlas, por más que las ametrallen con la saña acumulada desde que el
mundo fue creado. Loa a estas palomas blancas que luchan por salvar al mundo y
dotarlo de una mística celestial, en la cual la vida pueda seguir su curso
natural y los desplazamientos humanos no sean forzados sino más bien una forma
natural de pasar fronteras, para gozar del mundo a sus anchas.
No
agotemos los esfuerzos y construyamos rutas seguras para alcanzar ese mundo de paz
que tenemos al alcance de la mano y que dejamos escapar por egoísmos
demoniacos.
Eduardo Borrero VargasLima, domingo 05 de mayo del 2019Derechos reservados.
sábado, 24 de abril de 2021
Y la historia se repite… el hombre araña
Los
enemigos del Hombre Araña se apoderaron de la ciudad de los rascacielos y lo
expulsaron a una minúscula ciudad más allá del río Bravo. Desconcertado y con
sus poderes disminuidos siguió bajando hacia el sur. Los pobladores de los
pueblos por los que va cruzando se burlaban de él por su apariencia desteñida y
por su raído traje emblemático. En uno de esos pueblos vio unos letreros
luminosos que anunciaban el estreno de una película del Hombre Araña. Entró a
la sala de cine cuando las luces ya estaban apagadas, al verse saltando con sus
poderosas hilos de araña más fuertes que cualquier cuerda de nylon de alta
tensión, de edificio en edificio, sus emociones lo traicionaron y grito: ¡Ese
que está en la pantalla soy yo!
El
público asistente al verlo parado cerca de la pantalla, con su uniforme hecho
pedazos y su evidente desnutrición, no hizo más que estallar en una rotunda
carcajada. El Hombre Araña huyó amparado en la oscuridad. Persistente, bajó
cada vez más al sur, hasta que sin saber por qué llegó a un pueblo diminuto
pegado a un río famoso llamado Chira. En ese pueblo, en el que todas las casas
se reducían a viviendas de un solo piso, no se sabe quién (aunque se supone que
fue el loco que un día quiso ser El Zorro) lo convenció que debajo del pueblo
había sótanos con edificios boca abajo. Por fin el Hombre Araña encontró su
destino. En esos sótanos sin límites ahora impera la justicia subterránea.
viernes, 23 de abril de 2021
Enigmas

Un caminante un día me preguntó
¿Qué es lo que más extrañas?
¡Mi nombre!, le contesté,
¿Y dónde lo perdiste?
En un viejo árbol de naranjo
¿Y por qué tú nombre en un árbol escrito está?
Mi padre ahí con amor lo grabó
¿Y no encuentras el viejo naranjo?
¡No, por ahora no, la riada se lo llevó!
¿Y si no lo encuentras que harás?
¡Lo encontraré!
¿Por qué estás seguro que lo encontrarás?
¡Porque mi padre junto a él me esperará!
Eduardo Borrero VargasLima, domingo 11 de abril del 2021 Derechos Reservados.Poemario “Alma del Norte”
miércoles, 21 de abril de 2021
TINGA-AL, el alfarero (Leyenda Tallán)
…No hubo palabras sobrantes sino
las necesarias para que el sacerdote, de vestimenta lujosa y llena de
ornamentos, le comunicara lo siguiente: Agradecido deberás estar con mi señor
Pushia-Sec, dueño de comarcas situadas más allá de donde nace el gran río
Turicarami y de ingentes riquezas, sitio en que hablamos otras lenguas, y de
costumbres distintas a las de ustedes. Lunas sobre lunas te hemos venido
observando y nuestro Pushia-Sec conocedor de tu arte excelso ha decido
ofrecerte a su hermosa hija púber, Leti-Inim, deseada por muchos hijos de
cacique en edad casadera. Con ella tu dignidad alcanzará a la de un príncipe y
tu oficio de alfarero crecerá hasta alcanzar el universo donde moran los dioses
poseedores de todas las artes. A cambio de esta gracia, a mi señor cacique le
deberás ofrendar diez tinajas de barro –le enseñó las dos manos abiertas- del
tamaño suficiente para que en ella se acomoden diez escogidos por mi señor, que
lo acompañarán a un viaje largo que deberá emprender pronto. En diez veces
lunares, en una noche oscura como ésta, estaremos de vuelta. Esa noche te
llevaremos en una litera espaciosa y tus ojos no acostumbrados a la oscuridad
de las noches no te permitirán ver los alrededores. No lo tomes a mal son
nuestras costumbres, conocemos a la perfección cuales son las noches favorables
que nos permiten acortar espacios y desplazarnos a puntos alejados con la
velocidad del rayo lo que a otros le demandarían años solares. Sin más que
añadir me despido y cumple con el compromiso. Sé que eres un joven de palabra.

Tinga-Al estupefacto repasó
detenidamente el compromiso adquirido y supo a partir de ese instante que el
presentimiento que lo había estado persiguiendo estaba por convertirse en una
realidad. Rediseñó los hornos y sus manos asombrosas le fueron dando forma a
las vasijas calculando con exactitud el volumen correcto para albergar
cómodamente personas, mudas de ropa, alimentos y chicha de jora para un largo
viaje. A medida que iba involucrándose en su labor, dejó de pensar en esos
viajes engorrosos ofrecidos y su mente fue ocupada por cientos de fórmulas
complejas que le permitirían alcanzar el ideal de las mezclas de las arcillas,
el grosor de las paredes, el peso y sobre todo que su cocido sea parejo, para
que a lo largo del recorrido no se resquebrajen.
En ese intenso trajinar, el joven
alfarero, olvidó por completo que él era parte de ese pacto. Cercano al décimo
mes lunar, en que la comitiva regresaría por el encargo, Tinga-Al como picado
por una avispa despertó y tomó conciencia de lo que tendría que dejar atrás.
Pensó en escaparse, pero su padre Tipac-Ñan le había enseñado el valor de la
palabra empeñada. Contempló la explanada en la que cuidadosamente había
acomodado en hilera las diez vasijas. La verdad –se reafirmó- son la expresión
genuina de mi arte, nadie podrá discutir mi autoría. Tomando aliento varias
veces se distendió y sin esforzarse demasiado se sumió en el silencio que
precede a lo indescifrable.
Esa noche Tinga-Al, durmió
profundo, como si nunca hubiese dormido y sus alargadas vigilias se tomaron la
revancha y lo sujetaron en sus aposentos: sin movimiento, estático, amarrado
con ropaje de recién nacido en el que solo sus ojos podían girar en todas las
direcciones. Quiso gritar y de sus gritos solo hervían gemidos tan espantosos
que él mismo se negaba a creer que salían de su propia boca. En ese estado no
logró contabilizar la cantidad de noches y días que habían pasado antes de
despertarse.
Sabía que no había probado bocado
alguno sin embargo se sentía pletórico de fuerzas. Al cargar una nueva
medianoche otra vez se repitió el fenómeno: la claridad de la luna llena fue
invadida por la oscuridad, y el mismo mensajero con su comitiva se acercaron y
Tinga-Al fue levantado en vilo y acomodado en una litera lujosamente decorada,
emprendieron camino con tal habilidad que el joven alfarero no sintió los
desniveles que él imaginaba iban ser abruptos. Muy de cerca a sus oídos, le
llegaba el rumor de la torrentada del río Turicarami y una que otra voz de
mando quebrando la horizontalidad del silencio. Y en medio de esa monotonía no
pudo modular melodías y le incomodó sobre manera que su madre lo haya dejado
tan criatura y que su padre no lo haya inducido ni siquiera a tatarear
canciones de cuna que tanto le hacían falta en estos momentos de incertidumbre.
Y ni siquiera el ave negra, conocedora de las penumbras, lo acompañaba con sus
yaiau…yaiau…yaiau, dolorosos.
De pronto, sin saber de qué lado
provenían, le asaltaron visiones como si le hubieran dado de beber un brebaje y
alucinó que su viaje sería tan largo pero tan largo que alcanzaría la eternidad
y su corazón se aceleró y sintió en su pecho: pum…que en la vasija que lo
precedía conocería a la doncella Leti-Inim; pum…que no cruzarían palabra;
pum…que solo la tomaría de la mano; pum…que la de color rojizo sería la vasija
funeraria del cacique de caciques Pushia-Sec, de su séquito de lloronas, de sus
guerreros escogidos y de sus sumos sacerdotes; pum… que en la vasija de finísima
confección irían la esposa, hijos e hijas; pum… y que el resto de las vasijas
estarían destinadas para los vasallos y familiares de menor categoría; pum…
lloró ríos lágrimas al recordar que el fuego sagrado tan apreciado por su padre
se iría extinguiendo hasta desaparecer y sus cerros de arcilla negruzca se
desplomarían hacía el fondo de la tierra; pum…que las aves yaiau volarían de
comarca en comarca anunciando sus desgracias; pum…que su linaje quedaría
desbastado; pum…que las diez vasijas quedarían enterradas bajo tierra fofa y
salitrosa; pum…que no quedarían testigos porque a la realeza no les gustaba que
sus tumbas sean profanadas; pum…que sentiría su boca dando bocanadas; pum…que
sus pulmones reventarían por falta de aire; pum…que soltaría la mano Leti-Inim;
pum…que escucharía el último latido de corazón; pum…que luego vendría el
silencio que él ya no escucharía…; y, pum…quizá volvería a ver el rostro de su
madre.
Eduardo
Borrero VargasLima,
lunes 05 de abril del 2021Derechos
reservados.
domingo, 18 de abril de 2021
Celebración del sueño y la palabra
Extraños
y paradigmáticos son los casos en que el Arte despliega su inconfundible fulgor
por el torrente sanguíneo de dos parientes. En nuestra patria, mi memoria sólo
aprehende a los Palma, los Peralta, los Peña Barrenechea, los Valcárcel, los
Chávez y los Silva Santisteban. Y en Piura, sólo a los Velásquez, los Arrese, los
Rebolledo, y a los Ipanaqué (Ripagal y Riggesus). Pero, para goce de quienes
creen que no hay quinto malo, a estos apellidos lustrosos viene a sumarse el de los Borrero
Vargas: Víctor Nemesio y Eduardo Agustín.
Eduardo
-a diferencia de Víctor, que ya hace veinte años acentuóse en la Literatura Peruana
como narrador consumado, resulta ser todo un descubrimiento en el epílogo de
esta década: vital pero clandestino, ocupaba -silencioso y sin premuras- el
fondo de la placenta.
Víctor
había sostenido alguna vez que "la única moral válida es obedecer a
nuestros propios impulsos espirituales". Y la escritura de Eduardo
no viene a ser sino una correspondencia fidedigna dentro de estas coordenadas:
prosa y verso discurren como un testimonio diáfano de evocaciones, añoranzas,
de sueños y ensueños, del revelarse y rebelarse, de las convicciones con
visiones, de lo etéreo y lo deletéreo, del azar y del azahar...
Utilizando
el recurso de la puesta en abismo o relato enmarcado, Borrero nos presenta
personajes que corresponden a dimensiones distintas -mas no distantes- cuyo
cordón dialógico medular es el recuerdo, a través del cual abrazan un sentido
de permanencia; contagiando con esta impronta hasta los objetos, los mismos que
cobran vida y se desenvuelven gravitando entre dos atmósferas: el
suprarrealismo y el surrealismo.
Una
evidente fijación por el tesoro de la infancia -tal como ocurre en su poesía-
sostiene el hilo discursivo de su narrativa: es que a veces deseo volver a ser
niño.
Sustraído,
precisamente, al estadio de la infancia -ése que constituye el umbral del reino
de los cielos- su confesión es transparente, ahora desde la construcción del
verso:
…Sueño
en mi sueño
que
escribo
Sueño
en mi sueño
que
soy niño...
(SUEÑO)
Y
se nace, entonces, bajo el pacto con el verbo:
…El nacer
es apalabrar en el silencio...
(EL VIEJO
ARRIERO ENGAÑADO)
Luego,
el desborde de este mundo fascinante es ineluctable:
…Como
un niño jugando
abrazado
de meandros
de
ríos invisibles...
(NOSTALGIAS)
Tantas
veces he querido subir
a
jugar con el sol
como
pájaro encantado
de
alas transparentes...
(JUGANDO
CON EL SOL)
Asombro,
osadía, intento, invención y develamiento signan el universo de la infancia. A
tramos, la palabra -esa extraña y mágica energía- traduce la desnudez de sus
intentos, sus gérmenes del decir literario, llegando a crear versos que
alcanzan un perfil estético de significativo calibre:
Sólo
soy una sombra que vaga
alrededor
de una laguna vacía
en
la que no se refleja la luna...
(ORFANDAD)
Además,
esta aventura sírvele como escenario para la declaración de sus principios
altruistas:
Mi
vida la he partido en pedazos
para
repartirla de mano en mano
y
asegurarme de que soy de todos.
(HUMILDAD)
...
Deseo
tener poderes mágicos
y
rociar maná de lo más alto...
(DESOLACION)
Pero es
en la transpiración de la osadía donde Eduardo Borrero cuaja su mejor expresión
poética, invención que se sostiene en argumentos certeros, pues toda
experimentación con el lenguaje debe establecer una relación simbiótica entre
fondo y forma, en cuanto a que la proeza lograda a nivel de ésta no vaya en
desmedro de aquél, es decir, lo que se dice y cómo se dice configuren una
coherencia estética.
Es una
lástima que, en algún momento desafortunado de su itinerario como creador,
Octavio Paz se halla desperdiciado en sus palíndromos, que no son más que
muecas de malabarista para ser insertadas en la crónica de las invenciones
abortivas.
Eduardo
Borrero ha sabido huir de las experimentaciones banales y desabridas,
presentándonos una fusión de ludismo y resonancia dentro de una compacta unidad
discursiva:
Mi
infatigable caballo moro
oro
su montura viajera reluce
luce
por los caminos de la frontera
era
conocido por su trote diligente
gente
de la quebrada de Pichones rejura
jura
que su esbelta figura mantiene
tiene
lo que muchos otros envidiarían
rían
los envidiosos que mi caballo de trabajo
bajo
la piel mora esconde un tesoro
oro
que muchos de ellos morirían
rían
que bajo su piel hallarán yerbajo bajo.
(DE
CABALLOS MOROS)
De esta
forma -y con demostrada fortuna- festeja y se decanta por el poetizar
experimental de Quevedo, Fray Luis de León, Lope de Vega o Rubén Darío en los
poemas con eco, siendo estos textos -además- un reconocimiento personal a la
obra de esos maestros.
Como una
humilde celebración de sus logros, le ofrendo este texto paralelo, del cual
Eduardo Borrero y sus cómplices de antaño son los únicos culpables:
Danza
en la prístina locura
cura
astral estral frente al abismo
ismo
que tapia el desencanto
canto
en que renacerás de tu ceniza
iza
por tanto tu palabra
labra
la eternidad
que
nos ensueña: ¡sueña!
Jorge
Castillo Fan
Diciembre 2010
sábado, 17 de abril de 2021
¡Firmes y felices por la unión!
Eleuterio Coronel, esquivando el
¡0h! de admiración, siguió con su perorata y tuvo la sensación de que los
nietos se habían quintuplicado, aunque esto último no lo tomó muy en cuenta, ya
que su visión, desde no sabía cuándo, se le había quebrantado al extremo de ya
no ver figuras sino secuencias de figuras, que llenaban auditorios sin fondo.
Los aplausos de los niños múltiples le llenaron el ego patriótico hasta el
punto que un domingo, día de sus disertaciones, sacó a relucir sus
condecoraciones, que no eran pocas, sino que ocupaban un cofre de regular
tamaño. Y tampoco se atrevía a prendérselas en el pecho, por temor a que su
peso lo incline hacia adelante y de esa forma le haga perder su figura ya
enclenque, pero aún marcial.
Lo extraordinario de este caso, es
que la historia de Eleuterio Coronel se ha replicado en todos los pueblos del
Perú, y hasta se pelean el origen de Eleuterio Coronel. Es así que cada 28 de
julio, se ve batallones de niños vistiendo de rojo y blanco, comandados por un
viejito vozarrón, marcándole el paso, uniformado con su uniforme de gala raído
y doblado por el peso de las innumerables condecoraciones recibidas en cuanta
batalla tuvo que acudir, para defender la patria. Él, según dicen las personas que
lo han escuchado y lo han visto permanece activo y al tanto de las novedades
para saltar como un resorte viviente, a donde lo requieran.
¡Eleuterio Coronel personifica la
nación! ¡Firmes y felices por la unión! Se les escucha cantar a los niños
patriotas vestidos de rojo y blanco al pasar por la tribuna de honor
embanderada con banderitas, rojas y blancas que flotan en el aire, como si
fueran palomitas aplaudiendo con sus alas al paso redoblado de los niños héroes
que van al campo, donde se disfruta de la paz eterna con el mundo que nos
rodea.







